Ignacio Rivera: “Queremos ser la cerveza más querida, no la más vendida”

Estrella Galicia invertirá en un plan estratégico a tres años 600 millones de euros

En 2023 abrirá su primera fábrica fuera de España

Ignacio Rivera, consejero delegado de Corporación Hijos de Rivera.
Ignacio Rivera, consejero delegado de Corporación Hijos de Rivera.

Tiene su despacho en la sede de Corporación Hijos de Rivera, en un polígono próximo a A Coruña, lleno de cascos de moto GP y de F1, firmados por los deportistas a los que patrocina Estrella  Galicia. Ignacio Rivera (A Coruña, 1965) está lleno de planes: prevé incrementar la facturación a 600 millones de euros frente a los 479,1 millones de 2020, ha incrementado la plantilla de 1.250 empleados a 1.400, vende en 60 países y en 2023 confía en abrir su primera fábrica fuera de España.

Con la hostelería cerrada durante varios meses, ¿cómo afrontaron el momento?

La pandemia la hemos llevado con valentía, dentro de un sector que bajó un 12% y nosotros un 10%. Hemos tenido mejores resultados que los demás, pero fue porque no paramos nunca. La gente seguía trabajando, visitando a distribuidores.

Ustedes no hicieron ningún ERTE.

Eso fue determinante porque todo el mundo estaba trabajando. Nos asustó mucho, en ese momento notas la soledad, que todo se viene abajo, pero pusimos lo importante por delante. A nivel cualitativo, el Covid nos sirvió para tener miedo, para tener hambre, para generar talento. Ahora que la situación empieza a normalizarse, empezamos a acomodarnos y la comodidad no es buena. Hay que tener hambre y humildad por aprender.

¿Cómo esperan cerrar este ejercicio?

Nuestra previsión es acabar el año por encima de los 600 millones de euros de facturación, y estamos superando la cifra de 2019. A todo ello nos ha ayudado la venta en supermercados y a que hemos avanzado en internacionalización.

Entre sus próximos objetivos está abrir una fábrica en Brasil.

Es un sueño. Cocinamos en una sola cocina, que está aquí en Galicia, donde tenemos nuestra única fábrica. Y Brasil es el segundo mercado del mundo en valor, por lo que queremos tener allí, a finales de 2023, nuestra segunda cocina. Ese es el sueño y está cerca. Nosotros tenemos dos unidades de negocio internacional. Una se llama el explorador, que estudia las posibilidades que existen en todo el mercado europeo, el de cercanía, sin aranceles. Estamos en Norteamérica, en Centroamérica tenemos una filial en México, que nos permite entender el mercado de esa zona. También tenemos otra filial en Shanghái para atender Asia, un mercado disruptivo, muy actual. Y desde Estrella Galicia Latam se encaja todo Latinoamérica, con sede en Brasil. El 7% de la producción se vende fuera. Estamos plantando semillas porque el sueño es alcanzar el 20% de las ventas fuera. Si montamos una fábrica es para crecer. En pandemia bajamos un 1,5% la producción, aunque ahora la vamos a aumentar.

¿Cuál es el secreto del éxito de Estrella de Galicia?

Ser auténtico y explicar a la gente por qué eres diferente. Eso se consigue porque cocinamos en una sola cocina, y eso tiene un componente artesanal. Nos conformamos con ser la cerveza más querida. Ser la más vendida es más difícil de conseguir teniendo una sola fábrica. Vamos a ampliar la que tenemos aquí, con una nueva fábrica de 500.000 metros cuadrados en Arteixo. Y trasladamos allí también el agua que usamos del embalse de Cecebre.

¿Qué ha aportado la cuarta generación a la empresa familiar?

Cuando yo entré, en 1990, facturábamos 30 millones de euros. De ahí, a 600 millones. Hemos aportado el salto de ser una empresa regional a una nacional e internacional. Tenemos 1.400 empleados directos. Las empresas son ilusiones, y nuestro propósito es fuerte, ser la cerveza más querida, no la más vendida. Eso ayuda a tomar decisiones, explicar esos propósitos es importante.

¿Es incompatible ser querido con ser el más vendido?

En nuestro caso no se puede ser las dos cosas. Si cocináramos en varios sitios, si tuviéramos varias fábricas, el producto no sería igual. Ahora vamos a Brasil y a mí como cuarta generación ya me llega. En la empresa hay un miembro de cada una de las cinco ramas de la familia, y la quinta generación ya está en marcha, ya se están incorporando a los órganos de gobierno, aunque no trabajan como ejecutivos de la empresa. Es bueno que trabajen en otros sitios antes. Yo no pude hacerlo, porque entré a trabajar aquí cuando falleció mi hermano mayor en un accidente de moto.

¿Prevén adquirir alguna cervecera más, como hicieron en Irlanda y en Portugal?

Siempre compramos una participación de menos del 50%. Queremos complementar nuestra cartera, y estamos valorando comprar minoritariamente cerveza craft fuera de España.

Está implicado en temas de formación con la universidad Cesuga, en A Coruña.

En la universidad hay carencias, creo que el futuro no es tener conocimiento sino adaptarse a los cambios que vienen. No se trata de tener conocimientos, que estos van cambiando, sino a que sean más listos, adaptativos y con sensibilidad al impacto sostenible para cuidar el planeta.

¿Qué medidas aplican ustedes en este sentido?

Hay que dejar de pensar en responsabilidad social corporativa, que me parece casposo, para pensar en impacto positivo. No se trata de contaminar y luego soy responsable porque trato de mitigarlo. El impacto positivo implica plantear el negocio desde otro concepto. Apostamos por vender cerveza de bodega, que no tiene envases, desarrollamos el growler para que la gente pueda rellenar el envase como se hacía anteriormente. Utilizamos energía solar, tenemos 10.000 placas en la fábrica. Somos sensibles con todo esto, y lo sentimos así, porque las nuevas generaciones lo llevan en su ADN, y quien no esté atento lo va a pasar mal. Hay que parir un negocio con base positiva, e intentar mitigar la huella que generamos.

¿España es un país cervecero?

Muy cervecero, es un estilo de vida, es cultura, España es muy de socializar. Somos muy de caña, aunque hay que saber tirarla. Lo que hemos sabido es transmitirla. Y somos complementarios al vino. Tampoco podemos vivir sin vino. Nosotros también hacemos vino, tenemos una bodega, Ponte da Boga, en Ribeira Sacra.

¿Cómo consigue una cerveza con un marcado carácter local irrumpir en el resto de España?

Conectamos con la gente joven. Tenemos 115 años, somos una marca auténtica y eso es lo que intentamos transmitir. De cada tres euros, dos los invertimos en deporte y en cultura. Patrocinamos a Marc y a Álex Márquez, con Carlos Sainz también estamos desde el principio, también apoyamos a la música. Eso hace que conectemos con la gente, no por hacer anuncios en televisión. Hay gente que se tatúa nuestro logo. Lanzamos una campaña en la que regalábamos el tatuaje de la nueva imagen de la cerveza y se presentó muchísima gente. Tenemos afinidad con los jóvenes porque somos una empresa con propósito. Somos la preferida en muchas regiones y ojalá seamos capaces de transmitirlo en el resto del mundo.

Se encuentra también entre las más admiradas para trabajar.

Estoy obsesionado con que la gente tiene que ser feliz en el trabajo. Desde el minuto uno hay que hacer que la gente sea feliz. Tenemos un bonus basado en la encuesta de clima y si esta baja, el bonus no se cobra. Hay que preocuparse por la gente. Yo tengo una iniciativa que es ‘Una caña con el CEO’, y los voy recibiendo de 20 en 20. Es la mejor manera de que los nuevos que se incorporan a la empresa me pregunten y que luego nos tomemos una caña juntos importante que la gente sienta que forma parte de algo. El tiempo hay que emplearlo en lo que importa, y en una empresa son las personas. Las máquinas no son importantes, se compran. Nuestro nivel de rotación es muy bajo.

¿Tienen previsto adquirir alguna cervecera más, como hicieron en Irlanda y en Portugal?

Siempre compramos una participación de menos del 50%. Queremos complementar nuestro portfolio, y estamos valorando comprar minoritariamente cerveza craft fuera de España.

¿Han recibido alguna oferta por la compañía?

Sería fácil recibir alguna oferta cuando se está en venta, pero no es el caso. Vamos a invertir 600 millones de euros en nuestro plan estratégico de 2022 a 2024, en hacer otra fábrica. Además, la familia está bien, y no es fácil dentro de una empresa familiar, pero nosotros hemos puesto la empresa por delante de la familia. Y también ayuda mucho san dividendo. Tenemos un apalancamiento de 0,13 veces el ebitda, aunque con las inversiones que vamos a hacer los vamos a apalancar más y llegaremos a dos veces el ebitda.

 

 

 

 

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