Guerra y fondos europeos: los vientos rolan hacia el este

La agenda del sur corre el riesgo de ser desplazada por la del este, que necesitará ayuda tras el conflicto. Para España no será una buena noticia

La gravedad de la invasión de Ucrania es evidente y nos va a afectar mucho más de lo que creemos. Vemos la superficie económica y entendemos que el trigo o el aceite de girasol van a subir de precio al ser Ucrania el granero de Europa. Si leemos un poco más veremos que Ucrania produce el 50% del gas neón de uso industrial, gas que se usa para imprimir los chips, por lo que el suplicio de la carencia de chips se agravará. Las sanciones a Rusia están haciendo que el suministro de gas a Europa se complique, que los precios de la energía sean disparatados y que no veamos turistas rusos en Marbella, la Costa Brava o Javea, lo que hará que alguna megamansión baje de precio al perder uno de sus principales mercados. Incluso alguna urbanización de lujo tendrá problemas para cobrar los gastos de comunidad este verano. Las tiendas de lujo de Paseo de Gracia o de Serrano también sufrirán y pasará un tiempo hasta que podamos ver a la gran soprano Anna Netrebko, al ballet del Bolshoi o al genial bailarín, algo loco por cierto, Serguei Pulunin, todos ellos con programación, cancelada, en España para esta primavera.

Complicaciones económicas, inflación, energía por las nubes, menos ingresos en el turismo y en el sector inmobiliario, acompañados de posibles expropiaciones de fábricas de empresas europeas en Rusia si no se reabren pronto, son un importante quebradero de cabeza, pero probablemente se trate de algo coyuntural, un año o dos como mucho. Y siendo realista, el impacto en España es mucho menor que en Alemania, Polonia o Francia. Pero lo que está pasando en el mundo nos puede afectar de manera mucho más estructural.

Europa cuenta con un núcleo de países ricos encabezados por Alemania y un anillo de varios países menos ricos, unos en el sur y otros en el este. La ampliación de la Unión con varios de los antiguos países de la órbita soviética ya alteró el equilibrio norte sur, si bien es cierto que el talante hipernacionalista de algunos gobiernos, la fragilidad de su sistema democrático y la emergencia de China como fábrica global afectaron menos de lo previsible a nuestro tejido industrial. Las deslocalizaciones fueron más hacia China que hacia el este de Europa y Rumanía y Bulgaria nunca se consolidaron como centro fabril próximo low cost, probablemente porque el nivel de rentas de los más integrados, como Chequia, subió muy rápidamente. Pero ahora se cierne una amenaza similar, el este puede ser más atractivo que el sur o como poco requerirá de más atención y ayudas.

Los fondos Next Generation poscovid son, sobre todo, una corriente de dinero desde los países ricos hacia los países del sur para acelerar la modernización de nuestras economías, teniendo como ejes fundamentales la sostenibilidad y la digitalización, algo que es una gran oportunidad para España y sobre la cual el Gobierno hace pivotar el plan de recuperación de la economía.

Pero con la nueva crisis, la derivada de la invasión de Ucrania, Europa va a tener que incrementar su gasto de defensa, mejorar sus infraestructuras energéticas y, también, consolidar las economías de los países del este. ¿Habrá dinero para todos? ¿Polonia y Hungría, a pesar de su indisimulado nacionalismo casi antagónico con los principios de la UE, van a quitarnos parte del pastel? ¿Cuánto dinero europeo habrá para la reconstrucción de Ucrania?

El riesgo existe, Alemania y Francia van a mirar más hacia el este que hacia el sur, lo están haciendo ya. Y el sur, nosotros, necesitamos fondos para muchas cosas, entre ellas descarbonizar la economía, digitalizarla y, sobre todo, hacerla más robusta. Depender tanto del turismo, la construcción y la exportación de vehículos configuran un modelo económico demasiado frágil. Hemos aguantado bastante bien las penurias derivadas del Covid, en gran medida por el respaldo directo e indirecto de la Unión Europea y del BCE, pero necesitamos los fondos europeos para hablar de una transformación de nuestra economía y de una recuperación real.

La frontera sur de Europa tampoco es que sea especialmente apacible. Tenemos inmigración descontrolada, ambiciones expansionistas de alguno de nuestros vecinos y, no lo olvidemos, la amenaza del terrorismo yihadista sigue estando presente. El nuevo escenario de relaciones con Marruecos solo puede entenderse desde la situación geopolítica actual, las prioridades ahora están en el este y nuestros socios nos han animado a limar asperezas con el vecino del sur porque no quieren distracciones. Nada es fortuito.

Nuestra debilidad económica se evidencia a la hora de hacer frente a las protestas derivadas del incremento de los precios, hay muy poco margen de maniobra y necesitamos apoyo de la Unión Europea para salir de esta. Las diferencias en la velocidad de reacción para aguantar la economía durante la pandemia son claras y se explican porque nuestras cuentas públicas están mal. Si el BCE deja de comprar deuda y sube tipos tendremos serios aprietos para cuadrar los presupuestos. O nos ayudan o volverán los hombres de negro.

La agenda del sur corre el riesgo de ser desplazada por la del este. El apoyo al sur se hace para mejorar la situación actual; al este, para sobrevivir. Polonia, con más de dos millones de refugiados, va a necesitar muchísimo apoyo económico, además del militar. No estar en el centro de las prioridades de la Unión es muy malo para España.

José Antonio Bueno es Global Partner & Country leader de Metyis