Los eurobonos se quedarán para siempre en las finanzas europeas

Se han abierto hueco y no parece fácil renunciar a ellos en el futuro

La Comisión Europea se estrenó ayer ante los mercados europeos como emisor de deuda para financiar los programas de recuperación de las economías del viejo continente, y lo hizo con notable éxito. Para captar unos 10.000 millones a diez años tuvo demanda de más de 140.000, y terminó adjudicando títulos por 20.000 millones y a unos tipos de interés muy agresivos. La colocación se cerró al 0,06% de interés, alejado de los tipos negativos a los que emite ahora Alemania, pero bastante más atractivos que los que soportan Francia, Italia o España. La idea es emitir hasta 100.000 millones de euros este año, mayoritariamente a medio y largo plazo, para financiar los proyectos que se pongan en marcha este primer año bajo el paraguas del programa Next Generation, y que todo indica que tendrán el abrazo amable del mercado, de los financiadores.

Aunque la doctrina germánica y sus diversas escuelas no son en absoluto partidarios de la emisión mancomunada de deuda en Europa, por considerar que cada país debe hacer frente a sus obligaciones financieras, muchas de ellas contraídas hace décadas, y aunque la idea difundida con profusión es que se trata ahora de emisiones de carácter excepcional para financiar dificultades excepcionales y cuyos títulos, por tanto, deben ser amortizados cuando venza el programa, los eurobonos se han abierto hueco y no parece fácil renunciar a ellos en el futuro. De hecho, varios países consideran esta operación como un ensayo general precisamente de la puesta en marcha de los eurobonos; y aunque no esté creado como tal el tesoro único europeo, la Comisión hará las veces de tal. Europa, a fin de cuentas, ha dado con la pandemia un paso de gigante en su integración fiscal.

No parece razonable amortizar dentro de diez años todo el programa que arranca ahora, puesto que sería preciso devolver casi dos billones de euros de una sola vez, algo que no cabe en ningún proyecto de presupuesto de la Unión Europea, o traspasar a cada tesoro nacional la parte proporcional que ahora tiene como subyacente un pasivo contingente regionalizado, y que supondría una carga poco asumible por algunas de las economías, especialmente las más endeudadas.

España encuentra en emisiones como la iniciada ayer un alivio muy generoso para su factura financiera, puesto que puede costear elevados programas de inversión pública a un precio mucho más barato, y ser convenientemente complementadas por financiación privada en la mayoría de los casos. Seguramente hoy la Comisión comunicará a España que ha dado el visto bueno a su plan de recuperación, para empezar a ejecutarlo y sostener un elevado ritmo de inversión durante los próximos ejercicios.