‘Perfect storm’ en Davos: la crisis de oferta descoloca a la élite global

En el ambiente que inunda la ciudad suiza se palpa el miedo: el festival de la globalización percibe que el curso de la economía mundial está cambiando

El filósofo alemán en Davos, Suiza: “El comercio mundial se ha estancado y, a raíz de la guerra, se han desbocado la inflación y las crisis climática, energética y alimentaria. Tenemos que mantener abiertos los mercados y, al mismo tiempo, formular nuevas reglas para que la economía contribuya al bienestar de la humanidad. No va de desglobalización, sino de más cooperación y solidaridad”. El doctor en Filosofía es el ministro federal de Economía, Robert Habeck, en su primer día en el Foro Económico de Davos. Un político de Los Verdes alemanes ante la élite empresarial mundial que se reúne en la estación de esquí desde 1991.

Lo que impresiona este año es el miedo que se palpa en la asamblea de mayo. El mundo se enfrenta a una crisis más peligrosa que las anteriores. Davos es este año diferente porque el mundo es hoy diferente. El festival de la globalización, en el que se encontraba la gente más rica e importante del globo percibe que el curso de la economía mundial está cambiando. Las empresas expresan su inseguridad. Y los expertos temen las tendencias estanflacionistas, en las que se suman la caída de la economía y la inflación en todo el mundo. Una gran tormenta en la que confluyen todos los problemas al mismo tiempo: la guerra en Europa, la elevada inflación, el estancamiento en China por su estrategia ante el virus, y el riesgo de una recesión global. La cuestión es incluso “si el sistema económico aguantará”, como ha dicho esta semana en Davos el jefe del McKinsey Global Institute, Sven Smit, cuya think tank ha hablado con 380 jefes de consorcios de todo el mundo en los últimos meses.

Los Verdes tenían una relación distante frente al Foro. Davos simbolizaba la globalización desenfrenada y la explotación de recursos. Ahora el ministro verde habla en Suiza de la pandemia, del conflicto comercial entre China y EE UU, de la guerra rusa contra Ucrania desde el 24 de febrero, y de cómo el mundo se rompe en bloques rivales, se cuestiona la globalización, y se desbaratan las cadenas de suministro.

Robert Habeck ha advertido en Davos que las cuatro crisis pueden desencadenar una recesión global. Este verano podría pasar que las tres grandes regiones de la economía mundial, Europa, EE UU y China, entraran al mismo tiempo en recesión. Un escenario del que habla también el profesor Kenneth Rogoff, de Harvard, teniendo en cuenta la evolución de la guerra y las consecuencias globales de la dependencia energética rusa y del estancamiento de las exportaciones chinas por el duro lockdown decidido por su presidente Xi Jinping. La encrucijada china preocupa mucho en EEUU, donde la inflación se ha disparado al 8,3% y la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, podría subir los tipos hasta el 6% hasta finales de 2023. Un reto similar al que se enfrenta el BCE. El jefe del coloso industrial alemán Bosch, Stefan Hartung, lo expresa así: “La debilidad europea se debe sobre todo a la caída de la oferta por los problemas de suministro. Pero ahora la inflación y la subida de los tipos de interés podrían desencadenar, además, una crisis de demanda y una fuerte recesión.”

Según Sven Smit, el sistema resultante tras la Segunda Guerra Mundial se basaba hasta ahora en pilares como el capitalismo, la economía social de mercado, la globalización, y la búsqueda del mejor precio. Una estrategia que permitió también crecer a los países más pobres y amortiguó las crisis de los últimos decenios. El analista de McKinsey apunta en una entrevista a Süddeutsche Zeitung que tanto la crisis financiera como la crisis del euro y la provocada por la pandemia tuvieron en común la caída de la demanda. Pero ahora nos enfrentamos a una crisis de oferta. Poco petróleo, poco gas, pocos alimentos. Es una situación nueva ante la cual hay que aprender primero a reaccionar. “Mientras en crisis anteriores la población cambió en algún momento su actitud y empezó a comprar, ahora las consecuencias de la crisis actual no solo están en la cabeza de la gente sino que son reales. Y todo depende de la energía: energy makes the world go round.” Por un lado, tenemos la dependencia europea de la energía fósil rusa; por otro, el excesivo consumo energético fósil está llevando al planeta al colapso. Cambiar esto de hoy para mañana es difícil, complejo y muy caro (por ejemplo, por la inversión en infraestructuras para energías renovables). Si en ese proceso los precios estallan, las empresas perderían competitividad.

Nos hemos despedido de un mundo y no estamos preparados para el nuevo. A ello se suma la guerra. Los investigadores alemanes coinciden en que cerrar el grifo ruso provocará una caída de la economía. Marcel Fratzscher, presidente del DIW, apunta un descenso del 3%. Pero, sin energía, puede llegar a paralizarse la vida económica. Si los consorcios químicos no disponen de electricidad, no habrá plásticos, ni pinturas, ni muchos productos semielaborados. Se romperían las cadenas de suministro. Apenas habría empresas que no resultaran afectadas por un embargo total.

¿Fin de la globalización? No, responde Davos. Pero habrá que reconfigurarla por sectores. Cuánta mayor importancia sistémica tenga un sector, mayor deberá ser el esfuerzo de los Estados para reducir su dependencia de un solo proveedor. Smit concluyó en Davos: “Europa y la economía europea tendrán que unirse y cooperar más estrechamente en industrias claves como la militar, la química, la del automóvil, y la de las tecnologías de la información.” Opina que, aunque los grandes actores digitales estén en EE UU y China, la digitalización avanza y Europa tiene todavía la posibilidad de participar y jugar sus bazas. Además, Europa debería quedarse con sus cerebros y motivarles a seguir aquí, aunque las firmas de éxito traten de irse a los EE UU porque allí pueden hacer más dinero. Más política industrial europea.

Davos se ha concentrado en sus debates en Europa y en la cuestión de cómo pueden funcionar las economías apostando más por la producción nacional y europea. “Hoy es el momento geopolítico más importante en las últimas décadas”, ha dicho ahora Klaus Schwab, el fundador del Foro de Davos. 50 años después de su fundación, en Davos no solo se debate de bienestar y economía. “La Historia ha llegado a un punto de inflexión”, sentencia Wolodimir Selenskij, quien intervino mediante vídeoconferencia. Para el presidente ucraniano en este momento se decide cómo se gobernará y avanzará el mundo del siglo XXI.

Lidia Conde es analista de economía alemana