Todos deben colaborar por el futuro del coche verde en España

La negociación que está llevando a cabo la dirección de la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia) con sus sindicatos no solo es crucial para la planta y sus más de 6.000 trabajadores, sino también para el futuro del coche eléctrico en España y, por tanto, para el sector del automóvil en nuestro país. Ford, que pretende que en 2030 todas sus ventas en Europa sean vehículos eléctricos, ha focalizado la producción de los coches 100% verdes en otros países, como es el caso de Alemania, y ha dejado a la planta valenciana únicamente la fabricación de algunos modelos híbridos e híbridos enchufables. La compañía, que tiene solo dos modelos eléctricos por asignar hasta 2030, se debate entre adjudicar esa carga de trabajo a Almussafes o a la fábrica alemana de Saarlouis, una decisión que probablemente hará pública en junio.

El futuro de la fábrica valenciana depende en buena medida de conseguir la adjudicación de esos modelos eléctricos, dado que su carga de trabajo actual irá disminuyendo escalonadamente en los próximos dos años, y no hay a la vista ningún otro proyecto susceptible de sustituir esos mencionados. Todo apunta a que el gran obstáculo en las negociaciones entre la dirección y los sindicatos es la negativa de los trabajadores a rebajar su salario y a aumentar el tiempo de trabajo, una cuestión sin duda difícil de resolver, pero que no debería determinar la pérdida de un proyecto que puede marcar la diferencia entre el futuro de la planta y su irrelevancia.

La posibilidad de acoger la fabricación de los nuevos modelos de coches eléctricos de Ford tiene un carácter fuertemente estratégico también para el conjunto del sector de la automoción en España, que necesita proyectos vibrantes e innovadores para no perder ese tren industrial, más aún tras dos años de crisis histórica y ante un calendario de descarbonización de la economía altamente exigente con esta industria. Pese a los discursos y las promesas políticas sobre el potencial de los vehículos verdes, a España le queda un largo camino para poder cumplir con las expectativas que se ha marcado para el futuro. Tanto las ventas como la fabricación de vehículos eléctricos –donde la construcción de fábricas de baterías puede jugar un papel esencial– están muy por debajo de los objetivos a los que debería aspirar nuestro país. Los datos muestran que la economía española necesita fabricar entre 1,5 y 1,6 millones de vehículos eléctricos para 2030, una cifra que está muy lejos del parque actual, el cual apenas supone un 6% de esa cifra. Se trata de un horizonte lo suficientemente importante como para que todos los agentes de la cadena, públicos y privados, trabajen mano a mano con responsabilidad, pragmatismo y eficacia.