La inflación echa por tierra la retórica de los bancos centrales

Técnicamente es cierto que algo que no es permanente es transitorio, pero la tautología no ayuda a la economía

Jerome Powell, presidente de la Fed, y Lael Breinard, miembro del consejo de gobierno.
Jerome Powell, presidente de la Fed, y Lael Breinard, miembro del consejo de gobierno. REUTERS

Los bancos centrales transformaron la retórica en una herramienta política en la pasada década, utilizando las palabras para influir en los precios de los activos cuando había poco margen para recortar los tipos de interés. Sin embargo, la inflación está echando por tierra su reputación de hábiles comunicadores.

Los precios al consumo en EE UU aumentaron un 6,2% en octubre con respecto al año anterior, el mayor salto en tres décadas, según mostraron los datos oficiales el miércoles. Eso acumula presión sobre el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y no solo porque esté a la espera de saber si obtendrá un segundo mandato. El estadounidense y sus pares han pasado gran parte de este año insistiendo en que la alta inflación sería transitoria, pero ahora admiten que subestimaron su persistencia. Aun así, siguen insistiendo en que las presiones sobre los precios no justifican subidas de los tipos de interés oficiales.

Los banqueros centrales se esfuerzan por cuadrar este círculo. Powell dijo la semana pasada que, mientras que algunas personas interpretaban el término transitorio como un periodo medido en meses, la Fed lo utilizaba para indicar presiones de precios que no dejarían una inflación permanente. Aunque técnicamente es cierto que algo que no es permanente es transitorio, los mantras y la tautología no ayudan ni a Wall Street ni a Main Street [los pequeños negocios].

Los inversores no están seguros de cómo o cuándo reaccionarán los bancos centrales ante la inflación. Ello provoca una mayor volatilidad en los mercados, como la que desencadenó la sorpresiva decisión del Banco de Inglaterra la semana pasada de mantener los tipos de interés sin cambios. También fomenta el escepticismo sobre las garantías de los bancos centrales. Los mercados monetarios esperan que la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, suba los tipos antes de finales de 2022, a pesar de las directrices explícitas en sentido contrario.

Los hogares, que prestan poca atención a los discursos de los bancos centrales, están aún más inseguros. Una encuesta de la Fed de Nueva York sobre los consumidores estadounidenses, publicada el lunes, mostró que la incertidumbre sobre los datos futuros de inflación aumentó hasta un nivel récord tanto a corto como a medio plazo. Eso sugiere dudas sobre la fuerza con la que actuará la Fed para limitar las presiones sobre los precios.

El jefe de la Fed de Atlanta, Raphael Bostic, se presentó a un discurso en octubre con un frasco etiquetado como “transitorio” en el que él y su personal deben dejar caer un dólar si dicen esa palabra. Es un recordatorio para que los banqueros centrales expliquen mejor las contrapartidas a las que se enfrentan. En el caso de Powell, eso significa sopesar los beneficios de una mayor tasa de empleo de los grupos más desfavorecidos frente al daño que la alta inflación inflige a su poder adquisitivo. En la última década, los banqueros centrales han abogado cada vez más por la claridad y la transparencia. No están cumpliendo esos objetivos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías