Energía

Qué implica (y qué no) el acuerdo de gas entre Europa y EE UU

El acuerdo ayudará a llenar los almacenes para el próximo invierno, pero no llega a compensar las importaciones de Rusia ni bajará los precios de forma significativa

Almacén de gas Astora, el mayor de Europa Occidental, en Rehden, Alemania.
Almacén de gas Astora, el mayor de Europa Occidental, en Rehden, Alemania. REUTERS

Joe Biden y Ursula von der Leyen han pactado, en representación de EE UU y la UE, un acuerdo para aumentar el suministro de gas estadounidense a la UE, una medida que se enmarca en la reducción de la dependencia de gas ruso. La medida ayudará a reducir los riesgos de suministro, pero quedan detalles relevantes por pulir, tanto en el plano económico como operativo. 

¿Qué han pactado los dos bloques?

Estados Unidos se ha comprometido a aumentar en 15.000 millones de metros cúbicos anuales el suministro de gas estadounidense a la Unión Europea. La Unión Europea, por su parte, se compromete a asegurar una demanda mínima de 50.000 millones de metros cúbicos de gas licuado de aquí a 2030. Así, los productores estadounidenses embarcarán el gas en barcos metaneros que descargarán en la UE, que tendrá menos dependencia del gas procedente de Rusia.

¿Es suficiente para compensar un cierre de los gasoductos rusos?

No, ni de lejos. Las compras de gas a Rusia son de 150.000 millones de metros cúbicos al año, por lo que el pacto solo compensará por un 10% del total. El acuerdo sí permitirá no tener que importar gas por vía marina de Rusia, que dentro de sus exportaciones a la UE envía entre 14.000 y 18.000 millones de metros cúbicos al año por vía marina.

¿Tiene Europa un objetivo de reducción de dependencia de Rusia?

Sí, lo aprobó en la cumbre de Versalles hace dos semanas: entre los compromisos está reducir en dos tercios la demanda de gas ruso para 2022, pasando de 150.000 a 50.000 millones de metros cúbicos. La mitad de este recorte corresponde a nuevos suministradores (la UE citó expresamente a EE UU, Qatar o Noruega entre ellos). Es decir, Europa debe asegurarse 50.000 millones de gas licuado adicional para este año. Además, se prevén otros 10.000 millones de importaciones adicionales por gasoducto (del Norte de África, principalmente), 14.000 por ahorro energético en las viviendas y 20.000 por nueva capacidad eólica.

Pero, ¿ha dejado Rusia de enviar gas a Europa?

No, pero en los meses anteriores a la invasión Gazprom, la gasista estatal rusa, redujo al mínimo las entregas y los almacenamientos estratégicos (son de su propiedad) en Alemania y Centroeuropa. Por eso el precio del gas y de la luz marcó récords mucho antes de la invasión. La situación se revirtió entre diciembre y enero gracias precisamente a la llegada de decenas de barcos metaneros a Europa. Las importaciones de gas licuado marcaron un récord de 10.000 millones en enero, de los que 4.400 millones de metros cúbicos vinieron de EE UU. En 2021 el país exportó a la UE 22.000 millones de metros cúbicos.

¿Quién venderá el gas, y a qué precio?

El acuerdo anunciado carece de detalles, y deja mucho trabajo pendiente, porque quien produce y envía gas natural son empresas privadas. Se ha creado un grupo de trabajo con representantes de las dos administraciones para contactar con los suministradores y transportistas. En paralelo, para la próxima semana se ha convocado una reunión entre productores y empresas energéticas alemanas. Alemania es el país más dependiente del gas ruso. Respeto al precio, el comunicado indica que la fórmula de precios debería reflejar los fundamentales de mercado a largo plazo e incluir el precio del Gas Natural Henry Hub", referencia en Estados Unidos, "y otros factores de estabilización".

¿Cómo llegará a Europa?

El transporte de gas por vía marina es notablemente más caro y complicado que por gasoducto. Hay que transportar el gas desde la zona de producción a un puerto en el que debe estar instalada una terminal de licuefacción, que convierte el gas en líquido (a 160 grados bajo cero) para permitir su transporte. Después hay que cargarlo en un barco especializado que lo lleve a destino, donde precisa a su vez de una planta para elevar la temperatura y convertir el líquido en gas (proceso de regasificación).

¿Estas necesidades técnicas condicionan el acuerdo?

Sí, porque suponen una limitación al suministro. De hecho, Goldman Sachs alerta en un informe publicado hoy de que las plantas de licuefacción de EE UU ya operan a plena capacidad, por lo que no se trata de aumentar producción sino de sustituir exportaciones (las que no estén condicionadas por contratos de largo plazo). Estos mismos analistas indican que para que el acuerdo sea más eficaz debería incluir contratos de suministro a largo plazo y la construcción de plantas de licuefacción en EE UU. Igualmente, la capacidad de regasificación en Europa es limitada y no es homogénea. Alemania no tiene plantas de regasificación y, si bien España acapara un tercio de la capacidad de regasificación de Europa, no hay infraestructura para reenviar el gas por tubería hasta Centroeuropa.

¿Hay avances para superar estas limitaciones?

Alemania va a acelerar la construcción de tres plantas de regasificación, pero no estarán listas al menos hasta el invierno de 2023. En paralelo, tanto Berlín como Roma estarían, según algunos medios especializados, intentando contratar plantas de regasificación móviles. Estados Unidos se compromete a facilitar la autorización de nuevas terminales de gas licuado para conseguir el objetivo de la seguridad energética.

¿Habrá un cierre del grifo de gas ruso, y riesgo de cortes de suministro?

Es posible, pero entra dentro de las innumerables incógnitas de la situación actual: varias capitales occidentales amenazan con vetar el gas ruso para que Moscú no reciba divisas, pero Alemania y Hungría se niegan por miedo a falta de suministro. Y Rusia sigue enviando gas (y cobrando) pero a la vez ha amenazado con exigir el pago en rublos, algo que desde la UE se consideraría una ruptura de contrato. En todo caso, la UE tiene la mirada puesta ya en el próximo invierno. Para ello la Comisión ha propuesto una regulación del almacenamiento de gas que tenga fuerza de ley: el 1 de octubre de cada año los almacenes estratégicos deberán estar llenos al 90%, además de investigar (con la posibilidad de retirar la licencia) de los operadores que no cumplan los requisitos de almacenamiento en verano.

¿Cómo impactará en los precios?

Dado que no habrá nueva producción y que Europa va a acelerar la demanda para sustituir el gas ruso y llenar los almacenes, no se espera que los precios bajen, ni siquiera en verano. La contratación de gas licuado se efectúa en competencia con compradores asiáticos. Goldman Sachs prevé precios del gas de 90 euros el megawatio hora para el tercer trimestre de 2022. Los mercados de futuros hoy dan precios en el entorno de los 100 euros para esas fechas. 

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