El Gobierno, al borde del círculo pernicioso

Pedro Sánchez acumula errores (gestión de la coalición, fondos europeos, Madrid, Bildu) y desdichas (luz, inflación, suministros, Constitucional)

El desastre del PSOE en las elecciones autonómicas de Madrid marcó el comienzo del declive de sus expectativas electorales y no parece haber tocado suelo. Desde entonces, el Gobierno acumula una sucesión de errores propios y ajenos que hacen temer que entre en un círculo pernicioso que pone en peligro la segunda mitad de la legislatura, como ha pasado en Portugal.

Los últimos errores no forzados (evitables) de Pedro Sánchez arrancan con el manejo de la coalición, continúan con su errónea estrategia en el PSOE de Madrid y siguen con la gestión de los fondos europeos. Entre los errores forzados (inevitables) se cuentan la explosión internacional de los precios de la energía y los retrasos en la cadena de suministros de muchos productos de importación, factores determinantes en que la inflación se dispare a un 5,5% anual, lo que puede desatar una espiral alcista de salarios y, de ahí, a todos los sectores. El panorama se ha puesto tan complicado, que una EPA que coloca a más de 20 millones de españoles trabajando suena a agua pasada. Para colmo, el Tribunal Constitucional no para de darles malas noticias.

1. Manejo de la coalición. La unidad interna que transmitió el PSOE en el 40 Congreso resulta ineficaz ante la tentación cainita de su socio de Gobierno y el creciente taifismo en la izquierda. Pedro Sánchez cerró el encuentro socialista con un discurso de campaña, prometiendo otra vez la derogación de la reforma laboral del PP, y el lunes, cuando se puso el traje de presidente del Gobierno, se sintió como Felipe González con la OTAN. De derogar a modernizar y de ahí a la bronca entre vicepresidentas (Nadia Calviño vs Yolanda Díaz).

Quiso quitar a la ministra de Trabajo su mayor bandera para cuando le dispute las próximas elecciones, una reforma en profundidad de la normativa laboral, y le caló a la primera. Ha sido demasiado evidente la estrategia de dejar crecer a Yolanda Díaz para que luego le entregue su patrimonio electoral. A estas alturas, Sánchez tendrá ya claro que la gallega es un caballo de Troya que Pablo Iglesias metió en Moncloa con fines explosivos.

2. El PSOE de Madrid. El fracaso del PSOE en Madrid es crónico. Pedro Sánchez, que surgió de esta federación, tampoco da con la tecla. Ganaron las elecciones autonómicas de 2019, pero no pudieron gobernar. Permitió que Isabel Díaz Ayuso se convirtiera en la oposición al Gobierno central en la pandemia. Facilitó que el PP convocara elecciones anticipadas en la región a cuento de una moción de censura fallida en Murcia. Y luego sacó tan mal resultado, que la oposición a Ayuso la encabeza Más Madrid, el segundo partido en la región. Por si esto fuera poco, se inventó una lideresa del PSOE en Madrid, Hana Jalloul, que ha tenido que amortizar en menos de seis meses.

3. Relación con Bildu. El olfato suele ser una de las mayores virtudes de los políticos y Alfredo Pérez Rubalcaba tenía para exportar. Sin embargo, este Gobierno dio muestras de ir corto, de lo contrario no se entiende su alborozo cuando, en el décimo aniversario del fin de ETA, escucharon a Arnaldo Otegui pronunciar unas palabras que podían ser un gran paso para Bildu pero un insulto para la humanidad. Aún es pronto para asumir una normalización del mundo político que sostuvo a ETA, sobre todo si el portador de buena nueva es el mismo que justificó el infierno. No se puede pedir tanto.

4. Gestión de los fondos europeos. A finales de agosto el Gobierno anunció que llegaba el primer paquete de los fondos europeos para ayudar a la recuperación, por un importe de 9.000 millones. ¿Dónde están? Un repaso a la web del Plan de Recuperación permite deducir que es imposible que esos fondos se comprometan, cuando menos que se gasten, en lo que queda de año, menos aún pensar que esos recursos van a propiciar un cambio de modelo productivo.

5. Energía, inflación y suministros. Es indudable que el Gobierno no es el culpable de que el precio de la luz y de los carburantes se disparen, ni del retraso de la cadena de suministros, ni de que todo junto arrastre a la inflación. Pero es igualmente claro, que la actuación del Ejecutivo ha contribuido más a enredar el problema con la tarifa que a solucionarlo. En lugar de sentar al sector en el sillón del dentista, no nos vamos a hacer daño, le lanzó un decreto inviable. Luego dio marcha atrás y entró en combate directo con el sector, algo inasumible, aunque sólo sea porque no puede dejar que ganen. Debió empezar por el final, lo que está haciendo ahora, por intentar modificar el sistema europeo de fijación de precios de la energía, un mecanismo perverso.

6. Tribunal Constitucional. Los magistrados del alto tribunal se están convirtiendo en una especie de regulador de última instancia al que cada vez cuesta más entender, y aún se tiene que pronunciar en temas clave. La anulación de los dos períodos de confinamiento, clave para salvar miles de vidas, resulta incomprensible. Estas sentencias dañan la reputación del Gobierno, pero quizás sea peor la que elimina el impuesto municipal de plusvalías en la venta de inmuebles. Esta decisión costará 2.600 millones a los ayuntamientos y ya está la FEMP pidiendo al Estado un fondo por ese importe que reestablezca sus arcas.

Como dirían en Bolsa, Pedro Sánchez necesita un catalizador para cambiar el sentimiento de mercado. El problema está en que ese era el rol que iba a jugar la economía, con los fondos europeos como combustible. Ahora se han desatado las dudas y el miedo a que todos estos elementos juntos se conviertan en una colada de lava que se acerca a los llanos de La Moncloa.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense