En 2020 expira el Protocolo de Kioto, año en el que será sustituido por el acuerdo alcanzado en Francia

Acuerdo de París: ¿el fin de la era de las energías fósiles?

Los economistas coinciden en que el pacto de 196 países lanza una señal de que el cambio climático ya es un riesgo.

Acuerdo de París: ¿el fin de la era de las energías fósiles?

Es el acuerdo de París contra el cambio climático una señal clara para el sector privado y los inversores de que se abre una nueva era sin energías fósiles? Al fin y al cabo, ellos serán en gran medida los que empujarán la transición energética necesaria para limitar en dos grados el aumento de temperatura del planeta, el objetivo que se han marcado casi todos los países del mundo en la capital francesa.

A pesar de sus deficiencias –pues el pacto alcanzado depende de compromisos voluntarios de los países–, los economistas consultados no dudan de que París apuntala el cambio hacia una economía que paulatinamente prescindirá del petróleo, del carbón y del gas como sostén. Ahora queda por ver hasta qué punto tanto las naciones industrializadas como las emergentes convierten el impulso dado por la diplomacia francesa en un movimiento sólido y constante.

Para el economista Michel Colombier, “el acuerdo no es perfecto, pero por primera vez hay una señal económica de que el clima será un riesgo en el futuro”. Se sabe, y así lo han reconocido los países, que sus compromisos no serán suficientes para alcanzar el objetivo de los dos grados. No solo eso, se trata además de aportaciones voluntarias, que cada cual cumplirá a su ritmo.

El sector seguros es uno de los que mejor ha comprendido la importancia de reducir las emisiones

Pero casi nadie pone en duda que la fuerza de lo acordado es que, por primera vez, prácticamente todos los países se han puesto de acuerdo para marcar la dirección hacia la que quieren que vaya el mundo, esto es, un futuro que cuente cada vez menos con las energías fósiles, las principales causantes del calentamiento global.

El descafeinado Protocolo de Kioto al que París debe sustituir a partir de 2020 solo incluía a 55 países. Pero desde entonces el mundo ha cambiado y no hubiera funcionado un pacto que dejara fuera a los emergentes. “Esa es la legitimidad del acuerdo”, matiza Colombier.

Pero lo relevante es que ya antes de que el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, diera el mazazo que selló el pacto, en Le Bourget, el centro de conferencias donde tuvieron lugar las negociaciones, hubiera tanta presencia del sector privado, que reclama una señal contundente para moverse desde el fiasco de la cumbre de Copenhague en 2009.

¿Qué hacía por esos pasillos el presidente de un gigante como la aseguradora Suisse Re? “El de los seguros es probablemente el sector que mejor ha entendido que está en su propio interés mantener las emisiones por debajo de dos grados, pues será imposible cubrir el mundo con su modelo de negocio habitual”, comenta Nick Robins, codirector del informe Diseño de un sistema financiero sostenible elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP).

Lo que viene a decir Robins es que parte del mundo financiero ya ha comprendido que el cambio climático representa un riesgo. Y esa es la clave para que el mundo quiera moverse hacia otro modelo económico. “Hay una convergencia muy clara entre el desarrollo de las finanzas y la transición climática. Nadie hubiera dicho hace 20 años que hoy ya habríamos movilizado 600.000 millones de euros para descarbonizar la economía”, apunta.

Las Cifras

391.000 millones de dólares se invirtieron el año pasado en activos bajos en carbono, el mayor flujo de capitales de este tipo hasta ahora.

600.000 millones de dólares se han invertido hasta ahora en la descarbonización de la economía, es decir, fuera del petróleo, el gas y el carbón.

80% se incrementó en 2014 la inversión en iniciativas de mitigación del efecto del cambio climático, un aumento histórico.

Resulta llamativo que el documento de la UNEP, elaborado dos semanas antes de que empezara la cumbre del clima, aborde ya no si la transición energética tendrá lugar, sino cómo crear un modelo económico y financiero que la sostenga.

En este sentido, “el acuerdo de París es una señal fuerte para avanzar hacia la descarbonización de la economía”. Es la conclusión de Barbara Buchner, directora del instituto Climate Policy Iniciative y considerada una de las 20 mujeres más influyentes en cambio climático.

El organismo que Buchner dirige desde Venecia es el encargado de cuantificar y seguirle el rastro al dinero movilizado hasta ahora contra el cambio climático. “Lo que realmente importa si queremos conseguir el objetivo de los dos grados es saber cuánto dinero está fluyendo ahora mismo, cuánto más necesitamos y cómo podemos aumentarlo”.

Su estimación, el resultado de haber cruzado decenas de organismos públicos y privados, bancos de inversión o ayudas bilaterales, es que en 2014 se invirtieron 391.000 millones de dólares (unos 357.160 millones de euros) en iniciativas de bajo carbono y en acciones para mitigar el impacto del calentamiento global.

“Es un 80% más que en 2013 y el mayor incremento registrado hasta el momento, en gran parte por la movilización del sector público y la inversión en renovables”. Lo que se necesita ahora, explica, es convertir la señal de París en un movimiento que ya no pare.

¿Cómo desarrollarse sin quemar carbón?

La secretaria ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, Christiana Figueres; el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, y el presidente francés, François Hollande, celebran el acuerdo alcanzado en París el pasado 12 de diciembre.
La secretaria ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, Christiana Figueres; el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon; el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, y el presidente francés, François Hollande, celebran el acuerdo alcanzado en París el pasado 12 de diciembre.

India y todos los países emergentes tendrán que industrializarse sin recurrir al creciente consumo de energías fósiles. Ningún país ha hecho esto antes, necesitamos innovación en todos los mercados financieros”.

La conclusión, de Rathin Roy, director del Instituto Nacional para Finanzas Públicas de India, plasma muy bien el reto al que se enfrentan los menos ricos del planeta al haber dicho sí al acuerdo de París.

En la capital francesa se vio cómo India y China pelearon por que se reconociera la responsabilidad histórica de los países industrializados, cuyo rápido desarrollo se ha debido precisamente a la quema de carbón, petróleo y gas.

Pero fuera de su posición negociadora en el marco de la cumbre del clima, estos países ya han entendido que la transición energética es una de las claves en su desarrollo.

“Para ellos, las renovables o la eficiencia energética no son solo una estrategia climática, sino fundamentalmente de desarrollo, pues necesitan tener acceso a la energía. Tienen un pensamiento muy abierto, ahora su pregunta es cómo llevar a su sector financiero sus objetivos de desarrollo”, comenta Nick Robins, de la UNEP.

Un dato muestra cómo los emergentes no han esperado al acuerdo de París para empezar a moverse. El año pasado atrajeron, por primera vez, más inversión en renovables que los países industrializados, según Bloomberg New Energy Finance (BNEF). Para explicar el salto de gigante que esto supone, esta agencia lo compara con el que han vivido los agricultores africanos:nunca tuvieron línea de teléfono fijo y ahora pueden consultar el precio de los cereales desde sus móviles.

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