Economía circular: se ha trazado la ruta, falta velocidad de crucero

En España se reciclan casi ocho de cada diez envases de un solo uso que se comercializan en el mercado

Son ya pocos los irreductibles que se resisten a asumir que urgen cambios profundos en nuestro modelo de desarrollo como sociedad y como especie para garantizar un futuro próspero, seguro y justo. La amenaza del calentamiento global y las terribles consecuencias de índole sanitario, económico y social, la galopante pérdida de biodiversidad de nuestros ecosistemas o la presión que estamos ejerciendo sobre los recursos hídricos y de materias primas; son todos asuntos muy complejos que han conquistado el debate político, económico y social. Hay consenso desde el punto de vista científico, tal y como ha vuelto a poner de manifiesto el nada halagüeño último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), de que nos estamos quedando sin tiempo. El diagnóstico parece claro, pero ¿estamos dando el paso necesario que nos empuja del análisis a los hechos? Los expertos internacionales coinciden en que esta es la década de la acción, una última oportunidad para construir nuestro futuro …o directamente no seremos.

Cambiar y adaptar un modelo es tarea ardua que requiere de coordinación legislativa siempre en permanente diálogo con las empresas, de audacia y honestidad del sector privado y de compromiso ciudadano. La vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, lo ha dicho en más de una ocasión: esta transición debe contar con todos para no dejar a nadie atrás.

Me centraré en la economía circular, mi ámbito de actuación, como paradigma de un nuevo modelo que presenta soluciones a muchos de los retos que hemos descrito. Suele pensarse en la gestión de los residuos cuando se habla de economía circular, casi equiparando los términos, pero lo cierto es que la gestión de los residuos es solo la última parte del ciclo. La economía circular demanda que repensemos la actividad económica desde el mismo (eco) diseño de los bienes de consumo o servicios –la producción acarrea el 80% del impacto ambiental de un producto–, las fuentes de energía que se usan en el proceso, la distribución, la durabilidad del mismo, la capacidad para ser reutilizado y reparado y finalmente, cuando es imposible alargar su estancia entre nosotros, reciclar todos los materiales posibles y de la mejor forma posible para que vuelvan a incorporarse el ciclo productivo.

Los tiempos en los que desechábamos materias primas secundarias perfectamente válidas y nos dedicábamos a extraer recursos naturales sin pensar en el mañana han acabado. Ante un consumo en constante ascenso no hay otra forma de evitar las crisis de suministro de materias primas, de agua o incluso la seguridad alimentaria de todos. De nuevo, el análisis está claro, pero falta acción. Según el informe Circularity Gap, solo el 8,6% de la economía mundial es circular.

Veo movimientos decididos en el sector privado, veo un liderazgo sin precedentes en el seno de la Unión Europea: empezando por el Green Deal, pasando por numerosos paquetes legislativos de impulso de la economía circular o los fondos de la recuperación verdes. Hemos trazado una ruta: falta velocidad de crucero. Los agentes sociales que formamos parte de este ecosistema tenemos una gran responsabilidad en el cambio de modelo, pero la gestión de los residuos no lo es todo, es la última parte del círculo.

En 2021, se recogieron separadamente en nuestro país –a través de los contenedores– 884.097 toneladas de residuos de envases de vidrio, un 5% más que en 2020. Estamos ya en niveles de generación de residuos y de recogida selectiva equiparables a la prepandemia. Y aquí la buena noticia es que, dadas las características del material vidrio, todas estas toneladas de material recuperado –a excepción de algunas mermas residuales del proceso industrial– se han reincorporado al ciclo productivo para producir nuevos envases. De botella a botella. 100% reciclable e infinitamente. Es el material circular por excelencia y por ello, entre otras cosas, la ONU ha declarado 2022 año internacional del vidrio.

En España se reciclan casi 8 de cada 10 envases de vidrio de un solo uso que se ponen en el mercado, y acaba de ser aprobada la nueva Ley de residuos y suelos contaminados a la espera del desarrollo del real decreto de envases. El borrador de esta ley recibió más de 600 enmiendas en su fase de consulta pública, volumen muy ilustrativo del peso de los residuos en el desempeño ambiental de nuestro país y de la esperanza que se deposita en su buena gestión.

Esta es una ley positiva, ambiciosa, necesaria y que introduce elementos muy importantes para acelerar el tránsito a un modelo más circular. Introduce mecanismos de control y transparencia, armoniza métodos de cálculo, la recogida separada de la materia orgánica y obliga a flujos como el textil a seguir la senda sobre la que llevamos trabajando más de 20 años los envases. El desarrollo del real decreto es una buena oportunidad para potenciar el diálogo con todos los agentes implicados y asegurar que, efectivamente, vamos camino de cerrar el círculo al completo. Es necesario, asimismo, que la normativa registre la corresponsabilidad en la gestión y la ambición de las administraciones competentes (ayuntamientos) o la necesidad de implicar más activamente al ciudadano en la tarea del reciclaje.

Tengo el convencimiento de que avanzamos por un camino de no retorno y de que cuando echemos la vista atrás, afortunadamente, no reconoceremos el paisaje de inercias gestionadas durante tanto tiempo en materia ambiental.

José Manuel Núñez-Lagos es Director general de Ecovidrio