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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Europa necesita una solución a tiempo para la crisis de microchips

CINCO DÍAS

La crisis de suministro de semiconductores desencadenada tras el estallido de la pandemia del Covid-19 está golpeando duramente a las economías occidentales, especialmente a sectores altamente tecnologizados como el del automóvil. Los datos apuntan a que los chips representarán una quinta parte del coste de un coche en 2030, frente al 4% de 2019, por el creciente desarrollo de los vehículos eléctricos. La escasez de semiconductores no solo ha agravado los efectos de la crisis, sino que ha evidenciado la fuerte dependencia que Europa, pero también EEUU, tienen respecto a Asia, donde se localiza mayoritariamente la producción mundial de microchips.

Como respuesta a un problema que está generando cuellos de botella y paralizaciones temporales en las cadenas industriales, Bruselas anunció ayer una futura Ley Europea de Chips que movilizará más de 43.000 millones de euros en inversiones tanto del sector público como del privado. La norma tiene como objetivo convertir Europa en un centro destacado de fabricación y rebajar la fuerte dependencia europea del exterior. La hoja de ruta que maneja la Comisión Europea apunta a que en 2030 el 20% de los chips del mundo se producirán en la UE, lo que implica que habrá que duplicar la fabricación actual, que apenas alcanza el 10% del mercado. En el caso de EEUU, que ha puesto en marcha una estrategia también millonaria, el objetivo es impulsar la relocalización industrial en un sector que en su momento trasladó la producción a países con costes más ajustados y competitivos.

La iniciativa de Bruselas constituye sin duda una fuerte y acertada apuesta estratégica de futuro para la industria europea. Pero la crisis de suministro de semiconductores es un problema acuciante que necesita una solución ahora y no en un horizonte de ocho años. Prueba de ello son las iniciativas puestas en marcha en Alemania, por ejemplo, donde Bosch acaba de inaugurar su segunda fábrica de microchips, y donde el Gobierno está negociando con la taiwanesa TSMC, lider global del sector, la posibilidad de construir una macrofactoría.

Bruselas, que lamentablemente no suele caracterizarse por su agilidad legislativa ni por su eficacia gubernativa, debe hacer un serio esfuerzo para aprobar cuanto antes un marco jurídico flexible y favorable al desarrollo de esta industria que facilite la inversión para el futuro y de respuesta, al tiempo, a las necesidades del presente. En el marco de esa estrategia debe ocupar un lugar destacado una política de concentración corporativa lo suficientemente flexible como para permitir a Europa competir con garantías en una carrera global que no puede permitirse perder.

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