Olvidemos la COP26: el mundo necesita una Copper26

No basta con reducir el consumo de combustibles fósiles: hacen falta metales para turbinas y paneles

Pieza de mineral de cobre de las minas Kilembe, en Uganda.
Pieza de mineral de cobre de las minas Kilembe, en Uganda. reuters

La reunión COP26 tiene un punto ciego. Los primeros ministros y los grandes empresarios reunidos en Glasgow quieren reducir la demanda de los combustibles fósiles que constituyen la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Para que esto ocurra sin hundir la economía tiene que haber mucho más de los metales que sustenten una sociedad más verde.

Además de eliminar el carbón y reducir la deforestación, la COP26 debe defender los vehículos eléctricos y estimular la inversión en energías renovables. Esto significa más turbinas eólicas, paneles solares, almacenamiento de energía y puntos de carga. Eso, a su vez, significa más aluminio, cobalto, cobre, litio y níquel.

La consultora Wood Mackenzie ha hecho números. Limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales implica 19 millones de toneladas adicionales de producción anual de cobre para 2030, un aumento del 60%. El suministro de aluminio debe aumentar un 30%, el de níquel un 50% y el de litio y cobalto un 140% y 150% respectivamente. Limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius implica un incremento aún mayor de la oferta.

Normalmente, esto sería una luz verde épica para que los mineros se pusieran a cavar. Tras el auge del mineral de hierro, gigantes como BHP y Rio Tinto están inundados de efectivo. Pero la diferencia entre la inversión necesaria para los próximos 15 años y lo que se ha firmado es de casi 2 billones de dólares, según Wood Mackenzie.

Un problema igual de grande es la burocracia. Según la Agencia Internacional de la Energía, se tarda una media de 16 años en pasar del descubrimiento de reservas a la producción de metal. Satisfacer la elevada demanda significará también aventurarse en jurisdicciones más complicadas como la República Democrática del Congo (RDC), que la mayoría de los inversores occidentales temen pisar. Sin embargo, los conflictos laborales y las disputas ambientales o sociales pueden estallar en cualquier lugar, como demostró la debacle de Rio en Juukan Gorge (Australia).

Ahí es donde los políticos pueden ayudar. Los Gobiernos occidentales tienen listas de materiales cruciales. Si son tan importantes, los países europeos y Estados Unidos pueden utilizar su peso para llegar a acuerdos con jurisdicciones mineras como la RDC. En ellos se podrían establecer normas de compromiso para evitar que las empresas se vean afectadas por impuestos repentinos o expropiaciones, al tiempo que se comprometen a respetar estrictos principios sociales y ambientales.

Eso no cambiaría el dolor de cabeza geopolítico creado por el control de China del 60% de la producción de tierras raras y su fuerte influencia sobre el cobalto. Pero, como mínimo, las potencias occidentales tienen que empezar a hablar del tema. Un paso adelante, Copper26 (Cobre26).

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías