El mercado alcista estadounidense no puede ser eterno

La brecha entre las valoraciones y la realidad es aún mayor que antes del Crac de 1929

Los números no dan la fórmula de inversión ganadora. El éxito en la creación de dinero implica lo que Alexander Ineichen, analista suizo, llama “sabiduría aplicada”. Los activos financieros parecen potencialmente vulnerables con los tipos en su nivel más bajo en cinco milenios, las acciones de EE UU en valoraciones récord y sin que falte exuberancia irracional. Según Ineichen, el inversor inteligente debe ser consciente de los riesgos, pero no es razón suficiente para salir corriendo.

El nuevo y brillante libro de Ineichen, Applied Wisdom: 700 Witticisms to Save Your Ass(ets) (Sabiduría aplicada: 700 ocurrencias para salvar tu(s) trasero/activos, ofrece todo lo que hay que saber sobre inversión. La primera regla, como expresó concisamente Barack Obama, es “no hacer tonterías”. Muchos inversores están optando por ignorarla, y se están amontonando en SPAC, negocios en la nube con precios estratosféricos, criptodivisas dudosas, NFT y similares. Sus acciones violan otra regla clave, articulada por George Soros: “La buena inversión es aburrida”.

Aunque algunas de las inversiones de alto vuelo de hoy pueden tener éxito, es difícil separar a los ganadores y perdedores de mañana. Cuando aparecieron por primera vez se descartaron muchas tecnologías que luego resultaron populares. En la década de 1920, un empleado de RCA descartó la caja de música inalámbrica por no tener “ningún valor comercial imaginable”. Thomas Watson, el brillante jefe de IBM, pensaba en 1943 que el mundo no necesitaba más de cinco ordenadores. Paul Krugman predijo en 1998 que internet no tendría mayor impacto que el fax. E incluso cuando las tecnologías despegan, los especuladores suelen sufrir, ya sea comprando acciones de RCA en 1929 o de las puntocom.

El mercado alcista de deuda pública dura ya cuatro décadas. La caída de los retornos ha impulsado la Bolsa a niveles cada vez más altos. En algún momento, los mercados se toparán con la Ley de Stein: “Si algo no puede continuar para siempre, se detendrá”. Pero esa evidencia no nos dice nada sobre el momento. A finales de los noventa, los retornos de la deuda japonesa cayeron hasta lo que entonces parecían niveles imposiblemente bajos. Sin embargo, los vendedores de bonos de Japón, a la espera de un aumento de los retornos, llevan 25 años perdiendo dinero.

El problema es que los mercados son sistemas complejos, imprevisibles por naturaleza. “Solo los tontos, los mentirosos y los charlatanes predicen los terremotos”, dijo el sismólogo Charles Richter. Ineichen invoca la Ley de (Forrest) Gump: la vida es una caja de bombones, no sabes lo que te va a tocar. Eso no impide que la gente intente hacer previsiones. Pero los estudios demuestran que los pronosticadores con mayor perfil mediático son especialmente malos. Nassim Nicholas Taleb bromea con que Wall Street contrata a economistas para “proporcionar historias a sus clientes menos sofisticados”. En resumen, como escribió Peter Drucker, el consultor de gestión, “la previsión no es una actividad humana respetable”.

Nada de esto reconforta a los inversores. No hay duda de que las acciones de EE UU están extremadamente caras según los estándares históricos. Y la sabiduría aplicada, según Ineichen, implica prestar atención a la historia. (Como dice el periodista musical Steve Turner, “la historia se repite; tiene que hacerlo; nadie escucha”). La experiencia sugiere que comprar acciones a valoraciones infladas conlleva el riesgo de una pérdida permanente de capital. Por otra parte, existe el peligro de irse de la fiesta demasiado pronto, ya que, como bien dijo John Maynard Keynes, “los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que uno puede permanecer solvente”.

No es solo irracionalidad: las acciones de EE UU llevan al menos 25 años cotizando por encima de su valoración media a largo plazo. Ineichen cita las dos reglas cardinales de inversión de Martin Zweig: “No luches contra la tendencia” y, más pertinente ahora, “no luches contra la Fed”. La sabiduría reside en observar los mercados. Espere a que los hechos cambien, y entonces cambie de opinión. Ineichen es un exponente del “nowcasting”. Se trata de seguir los indicadores en tiempo real –derivados de las tendencias del mercado, las previsiones de beneficios de las empresas y diversas métricas– para calibrar si la tendencia está intacta o se va a invertir.

La firma de Ineichen, IR&M, ofrece actualizaciones semanales de datos económicos y de mercado. Su último informe señala que la economía de EE UU sigue sorprendiendo al alza. La confianza sigue siendo muy positiva, aunque ha bajado ligeramente desde los niveles enormemente altos alcanzados tras el fin de los cierres. La encuesta sobre perspectivas empresariales de Filadelfia también es muy positiva. Las estimaciones de los beneficios siguen mejorando en todos los sectores, y las energéticas son las que mejor se comportan. De los 23 indicadores de EE UU que sigue Ineichen, solo hay tres banderas rojas (la confianza de los consumidores, la construcción de viviendas y la encuesta de la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas).

Estas métricas no indican que el techo de la Bolsa vaya a derrumbarse en breve. Pero Ineichen va demasiado lejos cuando afirma que el nowcasting es a la previsión lo que la astronomía a la astrología. Los mercados no se comportan tan bien como los planetas: como dijo Isaac Newton, desafortunado inversor en la burbuja de los mares del Sur de 1720, podía predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las personas. Y como reconoce Ineichen, los mercados se mueven por opiniones más que por hechos. Los pronósticos pueden ayudar, pero siguen siendo solo un modelo y, por tanto, están sujetos a la Ley de Box: “Todos los modelos son erróneos. Algunos son útiles”.

En 1928, el banquero Felix Somary recibió a Keynes. El economista más conocido del mundo se mostraba optimista sobre Wall Street, y aducía que gracias a la Fed no habría más desplomes. Somary, conocido como el “cuervo de Zúrich” por sus sombríos pronósticos, discrepaba. Predijo que se avecinaba un desplome: “Vendrá de la brecha entre las apariencias y la realidad. Nunca he visto acumularse un tiempo tan tormentoso”. Hoy, la brecha es aún mayor que antes del Gran Crac. Es una opinión, no un pronóstico. Aun así, como observa sabiamente el naturalista David Attenborough, “caminar sobre hielo fino siempre es arriesgado”.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías