¿La inflación es transitoria o ha venido para quedarse?

Todo apunta a que estamos ante un repunte coyuntural de los precios, pero no se debe bajar la guardia ante el riesgo de que pueda no ser pasajero

Junto al crecimiento económico y la reducción del desempleo, el control de la inflación es uno de los principales objetivos económicos, y es un tema de debate actualmente. Ante un aumento generalizado de los precios, se produce una pérdida de poder adquisitivo, lo que significa que con la misma cantidad de dinero se pueden adquirir menos bienes y servicios porque su precio ha subido.

En este sentido los datos son bastantes ilustrativos. En Estados Unidos la inflación subió un 5,4% en julio comparado con el mismo mes del 2020, y en la zona euro la inflación aumentó un 3% en tasa interanual, muy por encima del objetivo de estabilidad de precios (2%), según Eurostat. España no es ajena a todo ello, ya que los precios aumentaron el 3,3% anual, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Llegado a este punto hay que preguntarse: ¿Es una tendencia coyuntural o es más bien estructural y la inflación ha venido para quedarse? Antes de contestar a esta pregunta y para una correcta interpretación de los datos es importante tener en cuenta algunos factores que impulsan la inflación.

El aumento del nivel de precios se ve afectado de manera relevante por el impacto del efecto base. Es decir, el resultado de comparar los valores actuales muy superiores a los de 2020 debido a que, buena parte del año pasado, la economía estaba casi paralizada por la pandemia lo que provocó una fuerte caída de los precios (estábamos en deflación). Esperamos que dicho efecto se vaya diluyendo con el paso del tiempo.

En este sentido, las afirmaciones de Christine Lagarde, presidenta del Banco Europeo, son bastantes esclarecedoras: hace un año se pararon muchas actividades y los precios tenían una tendencia a la baja. El mismo mecanismo permite poner en perspectiva las altas cifras de crecimiento que se anuncian en todo el mundo para 2021. Es más fácil aumentar la actividad en un 4%, 5% o incluso un 7% después de un año parado.

Otro de los factores se refiere a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia del Covid-19 que afectaron a la actividad de la industria y tienen un coste económico. Aunque la industria se está recuperando, está teniendo problemas debido a los cuellos de botella en el suministro de materias primas. Es el caso concreto del sector del automóvil, que se ha visto perjudicado ante la escasez mundial de componentes electrónicos, como los chips y los semiconductores, que ha paralizado su actividad en todo el mundo. Consideramos que estos problemas serán transitorios y deben de ir desapareciendo paulatinamente, cuando la oferta se adecue a la demanda y esta vuelva a la normalidad.

Hay que añadir también el sustancial incremento de los fletes del 500% o superior según destinos. Ello es debido al repunte del comercio internacional, desde el segundo semestre de 2020, por el fuerte tirón de Estados Unidos (consecuencia de los megaestímulos monetarios antipandemia) que ha provocado la insuficiencia de contenedores necesarios para mover la carga.

En China, la fábrica del mundo, se están produciendo aumentos de costes de producción que van a empezar a trasladarse al resto del mundo a través de todos sus productos made in China. Además, la fortaleza de su moneda (el yuan) se ha revalorizado respecto al euro y el dólar. Un aumento de su tasa real de cambio significa que sus productos serán más caros lo que podría provocar que China exporte inflación al resto del mundo.

Frente a todo ello, el exceso de ahorro está actuando como muro de contención para frenar la inflación. Así, el crecimiento experimentado por la tasa de ahorro de los hogares se situó en el 4,9% de su renta disponible en el primer trimestre de 2021, según el INE. Esta tasa multiplica por más de dos la registrada en el mismo trimestre del año anterior (1,8%). Ello nos indica que la pandemia ha provocado un aumento sin precedentes de la incertidumbre, lo que explica que, según el Banco de España, los hogares congelen el consumo y ahorren más debido a motivos de precaución por miedo a un empeoramiento futuro de la economía y el empleo.

Por su parte, el BBVA Research estima que existe una bolsa de ahorro acumulada del orden de 68.000 millones de euros. A nuestro entender es difícil realizar una predicción basada solamente en la cantidad acumulada de bienes líquidos, ya que el ahorro no se distribuye por igual entre todas las personas, pueden ahorrar más quienes tienen mayor renta o patrimonio. Resulta difícil pronosticar de qué modo utilizará su dinero cada persona en particular. No sabemos quiénes decidirán consumir de forma súbita debido a que dejaron de ahorrar por motivos de precaución, y quienes tendrán una actitud más proclive al ahorro y, por tanto, consumirán menos.

Por lo expuesto, sería prematuro hablar de inflación estructural sino más bien de un repunte coyuntural en el nivel de precios. En idénticos términos se expresaba últimamente el Banco de España: El reciente repunte de la inflación presenta, a priori, un carácter transitorio.

Sin embargo, todo ello no quiere decir que bajemos la guardia y no debamos prestar la debida atención a las crecientes subidas de precios. Existe el temor de que las presiones inflacionistas sean menos pasajeras de lo estimado en principio y que repercuta, como siempre, en el peor impuesto para los receptores de rentas constantes, jubilaciones, y perjudique en general a las personas con menos recursos económicos, como así mismo, a aquellos que tienen menor capacidad para protegerse contra las alzas de precios.

Vicente Castelló Roselló es profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local xe axxil ex xexaxiaxo opxixixx xaxo xue xe apxexiax xuxe