La política salarial de las empresas debe guiarse por su productividad

El Banco de España alertó ayer sobre la posibilidad de que la aceleración de la tasa de inflación pueda desembocar en un escenario económico adverso con potencial suficiente como para frenar la buena marcha de la recuperación. El gobernador de la entidad, Pablo Hernández de Cos, advirtió del riesgo de que las empresas caigan en una “espiral viciosa” de incremento de márgenes, precios y salarios que se retroalimenten entre sí y provoquen pérdidas tanto de competitividad como de empleo. El titular del Banco de España considera que una tasa de inflación del 6,5%, como la que registró España en 2021, la más alta de los últimos 30 años, constituye un serio riesgo a la hora de provocar lo que se denominan efectos de segunda ronda de la inflación, los cuales pueden truncar la reactivación de la economía y generar un proceso inflacionista consolidado en el tiempo. Una amenaza esta última a la que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, sigue restando importancia, pese a que en la institución comienzan a manifestarse divisiones sobre cuál debería ser la política de Fráncfort frente al proceso de creciente aceleración en los precios. La postura de Lagarde, que sostiene que la situación económica en Europa no justifica seguir el camino de la Fed estadounidense frente a la inflación, parece olvidar que en las tensiones sobre los precios, como en otras variables macroeconómicas, la anticipación es un factor clave.

Si el gobernador del Banco de España acierta al advertir del peligro de que la inflación se traslade al conjunto de la economía, su receta para frenar ese riesgo resulta bastante más discutible. Pese a sostener que la presión alcista, especialmente preocupante en los precios de la energía, podría remitir en el segundo semestre del año, Cos reiteró ayer su propuesta de un pacto de rentas que haga frente a la espiral de márgenes, precios y salarios. Se trata de una receta que resultó útil en crisis inflacionarias del pasado, pero que no se ajusta a la realidad de una economía en la que la situación de cada sector y de cada empresa dentro de su sector es muy heterogénea y en la que la guía para fijar los salarios debe ser la productividad de cada compañía, no la curva general de la inflación. Hasta el momento, como reconoció el gobernador, los agentes sociales están manteniendo la moderación salarial, lo que constituye una buena política como norma general en un entorno de recuperación y de presión alcista en los precios, pero que no debe sustituir a la productividad como medida real para determinar la política salarial y los márgenes de cada empresa.