Política monetaria

Economía de la confianza: en qué se parecen el dinero y el agua

Incluso con el patrón oro activo, el dinero siempre se ha basado en la confianza

Desde hace siglos se viene jugando con devaluar su valor a favor del Gobierno de turno

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Hace siglos, un famoso poeta español advirtió de lo poderoso que era el dinero. Muchas cosas han cambiado desde que se escribieron aquellos célebres versos, pero el importante papel del dinero en la sociedad y en la vida humana no ha sido una de ellas. Entre las incontables cosas que sí han cambiado desde los tiempos de Quevedo se encuentra... el propio dinero. En aquel entonces, el valor de las monedas estaba relacionado con el metal con el que se acuñaban, mientras que hoy en día, a 50 años ya de la muerte del patrón oro, la confianza es lo único que justifica el valor del dinero.

Pablo Duarte, analista sénior del Instituto Flossbach von Storch, reflexiona sobre qué acabó exactamente con el dinero tal y como se conocía hasta el año 1971. Hasta ese año, el Gobierno estadounidense garantizaba que, si se reunían 35 dólares, se podían cambiar por una onza de oro, fijando con ello el valor de la moneda estadounidense. El pasado jueves, una onza de oro valía 1.816 dólares, evidenciando con ello una innegable realidad: el dinero vale menos, mucho menos, que antes del año 1971.

Para Duarte, el patrón oro murió cuando empezó a ser incómodo para el Gobierno estadounidense. Falto de financiación e inmerso en la guerra de Vietnam, se encontró con que aumentar la deuda o los impuestos era impopular. La solución pasaba por incrementar el dinero en circulación y que el banco central financiara al Gobierno, pero el patrón oro hacía de corsé al necesitar más metal para imprimir más dinero. La solución fue quitar ese particular corsé.

Esto trajo consecuencias. “Lo primero es una pérdida del valor de la moneda. La segunda cosa que se aprecia es un aumento de las burbujas especulativas. En la historia de los mercados financieros ya hace siglos se produjeron burbujas como, por ejemplo, la de los tulipanes o la de la Compañía de Luisiana. Ha habido todo tipo de cosas, pero el común denominador en ellas es la devaluación de la moneda”, recapitula el analista.

No obstante, ni siquiera el para algunos añorado patrón oro era ni mucho menos infalible. Ya en el antiguo Imperio romano, algunos emperadores tenían la costumbre de rebajar el valor de su moneda poniendo menos metal en ella o mezclando el oro con otros materiales menos nobles para acuñar más y financiar sus guerras o caprichos. En esencia, el cimiento del dinero siempre se ha resumido en lo mismo y esto permanece inalterado.

“Estamos hablando de un sistema monetario basado en la confianza. Porque de poco sirven los billetes en sí. Funcionan basados en la confianza de que serán aceptados por otras personas a cambio de bienes o servicios. Con el oro tiene un valor, pero también el oro puede ser manipulado. Incluso el sistema del patrón oro está en cierto modo basado en la confianza. En la confianza de que quien decide cuánto oro ofrece a cambio de la moneda no le va a dar por cambiar esa cifra de un día para otro”, asevera Duarte.

¿Banqueros o magos?

Año 2020. Una pandemia como no se recuerda ha paralizado la vida tal y como la conocíamos. En medio de la tragedia que viven millones de personas en todo el mundo, la economía queda congelada a medida que se aplican unos hasta ese momento impensables confinamientos. Los bancos centrales dan un paso al frente y se comprometen a sostener la economía. El PIB se desploma, pero aumenta enormemente la cantidad de dinero.

Los porcentajes y las cifras varían, pero la historia se repite en casi todo el mundo. En el caso del Eurosistema, el balance de los bancos centrales europeos creció en 2,32 billones de euros, repuntando un 50% en 2020 hasta un total de 6,97 billones. En el de la Reserva Federal, el incremento del balance fue de 3,16 billones de dólares. Un alza del 76% en un año, hasta fijar el balance en los 7,33 billones de dólares.

