El cambio de régimen de la inflación parece terriblemente factible

El Banco de Pagos Internacionales recomienda reformas de la actividad, pero su consejo será difícil de seguir

Agustín Carstens, jefe del Banco de Pagos Internacionales.
Agustín Carstens, jefe del Banco de Pagos Internacionales. REUTERS

Los encargados de fijar los tipos de interés a nivel mundial tienen su propia Casandra. El director del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el grupo que agrupa a los bancos centrales, dijo el martes que la economía mundial podría estar en la cúspide de una nueva era inflacionaria y que las fuerzas que están detrás del aumento de los precios podrían persistir durante algún tiempo. Agustín Carstens presenta argumentos convincentes, pero su consejo será difícil de seguir.

 

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y sus colegas de todo el mundo admiten que la alta inflación justifica la adopción de medidas políticas. Y algunos, como la Fed y el Banco de Inglaterra, han empezado a subir los tipos de interés. En lo que no están de acuerdo es en la contundencia con la que deben actuar. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, aún no ha especificado cuándo subirá los tipos, a pesar de que la inflación de la zona del euro sigue alcanzando nuevos máximos históricos. Y el vicegobernador del Banco de Inglaterra, Jon Cunliffe, dijo el lunes que no está convencido de la necesidad de “apoyarse fuerte y constantemente en una psicología inflacionista”.

Estas opiniones tendrán que cambiar si Carstens tiene razón. Señala que la inflación está por encima del 5% en casi el 60% de las economías avanzadas, la mayor proporción desde finales de los años ochenta, y por encima del 7% en más de la mitad de las economías de mercado emergentes. Una gama cada vez más amplia de bienes está haciendo subir la inflación. Y es posible que la oferta de bienes tenga dificultades para adaptarse a la demanda durante un tiempo: la guerra de Ucrania se ha sumado a las interrupciones de la cadena de suministro de la época de la pandemia, y el análisis del BPI muestra que la proporción del gasto de los hogares destinada a bienes sigue siendo muy superior a los niveles anteriores a la pandemia.

Es cierto que la gente consume ahora más servicios, que son menos vulnerables a las subidas de los costes de los insumos, que en el pico de la pandemia. Pero esto plantea su propio problema: la inflación de los servicios, que tiende a ser más rígida, se está acelerando. El BPI también ha encontrado indicios de que las subidas de precios se están propagando de un sector a otro, un cambio respecto a la época anterior a la pandemia. Y Carstens sugiere que las expectativas de inflación de los hogares se están desatando en las economías desarrolladas. Por si fuera poco, cualquier retroceso de la globalización puede reconstruir el poder de fijación de precios que las empresas y los trabajadores han perdido en las últimas décadas. Es una receta para que la inflación se afiance, algo que ni los principales bancos centrales ni el BPI esperaban el año pasado.

Eso significa que los banqueros centrales tendrán que seguir subiendo los tipos, aunque eso perjudique el crecimiento y el empleo. Los Gobiernos pueden ayudar. No, sostiene Carstens, mediante estímulos fiscales, sino reformando sus economías para impulsar la capacidad productiva. El problema es que los políticos llevan décadas ignorando estas exhortaciones. La subida de los tipos y la ralentización del crecimiento pueden ser inevitables.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías