El papel de los oligarcas rusos en la guerra

Deben su fortuna a Putin, pero se espera de ellos un gesto en favor del alto el fuego

Buscan poner a salvo sus fortunas, tras las sanciones económicas de Occidente

El papel de los oligarcas rusos en la guerra

La presión sobre los oligarcas rusos crece. Esta semana, Boris Johnson mandó un recado al poderoso círculo de Vladímir Putin, a través de la figura más mediática de todas: Roman Abramóvich, el dueño del Chelsea F.C y la octava fortuna rusa, según el ranking de Bloomberg. El empresario, de 55 años, cuenta con un patrimonio de más de 15.000 millones de euros, no podrá viajar al Reino Unido ni realizar operaciones comerciales o financieras en suelo británico, además de tener bloqueados todos sus activos, medida que frena la posible venta del club de fútbol, anunciada la semana anterior por el empresario. Es dueño de vistosas propiedades, como el yate Solaris, de 140 metros de eslora, cuyo coste alcanza los 500 millones de dólares, la mansión de 15 dormitorios en la exclusiva calle londinense de Kensington Palace Gardens, valorada en más de 135 millones de euros, o un ático de tres plantas en el Chelsea Waterfront de la capital, cuyo coste alcanza los 20 millones, según El País.

El oligarca tiene participaciones en el gigante del acero Evraz PLC, y vendió un 73% de sus acciones de la petrolera Sibneft a la gasista Gazprom por 11.700 millones en 2005. Ha mostrado públicamente su solidaridad con Ucrania, pero en el Listado Consolidado de Objetivos de Sanción Financiera en el Reino Unido se le vincula directamente con Putin. No es el único, otros seis empresarios rusos –Oleg Deripaska (EN+), Igor Sechin (Rosneft), Andrei Korstin (Banco VTB), Alexei Miller (Gazprom), Nikolai Tokarev (Transneft) y Dimitri Lebedev (Banco Rossiya)– han sido sancionados económicamente en el Reino Unido. Es un país clave para apretar las tuercas y congelar activos, advierte el investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del IE School of Global and Public Affairs, Miguel Otero Iglesias: “Viven o tienen negocios allí, la relación con este país es muy estrecha y había numerosas críticas porque no se estaba actuando de manera drástica contra los oligarcas”.

También la Unión Europea trata de ahogar el pulmón financiero de Putin, a través de los empresarios afines al régimen ruso. En esa lista negra se encuentra la segunda fortuna rusa y uno de los más jóvenes, Andrei Melnichenko, de 49 años, con un patrimonio de 23.400 millones de euros, según Bloomberg. Su patrimonio procede de la empresa EuroChem, uno de los mayores productores mundiales de fertilizantes minerales, de los que nutre a un centenar de países, está presente en 40 países, da empleo a 27.000 personas, y sus ventas en 2021 superaron los 11.250 millones de euros.

Son los otros grandes protagonistas de la guerra de Rusia contra Ucrania. Y su papel puede ser determinante en varios frentes. Aunque lo tienen difícil, señala José Luis Orella, profesor de historia de la Universidad CEU San Pablo. “El enriquecimiento de estos oligarcas les viene de la venta de materias primas, eso les vincula directamente con Putin, y saben que pueden ser sustituidos por otros en cualquier momento”, explica el docente, que cree que la imagen de estos empresarios puede salir dañada en este conflicto bélico por una particularidad, la de las fake news y las redes sociales cargadas de noticias propagandísticas. “Por esa exhibición de nuevo rico con un perfil mafioso, de personas que sobran en nuestra economía, es un acto de desprestigio y deshumanización del contrario como ocurre en todo espacio bélico”. Y apunta que la supervivencia de los oligarcas pueda estar precisamente en la cercanía con Putin, de 69 años, en la capacidad que puedan tener para asesorar al mandatario ruso, “viendo que está en el otoño de su mandato”.

Los ocho empresarios más ricos de Rusia.
Los ocho empresarios más ricos de Rusia. Getty Images

Sin embargo, ese acercamiento no lo ve tan fácil Otero Iglesias: “Mi sensación es que el papel que pueden jugar es limitado, muy diferente de la época de Boris Yeltsin, cuando los oligarcas tenían un influencia importante sobre él”. Ahora es diferente. Putin ha reducido en los últimos años “el círculo de gente que le rodea a media docena de personas, y con el Covid se ha aislado más”. Ha marcado distancia con el grupo de influyentes, que se han hecho ricos gracias a él. Los mismos que le daban ese barniz de poder y de riqueza al presidente que más años lleva al mando de Rusia, cerca de dos décadas, y que podría seguir en el poder, según una ley que él mismo aprobó en abril de 2021, que le permitirá seguir dirigiendo el país hasta 2036, superando a Stalin, que gobernó entre 1927 y 1953.

