La pandemia dispara hasta el 7% el número de personas con carencia material severa

Esto supone un aumento del 50% respecto a 2019, según datos del INE

A su vez, el porcentaje de personas en riesgo de pobreza o exclusión social subió 1,1 puntos hasta el 26,4%

Una persona sin hogar, tras pasar la noche en la puerta de una entidad bancaria.
Una persona sin hogar, tras pasar la noche en la puerta de una entidad bancaria. EFE

La pandemia ha devuelto a España al peor momento social de la crisis financiera. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha informado este jueves en su Encuesta de Condiciones de Vida, que el número de personas con carencia material severa se disparó durante 2020, pasando del 4,7% al 7%, lo que supone un aumento de casi el 50% en un solo ejercicio. No se veía una cifra de pobreza similar en España desde el 2014, cuando dicha tasa afectaba al 7,1% de la población.

Para considerar que alguien vive en una situación de carencia material severa, se deben de dar una serie de circunstancias como que dicha persona no pueda permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días; que no sea capaz de mantener la vivienda con una temperatura adecuada; que no pueda afrontar gastos imprevistos; o que haya tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad...) o en compras a plazos en los últimos 12 meses, entre otros.

En este sentido, por ejemplo, en cuanto al primero de los parámetros mencionados, un 5,4% de la población no pudo permitirse consumir carne, pescado o pollo al menos cada dos días, lo que supone un incremento respecto al año anterior de 1,6 puntos. También creció con fuerza el número de personas que se retrasó en el pago de gastos relacionados con la vivienda, en 5,2 puntos, hasta el 13,5%. Además, casi un 11% de la población no pudo permitirse mantener su hogar caliente (esto es 3,3 puntos más que en 2019).

Por otro lado, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (conocida como tasa Arope) se incrementó en 1,1 puntos el año pasado, hasta situarse en el 26,4%. Dicha tasa se construye en base a tres indicadores, de los cuales dos de ellos aumentaron durante el 2020. Estos son el porcentaje de gente en riesgo de pobreza, que subió 0,3 puntos hasta el 21%; la mencionada carencia material severa; y el porcentaje de personas que residen en hogares con baja intensidad en el empleo. Este último es el único que se reduce respecto al ejercicio anterior, en 0,9 puntos, hasta el 9,9%.

Los parados, los más vulnerables

Según el estudio, más de la mitad de los parados en España (el 54,7%) estuvieron en riesgo de pobreza o exclusión social en 2020. Son, de lejos, el colectivo más vulnerable en relación a la actividad. Les siguen aquellas personas incluidas en el apartado “otros inactivos”, con un 38,6%. Con una tasa Arope mucho menor, los jubilados ocupan el tercer lugar, con un 16,7%. Por último, y a pesar de contar con un empleo, el 15% los trabajadores se encontró en riesgo de pobreza o exclusión social durante el año pasado.

Si se diferencia por niveles de estudios, aquellos con una formación primaria o inferior fueron el colectivo que más riesgo corrió de entrar en la pobreza, con un 36%. Es casi tres veces más que la tasa Arope de aquellas personas que han cursado estudios superiores a la secundaria. En este último grupo de población, a pesar de ser los más formados de la sociedad, el riesgo de pobreza y exclusión social escaló hasta el 13,7%.

Por nacionalidades, el colectivo que más posibilidades tuvo de ingresar en la pobreza fue el de los extranjeros procedentes de territorios de fuera de la Unión Europea. En este grupo, la tasa fue del 58%. Les siguieron los ciudadanos residentes en España procedentes de países comunitarios, de los cuales un 43,4% estuvo en riesgo de pobreza o exclusión social en el ejercicio pasado. En los españoles, por su parte, la tasa Arope fue del 22%.

Enormes diferencias entre autonomías

En cuanto a las comunidades autónomas, Extremadura es la autonomía con una tasa de riesgo de pobreza o exclusión social más alta, con un 38,7%. Le sigue Canarias, con un 36,3% y Andalucía, con un 35,1%. En contraposición, las comunidades con una mejor situación, son Navarra, con una tasa Arope de solo el 12% (menos de un tercio de la que tiene Extremadura); País Vasco, con un 13,9%; Aragón (18,5%); La Rioja (19%); y Castilla y León (19,8%). Estas son las únicas autonomías con una tasa de riesgo de pobreza o exclusión social inferior al 20%. Si se incluye a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, esta segunda sería la que lideraría el ránking, con un 42,4% de su población en riesgo de pobreza.

El estudio del INE también recoge el nivel de ingresos medios por persona durante 2019, es decir antes de la pandemia, y estos suben hasta los 12.292 euros, lo que supone un incremento del 5,2% respecto a 2018. Por comunidades autónomas, Extremadura, al igual que en la tasa Arope, quedó como la comunidad peor posicionada, con unos ingresos medios de apenas 9.147 euros por habitante. Le siguieron la Región de Murcia (9.850 euros); Canarias (9.935); y Andalucía (9.990).

Los ingresos medios anuales más elevados, por su parte, fueron los de los ciudadanos del País Vasco, con 15.813 euros por persona; Navarra, con 15.094 euros; y la Comunidad de Madrid, donde los ingresos medios por persona fueron de 14.580 euros en el año previo al comienzo de la crisis del coronavirus.

El 10% llega con mucha dificultad a final de mes

Sube 2,2 puntos. Según el estudio del INE, el 10% de la población llegaba a final de mes “con mucha dificultad” en 2020. Esto supone un aumento de 2,2 puntos respecto a 2019. Por su parte, el 35,4% no tuvo capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 33,9% del ejercicio precedente. Ambas tasas, a pesar del aumento interanual, quedan lejos de los picos que alcanzaron en la crisis anterior, que fueron del 18,6% y del 42,6%, respectivamente.

Más de un tercio no se va de vacaciones. El 34,4% no se pudo ir de vacaciones al menos una semana, lo que supone un incremento de un punto respecto a 2019. Aún así, es un porcentaje muy inferior al de 2013, el pico que se produjo durante la crisis financiera, cuando casi la mitad de la población (un 48%), no pudo irse de vacaciones ni una semana.

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