Por qué tiene sentido invertir una parte de nuestros ahorros en oro

Es interesante incluirlo en la cartera como un activo de carácter defensivo y que aporte diversificación en una coyuntura inflacionaria como la actual

Desde que concluyó la recesión en 2008 la Bolsa ha vivido uno de los ciclos alcistas más espectaculares de la historia. En EE UU estamos hablando del ciclo más largo que se recuerda, apoyado en un proceso de estímulo continuo desde el punto de vista fiscal y monetario a nivel mundial. El balance agregado de los bancos centrales de las diez economías más desarrolladas del mundo ha pasado de los cinco trillones de dólares estadounidenses a más de 55 trillones en tan solo 15 años. Por desgracia, este incremento no ha sido solo una herramienta puntual que se ha utilizado para combatir periodos de crisis, sino que se ha convertido en algo convencional a lo largo de los años. El papel que juegan los bancos centrales en la economía es tremendamente importante, ya que son los responsables de decidir cuánto dinero debe haber en circulación y el coste de dicho dinero, expresado como el tipo de interés. El control de esa política monetaria busca maximizar el crecimiento económico y el empleo, pero simultáneamente deben respetar una sola restricción, que sus decisiones no provoquen la pérdida de control sobre la estabilidad de los precios, es decir, que no permitan que se desaten presiones inflacionistas.

A priori no parece un problema tan complicado, y, sin embargo, aquí estamos, viviendo un periodo donde las tasas de crecimiento económico son increíblemente fuertes, gracias a todo el estímulo volcado durante el último año y medio para combatir la recesión económica provocada por el Covid, y, por otro lado, con unos niveles de inflación que no veíamos desde hacía tres décadas. Si le preguntásemos a un niño cómo ajustar este problema, el niño respondería que dada la ecuación planteada lo razonable es subir el nivel de tipos de interés para combatir las presiones de inflación, ya que tenemos margen de sobra para reducir crecimiento económico sin que tengamos un problema grave.

Pero el niño no entiende de burbujas, de sentimiento de los inversores, de inversiones productivas frente a inversiones improductivas, de tipos de interés negativos, del nivel de endeudamiento global y un sinfín de detalles más que sostienen nuestro modelo económico actual. Lo cierto es que si algo han hecho los bancos centrales desde la última crisis grave vivida en 2008, ha sido convencer a los inversores de que no van a permitir que vuelvan a vivirse situaciones tan dramáticas como entonces. Y para ello nos han llevado a un mundo basado en tipos de interés del 0%, o incluso negativos, a compras orquestadas de todo tipo de bonos, soberanos, corporativos, hipotecarios e incluso bonos basura.

Pero ese mensaje inculcado durante la última década es un mensaje muy peligroso. Ahora pensamos que la prima de riesgo apenas importa, porque ellos serán capaces de intervenir y solucionar cualquier problema que surja. Eso ha llevado a los inversores a pensar que invertir y ganar dinero es fácil, e incita a invertir en productos que se conocen peor, pero que pueden ofrecer revalorizaciones mucho mejores en poco tiempo, como las criptomonedas, los NFT, los meme stocks o las SPAC, y a adentrarse en el mundo del apalancamiento vía derivados, pese a no entender bien cómo funciona este tipo de productos financieros y que riesgos tienen. Para que el lector se haga una idea, tan solo en 2021 se ha invertido más en Bolsa que en la suma de los anteriores 15 años agregados.

Y esto nos lleva a responder la pregunta que suscita el título de este artículo, ¿por qué merece la pena invertir una parte de nuestros ahorros en oro? Desde hace siglos, el oro ha sido un instrumento financiero que ha servido como refugio ante dos circunstancias: las presiones inflacionistas y la inestabilidad financiera. El primer factor favorable al oro ya es una realidad. La inflación actual ha alcanzado niveles que no veíamos desde hacía más de tres décadas y todavía no da muestras de revertir. Pero como el mundo descansa sobre casi 290 trillones de dólares estadounidenses de deuda, o mantenemos el coste de financiación al 0%, o muy cerca de esta cota, o todo se viene abajo. Por ello, los bancos centrales defienden a ultranza la idea de la transitoriedad de la inflación, ante la imposibilidad de subir el coste del dinero sin generar una nueva crisis económica. Personalmente creo que nadie sabe realmente que va a pasar con la inflación, ni con la crisis energética, ni con los cuellos de botella que afectan a la logística de distribución del comercio mundial, ni con la potencial evolución del Covid, en especial en aquellos países donde los programas de vacunación van muy lentos. Lo único que sé es lo que veo, y no pinta bien.

Si finalmente se llevan a cabo políticas más restrictivas, porque la inflación sigue sin remitir, el riesgo de que se pinchen las burbujas en Bolsa, en el mercado inmobiliario y en el mercado de crédito es algo a tener muy en cuenta. Y eso nos lleva al segundo argumento que favorece al oro, la inestabilidad financiera. No me planteo si el oro lo va a hacer mejor o peor que la Bolsa, los bienes raíces o las criptomonedas durante los próximos años. Me planteo incluir oro en mi cartera de inversión como un activo que aporte diversificación y que tenga un carácter defensivo, ya que históricamente, en momentos como los que vivimos actualmente, ha tenido un comportamiento bastante bueno.

El oro está correlacionado, no con las tasas de interés nominales, sino con las tasas de interés reales. La mejor prueba de ello la tenemos en la década de los setenta, cuando el oro vivió el periodo de mayor revalorización del último siglo en pleno proceso de subida de tasas de interés en EE UU para luchar contra la inflación desbocada. Por eso creo que con tantos paralelismos entre entonces y ahora, merece la pena incluir oro a nuestra cartera de inversión.

Pablo Gil es Estratega jefe de XTB