Yates sin puerto

A pesar de ese alejamiento, el investigador del Real Instituto Elcano cree harto difícil “que hagan lo posible para hacer caer a este hombre, aunque saben que si cae a ellos se le levantarán las sanciones de Occidente”. Y va un poco más allá en su análisis y asegura que para deshacerse de Putin tiene que haber una mala situación económica en Rusia y que parte de su riqueza esté embargada por Occidente. Y cita el caso de Abramóvich, que, a pesar de haber sido sancionado por el Reino Unido, “está alejado de él, no tiene palancas para deshacerse de él, y ninguno va a mover ficha, van a aguantar con Putin”.

Porque puede que estén desacoplados del mundo durante un tiempo, pero volverán a recuperar su brillo. “El poder del oligarca es limitado, pero otra apuesta es la población, para quien algunos oligarcas son referentes, ya que tienen éxito e influyen en la opinión pública”, afirma Otero Iglesias.
No pensaban jugar, pero se les ha metido en el conflicto. Y ha habido algunos que han pedido al Kremlin el cese de la guerra.

Es el caso del millonario Oleg Deripaska, presidente de la Compañía Unificada Rusal, dedicada a la industria de aluminio, incluido esta semana en la lista negra británica, y de Mikhail Fridman, el magnate fundador y accionista de Letterone, el grupo inversor dueño de Dia, que está transfiriendo acciones en algunas de sus empresas radicadas en Reino Unido, ante la creciente presión que el gobierno de Johnson. A pesar de que todavía no ha sido incluido en la lista maldita, el multimillonario que adquirió una mansión en Londres en 2016 por 78 millones de euros, ha cedido el control en al menos tres empresas ubicadas en Londres. Una de ellas, Athlone House, tiene como actividad la contratación de personal de servicios domésticos, y ha transferido las acciones a una antigua empleada de Letterone. Lo mismo ha ocurrido en otras dos sociedades: Reashon Ltd. y Reashon Holding Ltd, cuya actividad está centrada en la restauración y propiedad intelectual, respectivamente. De nada le ha servido a Fridman, señalado por la Unión Europea por cultivar fuertes lazos financieros con la administración de Putin, pedir por escrito “el fin del derramamiento de sangre”.

Lo que se pretende, señala Ángel Saz, director de EsadeGeo, es debilitar el régimen y el equilibrio político económico. “Es muy difícil justificar que no se ha estado cerca de Putin, y estamos viendo cómo piden paz y algo de sensibilidad porque están viendo que se puede acabar el Londongrado o no tener puerto donde atracar el yate”. La embarcación, por ejemplo, de Abramóvich abandonó este martes el astillero de Barcelona, donde estaba siendo reparado, y algunos multimillonarios rusos están trasladando sus yates a las islas Maldivas y a otros lugares huyendo de las penalizaciones de Europa y de Estados Unidos.

“En Italia se han confiscado villas, Abramóvich ha puesto en venta el Chelsea, pero a ver quien lo compra. Les van a ir apretando cada vez más. Ese telón de acero 2.0 está empezando a caer”, añade Saz, que reconoce que ellos han sido la bisagra que ha conectado a Rusia con el mundo. “Han hecho dinero por estar engarzados globalmente exportando commodities, vendiendo y revendiendo recursos naturales de su país”, pero ahora tienen un problema, y es que no hay una alternativa a Putin que puedan apoyar. “Les va a costar mucho. Es un sistema injusto, que les ha beneficiado y no les queda otra que permanecer al lado del que les ha dado cobijo”, concluye el experto de Esade.

A pesar de su descontento con la guerra y de que ven que su fortuna está siendo acorralada, no van a levantar la voz más de lo debido. “Tienen pánico a Putin, aunque solo dos o tres han lanzado algunos mensajes, pero todavía lo hacen en voz baja, ya que no tienen poder de decisión”, afirma Mario Weitz, profesor de Esic y exconsejero del Fondo Monetario Internacional, quien confía en que alcen la voz en las próximas semanas, cuando el conflicto se agrave aún más y la población rusa, que en un principio pudiera apoyar la guerra, vea que la actividad empresarial y económica se colapsa. Apunta además que la clave está en la energía, “que se logre complementar el suministro que proporciona Rusia a Europa”, y en China, que mira a la economía en clave global”. Pero en una guerra todo cambia en menos de un minuto.

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