El histórico engorde del balance de los bancos centrales propició que 2020 fuera el año en el que más dinero se creó en cinco décadas. Según datos del FMI, la suma de las deudas de los hogares, de las empresas no financieras y de los Gobiernos a nivel mundial alcanzó los 28 billones de dólares, hasta dejar el total en 226 billones, o lo que era lo mismo, el 256% del PIB mundial. Pero hasta en esto hay clases. En concreto, según el FMI, el 90% del aumento de deuda de 2020 se produjo en las economías avanzadas y China. Aquellos que pudieron recurrir a sus bancos centrales.

Fuentes con conocimiento en cuestiones monetarias que permanecen en el anonimato recuerdan el alto precio que puede tener inyectar dinero en demasía. Estas fuentes cuentan que en las décadas de los sesenta y setenta, en algunos países de América Latina los bancos centrales estaban obligados a pagar por ley los déficits públicos mediante expansión monetaria. “Cuando se abandonó la política monetaria keynesiana y se pensó que no se puede estar expandiendo continuamente la política monetaria y financiando los déficits del Gobierno por siempre, es porque era un juego que tarde o temprano explotaba. La gente perdía la confianza en esa moneda porque sabían que esa moneda perdía valor ante la continua impresión de dinero del banco central para financiar los déficits del Gobierno”, sostienen.

Las citadas fuentes dicen que esta lección fue aprendida a golpe de hiperinflación. Si bien, puntualizan: “Si estás pensando en que las medidas de quantitative easing que hizo la Fed o el BCE son justamente esto, estás en lo cierto, lo que pasa es que los Gobiernos de América Latina no tienen la credibilidad ni cuentan con una moneda dura como el dólar, el euro o el yen. Estas son monedas tan sólidas que se pueden permitir el lujo. Se ha producido mucha discusión sobre si las economías avanzadas están cometiendo los mismos errores que cometieron las emergentes en los años setenta, pero lo cierto es que las emergentes no gozaban de la credibilidad que tienen las economías avanzadas”, reflexionan estas fuentes, antes de recomendar prudencia a la hora de hablar de 2020 en términos de política monetaria ante la excepcionalidad del año.

A modo de conclusión, sentencian: “No se puede crear producción por decreto. El backup del dinero es la producción real de la economía. Lo puedes ver en términos relativos del tipo de cambio, de una moneda versus otra. Si de repente México empieza a crecer muchísimo, el triple que EE UU, porque lo hacen todo bien y se implementan muchas reformas, lo que uno esperaría es un fortalecimiento del peso respecto del dólar. Porque esa economía crece más y, si se percibe que es de forma sostenible, entonces esa moneda estará ganando fuerza. Estrictamente hablando el valor de una moneda está respaldada por algo real, no somos magos. No basta con imprimir dinero para ser más ricos”.

El dinero y el agua

A primera vista, poco tienen que ver el dinero y el agua, a pesar de lo fácil que en ocasiones pueden escaparse ambos entre los dedos. Tienen más similitudes metafóricamente. El agua es necesaria para la vida humana. La usamos en prácticamente todas las facetas de la economía, pero, en exceso, puede acabar por ahogarnos. Por su parte, el dinero es necesario para la economía humana, lo usamos prácticamente en todas las facetas de la misma, y la pregunta es si un exceso de impresión de dinero puede acabar por ahogar a un país.

“Hay países en los que, al tomar el control, el presidente destituye al banco central y pone a quien quiera. Entonces pasa que le obliga al banco central a imprimir. Lo que ese dictador más que presidente podrá hacer es obligar al banco central a imprimir dinero, pero no podrá obligar al mundo a que compre sus exportaciones, ni tampoco puede decirle al mundo a cuánto va a prestar su deuda. Por más dictador que sea, no se puede obligar a que te presten dinero. Puede controlar a sus nacionales, pero la gente tenderá a sacar dinero de ese país. Esta película ya la hemos visto varias veces. Si lo que quieres decir es que los países avanzados están jugando con fuego imprimiendo dinero, dando transferencias a las personas y financiación a los Gobiernos, tienes razón. Es un juego peligroso. Definitivamente lo es”, comentan las fuentes anónimas al respecto.

Las dudas sobre el valor del dinero han venido provocando una búsqueda de alternativas. Por ejemplo, con un discurso basado en su descentralización y en un número limitado de unidades, en concreto, 21 millones, el bitcóin ha logrado una gran popularidad hasta el descalabro que se produjo esta semana. “El dólar es sostenible porque no hay realmente una alternativa a él. En los últimos tiempos empezamos a ver un intento de competencia, este aspecto de la innovación es muy positivo, pero estamos a años luz de ver algo alternativo al dólar. En el caso del bitcóin, no cumple ninguna de las tres características de una moneda al uso, esto es, ser una unidad de valor, poder ser utilizado para transacciones y ser una reserva de valor. Su volatilidad hace que difícilmente pueda ser considerado una reserva de valor”, afirma Pablo Duarte.

“En el Instituto Flossbach von Storch tenemos un índice de precios a la riqueza. Los índices de precios del consumo están publicados por las diferentes unidades de estadística de los países. Todo lo que no está ahí no lo tienes. Es muy interesante tener en cuenta el índice de la riqueza. Si bien la inflación al consumidor estuvo estable y baja, la inflación de los precios de la riqueza, índice en el que hay inmuebles, acciones, coches antiguos, obras de arte, vinos valiosos, activos con los que se busca mantener el valor, esto viene subiendo locamente. En España, entre 2014 y 2019 se incrementaron los precios de estos activos un 23%”, asegura el analista.

“El dilema grande que hay en todo esto es qué tipo de institución, regla o mecanismo nos permitiría tener un sistema monetario que no se degrade en lo que se ha venido degradando siempre. Siempre ha habido alguien que se ha beneficiado del sistema, la élite, el rey, el duque, quien sea. La cuestión es cómo crear un sistema que sea estable en términos del marco institucional para basar el valor. Si se quiere un sistema realmente estable, no debería poder fijarse de manera discrecional la cantidad de suministro de dinero”, concluye Duarte.

Metáforas aparte, existe una gran diferencia entre el dinero y el agua. Si alguien vaga por el desierto, desearía tener una botella con agua en vez de un billete, porque el agua sí tiene valor intrínseco.

¿En qué se basarán las monedas digitales de los bancos centrales?

En un artículo titulado “La innovación digital y el futuro del dinero”, el director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), Agustín Carstens, diserta sobre la evolución digital del dinero de los bancos centrales. El que parece será el siguiente paso.

“El dinero está evolucionando y lo ha hecho durante miles de años. Para evitar la volatilidad y los costes de la escasez de dinero, las sociedades adoptaron reclamos de confianza para obtener un dinero más estable. Sin embargo, también aprendieron por la vía dura que los bancos comerciales y los Gobiernos tienen un incentivo para emitir en exceso, lo que erosiona la confianza en esos créditos y perjudica a las economías y a la sociedad. Tal y como ejemplifica el Banco de México, el actual banco central independiente, con el monopolio de la emisión de billetes y un mandato de estabilidad monetaria, ha evolucionado a base de ensayo y error”, arranca.

Tras hablar sobre innovaciones que ha aparejado la alianza entre banca privada y banca pública, Carstens prosigue. “Muchas innovaciones digitales están aprendiendo de las lecciones del pasado que impulsaron la evolución de nuestro sistema actual. Las criptomonedas, como el bitcóin, pueden ser escasas, pero esto ha provocado la misma volatilidad y los mismos costes que en otros tipos de dinero. El paso a las stablecoins parece una repetición de la historia, tanto en lo que respecta a la necesidad de un reclamo para estabilizar el dinero, como a la forma en que esos reclamos pueden ser socavados. Una alternativa a los tipos de dinero digital fallidos del ayer podría ser la moneda digital del banco central”. Para terminar, Carstens dice: “Necesitamos innovar en lo que el dinero puede hacer, no intentar reinventarlo. El dinero seguirá evolucionando y esa evolución debe basarse en la confianza”.

A juzgar por las líneas escritas por el director general del BIS, la llegada de monedas digitales emitidas por bancos centrales no cambiará el respaldo que siempre ha tenido el dinero: la confianza. Si fracasan a la hora de generarla, este tipo de dinero fracasará.

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