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Entre claves y rosas, la banca sigue coja y dispar

Francia se revuelve sobre los acuerdos de Basilea III, mientras que Santander continúa quejándose de las normas bancarias más laxas de Estados Unidos

José Ignacio Goirigolzarri, Ana Botín y Carlos Torres
José Ignacio Goirigolzarri, Ana Botín y Carlos Torres

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, insiste en reclamar un sistema de garantía de depósitos a nivel europeo, aunque reconoce que es un asunto controvertido. Los diferentes criterios e intereses de unos países europeos frente a otros, el norte frente al sur, o para concretar más, Alemania y los estados nórdicos llevan años mostrando sus reticencias a poner en marcha este proyecto común para proteger los intereses de los clientes bancarios. Pero este no es el único proyecto bancario del que un país europeo intenta frenar su desarrollo.

Francia ha sorprendido a los supervisores de los bancos centrales de varios países ante su negativa a firmar una carta conjunta para que los acuerdos regulatorios para actualizar las reglas de capital de Basilea III sigan las directrices ya pactadas en 2017. El objetivo es que estas reglas entren en vigor en 2023, un año después de lo previsto inicialmente, como consecuencia de la crisis del Covid.

El Banco de España y otros 24 bancos centrales y autoridades de supervisión anunciaron el pasado 7 de septiembre que habían enviado una carta a la Comisión Europea en la que solicitan que su propuesta para actualizar el marco regulatorio de capital de la banca siga el acuerdo de Basilea III y evite hacer el marco regulatorio más complejo. Todos los países involucrados en la aplicación de la actualización de las reglas de capital estamparon su firma, excepto Francia.

Su escusa es que prefería sellar un acuerdo que firmar una carta sin objetivos definitivos. Aunque, según los expertos, el motivo es que los bancos galos entienden que las exigencias de solvencia que se están discutiendo en la actualidad entre los diferentes países resultan más exigentes que las normas que utiliza ahora el Banco de Francia, sobre todo al aplicar los modelos internos de capital.

En paralelo, los bancos europeos llevan tiempo haciendo lobby para que los supervisores relajen las exigencias de capital que se están debatiendo en la actualidad, y que en breve se trasladarán a un borrador. Para ello, el sector ha recurrido a diferentes bufetes europeos para minimizar el impacto de Basilea III.

La Comisión Europea publicará su propuesta para actualizar el marco regulatorio de capital de los bancos en la Unión Europea a lo largo de este otoño, lo que ha motivado que los bancos centrales y supervisores hayan enviado una carta al Ejecutivo comunitario en la que le piden que esta propuesta siga el acuerdo internacional conocido como Basilea III. Algo insólito, según coinciden varias fuentes bancarias.

McGuinness reconoce que las dificultades para alcanzar la unidad de mercado en Europa se deben a la resistencia de los Estados miembros

La carta enviada a la CE enfatiza la importancia de implementar el llamado suelo al output y el nuevo método estándar para la medición del riesgo de crédito de Basilea.

Total, pese a que todos los países y bancos europeos parece estar de acuerdo en la necesidad de impulsar la unión bancaria, cada vez que se intentan dar pasos encaminados a homogeneizar las reglas de juego los intereses de cada Estado, o de algunos Estados, impiden avanzar en este objetivo clave para cerrar el círculo de una UE real y plena.

Pero a estas diferencias entre países y entre el sector y los supervisores se les suman otras también reseñables. Las diferencias en las reglas de juego de bancos y fintech y bancos europeos y estadounidenses, quejas que pese a ser ya una reclamación recurrente, siguen sin resolverse y ya comienzan a tener efectos negativos para la banca tradicional, aunque no tanto para el consumidor. Y es que las fintech han iniciado una carrera por captar negocio que si hace unos años se limitaba a ciertas actividades financieras, ahora se extiende a una gran parte de la tarta reservada hasta el momento a las entidades de crédito, caso de las cuentas vinculadas a las nóminas, uno de los productos que más vinculan al cliente con su banco.

Mientras que las reglas bancarias más laxas de EE UU sobre las europeas frenan la entrada de inversores, y por lo tanto de capital en el sistema financiero del Viejo continente. O, por o menos eso dicen.

Uno de los últimos en expresar su malestar con las reglas de juego de las fintech y de las normas europeas ante las norteamericanas ha sido el consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez.

Álvarez participado en un debate con la comisaria europea de Estabilidad Financiera, Mairead McGuinness, sobre la situación de la banca europea y su escasa rentabilidad frente a competidores internacionales, y sobre el papel de los reguladores. En la reunión el directivo explicó que para un grupo global como Santander, que actúa en muchos mercados locales, las diferencias de regulación entre Europa y otras áreas, como EE UU, suponen un desafío.

Ante la pregunta de si un banco como Santander tiene que temer más la competición de los grandes bancos estadounidenses o la de las nuevas plataformas financieras, Álvarez declaró que las fintech sí representan una amenaza, pero porque no compiten en paridad de condiciones con los bancos, que están sometidos a una regulación mucho más dura. La comisaria europea argumentó ante ello que los bancos tienen que competir con estas nuevas entidades centrándose en la tecnología y en entender qué les piden las nuevas generaciones. Álvarez recalcó que lo que urgen los bancos a los reguladores no es protección frente a los nuevos competidores, sino reglas del juego iguales para todos.

Sobre los bancos estadounidenses, el CEO de Santander explicó que en Europa no compiten en banca comercial, pero sí en banca mayorista y es difícil para los europeos seguirles el paso, porque los grupos de EE UU tienen un mercado único y son mucho más grandes, mientras que en Europa aún no existe un mercado único de capitales. Los bancos americanos, además, son bastante más rentables, porque allí el coste de los servicios financieros es más elevado. Mairead McGuinness fue clara.

Aseguró que las dificultades para alcanzar esta unidad de mercado se deben a las resistencias de los Estados miembros. Y abogó por los procesos de concentración transfronterizos. Álvarez dio la vuelta a la tortilla a los argumento de las comisaria al alegar que las fusiones entre bancos europeos siguen siendo muy complicadas, porque cada país sigue manteniendo sus propias reglas. Conclusión, sálvese el que pueda.

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