El largo camino de China hacia la neutralidad en carbono

Las emisiones de carbono de China aumentarán más la próxima década, aunque a un ritmo significativamente más lento

Las enormes emisiones de CO2 de China se deben en gran parte a su gran dependencia energética de recursos nacionales de carbón de bajo coste. En 2019, el carbón representaba 57,7% de su generación de electricidad, en comparación con 21% en EE UU y 24% en la UE. En nuestra opinión, el impacto económico neto de las políticas climáticas de China, sin considerar los beneficios físicos, probablemente no sea lineal en el tiempo. Los beneficios de la transición energética, en aumento de la inversión y crecimiento de las industrias verdes, probablemente sean frontales y superen los costes asociados a activos obsoletos y pérdida de producción e ingresos en la próxima década, antes del máximo de carbono en 2030. Después, la descarbonización se acelerará y la capacidad de producción intensiva en carbono se eliminará a gran escala, con altos costes de transición.

El caso es que esta transición lejos de energías fósiles está en marcha en China. Su presidente, Xi Jinping, en discurso de septiembre de 2020 ante Naciones Unidas, anunció por primera vez la ambición de que China sea neutral en emisiones de carbono para 2060, tras un máximo en 2030. En diciembre del mismo año, durante la Cumbre de Ambición Climática, agregó que las fuentes de energía de cero emisiones deben suponer 25% del uso de energía primaria de China para 2030, frente al objetivo anterior de 20%. Luego, en marzo de 2021, se aprobó el 14º plan quinquenal (2021-2025) y los planes estratégicos a largo plazo de China hasta 2035. Estos establecen objetivos más precisos respecto a cambio climático. Específicamente, China tiene como objetivo reducir la intensidad energética de su PIB en un 13,5% y la intensidad de emisión de CO2 en 18% adicional para 2025, para cuando la proporción de energía no fósil debe alcanzar 20% de su consumo de energía total.

Así que, combinado los nuevos objetivos de energía renovable para 2030 y el compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono para 2060, la hoja de ruta para que China descarbonice su economía se está haciendo más clara.

De todas formas, hay que tener en cuenta que las emisiones de carbono en el país continuarán aumentando la mayor parte de la próxima década antes de que comiencen a disminuir. Ello contrasta con la mayoría de las principales economías avanzadas, que ya alcanzaron el máximo de carbono hace al menos una década. La razón del retraso es el comienzo tardío de la industrialización en China, de manera que su uso de energía continuará aumentando relativamente rápido los próximos años. A ello se añade el tiempo que lleva pasar de fuentes de energía fósiles a no fósiles. Por tanto, las emisiones de carbono de China, antes de que el finalmente caigan, aumentarán más la próxima década, aunque a un ritmo significativamente más lento.

De hecho, una vez que sus emisiones de carbono hayan alcanzado el máximo, podrán disminuir a un ritmo mucho más rápido que en la mayoría de las economías avanzadas para alcanzar el objetivo de cero emisiones para 2060. En otras palabras, mientras que a las principales economías avanzadas les llevará de 50 a 70 años pasar del máximo de emisiones de carbono a cero neto, a China puede llevarle solo 30 años.

Además, a pesar del rápido crecimiento de su PIB, la participación del carbón en el consumo de energía en China ha disminuido constantemente la última década. En 2010, el carbón representaba 69,2% del consumo total de energía y había disminuido al 57,7% para 2019. Esperamos que caiga hasta cerca del 40% para 2030. Al mismo tiempo, su proporción de fuentes de energía no fósiles ha aumentado constantemente. Ello se ve favorecido por el hecho de que las principales empresas de generación de energía (todas de propiedad estatal) han recibido indicaciones de cuotas de uso de energía renovable y su esfuerzo se ve financiado principalmente por los bancos estatales.

Como resultado, la participación de energías no fósiles en el consumo total de energía de China ha aumentado de 9,4% en 2010 a 15,3% en 2019 y se planea que represente el 25% para 2030. Además de medidas administrativas y subsidios, la financiación del banco central es un elemento importante en los esfuerzos de China. Efectivamente, el Banco Popular de China ha estado facilitando en gran medida la emisión de bonos verdes. En 2019, las entidades chinas emitieron 214 bonos verdes por un valor total de 339.000 millones de renminbis (52.000 millones de dólares), 26% más que en 2018 y 21,3% de la emisión total de bonos verdes mundial del año.

Otra importante medida en los esfuerzos del gobierno de China para alcanzar sus objetivos climáticos es el sistema nacional de comercio de emisiones de carbono. El país creó en 2017 un sistema de comercio de nacional y comenzó un programa piloto en dos provincias y cinco ciudades en 2011. Este mercado comenzó oficialmente en febrero de 2021. El mecanismo de fijación de precios del carbono es un importante incentivo de mercado para que las empresas reduzcan las emisiones de carbono con ahorro de energía e innovaciones.

En conclusión, el impacto económico neto en el PIB de la transición energética en la economía de China probablemente sea modestamente positivo la próxima década, del orden de 0,1% anual. La razón es que gran parte de la inversión adicional en industrias verdes se verá contrarrestada por reducción de inversiones en industrias marrones. De hecho China ya tiene la relación más alta de formación de capital fijo respecto al PIB de cualquier economía importante del mundo (43% en 2019) y un aumento significativo de la inversión en activos fijos no es deseable ni factible.

Dong Chen es Economista de Pictet WM