‘America is back’, con el ‘New Deal’ de Biden y Harris

El crecimiento de Estados Unidos impulsará el crecimiento global

America is back”, acaba de afirmar Joe Biden, presidente de EE UU, ante los países del G7 y los miembros de la Alianza Atlántica (OTAN). “América ha vuelto”, en todos los frentes. Comercio: tras 17 años de disputas por las subvenciones gubernamentales que reciben Boeing (EE UU) y Airbus (UE), las partes alcanzaron un acuerdo. Es un ejemplo significativo: las dos empresas y ambos bloques comerciales tienen un enemigo común, China, que quiere disputar el liderazgo aéreo comercial a los fabricantes occidentales. Defensa: en el comunicado de la OTAN se cita a China, en doce ocasiones, como amenaza. En el pasado solo se identificaba a Rusia como tal.

Biden ha dejado claro a los aliados que EE UU plantará cara a regímenes totalitarios (China) y autoritarios (Rusia). “A su manera”, como la canción de Paul Anka que popularizaron Frank Sinatra y Elvis Presley, Biden ya le ha espetado a Xi Jinping (China) que es un “ladrón”; y, a Putin, le dijo: “no tienes alma” (Putin le respondió con “ahora sabemos cuál es el punto de partida de nuestras relaciones”).

Al comercio y defensa, en el G7 y la OTAN, se suman ciberseguridad (China y Rusia hackean constantemente a Occidente), carrera espacial, tecnologías de la información, que enfrentan a big tech norteamericanas (Apple, Amazon, Alphabet-Google-YouTube, Facebook, Microsoft) con sus espejos chinos (Xiaomi, Alibaba-Ant, Tencent-WeChat, ByteDance­-TikTok, Huawei, Baidu).

La estrategia de Biden tiene dos frentes interrelacionados como vasos comunicantes: en el exterior, reforzar las alianzas que flojearon en la era Trump. En el nacional, un New Deal como el de Roosevelt (FDR): un programa de inversión pública de EE UU que impulsará la economía mundial incrementando en un 1,4% el crecimiento del PIB global, al tiempo que saca América de la recesión en 2021.

En esto coinciden las previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el Banco Central Europeo y la OCDE, que anticipan que el programa de inversión pública de Biden (su New Deal) sumará 1,4 puntos porcentuales al crecimiento económico mundial este año. Es decir, la economía mundial se expandirá 5,8% este año (versus el 4,4% inicialmente estimado), gracias a los tres paquetes de estímulos económicos de la administración norteamericana Biden-Harris, por importe de 6 billones de dólares: los primeros 3 billones, aprobados y aplicados, han generado 3 millones de empleos este año, rebajando la tasa de paro al 5,8%.

Janet Yellen (secretaria del Tesoro) y Jerome Powell (Fed) prevén que, en la segunda mitad de 2021, EE UU crecerá en PIB como lo hubiera hecho de no haber estallado la pandemia en marzo de 2020. Y el paro (3,5% en febrero de 2020) encaminará la vuelta al pleno empleo de nuevo en 2022.

La lógica es aplastante, no es nueva y tiene precedentes: una economía norteamericana boyante se traduce en un aumento de la demanda de bienes y servicios en el resto del mundo y, con el incremento del comercio global, el crecimiento económico mundial será mayor al que se produciría si América no invirtiera en infraestructuras, conectividad, digitalización, energías limpias y un renovado impulso al comercio global y la competencia con China en todos los frentes antes citados.

El mayor crecimiento económico de EE UU influirá positivamente en sus socios comerciales más cercanos (México, Canadá) y en las economías europeas y de Asia más orientadas a la exportación. Para las economías más avanzadas (miembros de la OCDE, como España), las implicaciones de un crecimiento más rápido de EE UU son positivas, incrementando exportaciones y, sobre todo, la confianza que impulsa la inversión empresarial.

Es una situación análoga a la vivida tras la Segunda Guerra Mundial, cuando EE UU asumió el liderazgo mundial y exportó democracia y capitalismo, sacando a Europa y a Japón de la crisis. Ahora, como entonces, cuando EE UU asume mayor protagonismo internacional tras el aislacionismo de Trump, surge otra potencia que quiere disputar a EE UU el liderazgo mundial: en 1946 fue la Unión Soviética (URSS) y hoy es China, que tiene la misma ideología comunista que la URSS, aunque utiliza el capitalismo de Estado para competir con EE UU.

La competencia con China –que Biden va a acometer con fuerza buscando aliados en Europa, Canadá, Australia, Japón y Corea del Sur– incluye comercio global, manufactura, finanzas, tecnologías de la información, digitalización e inteligencia artificial, ciberseguridad e ecommerce. Es una Segunda Guerra Fría, como ya se ha dicho.

En EE UU, la previsión de crecimiento del PIB es cercana al 7% en 2021. Las ayudas directas y fiscales a familias y pymes impulsan el crecimiento económico, la confianza y la mejora del mercado laboral, gracias también a la reapertura de la economía, como muestran los ejemplos de Florida y Texas. El consumo sigue siendo el motor de la economía americana, hasta suponer dos tercios de su PIB (el 70%), por lo que no es de extrañar que las dos corporaciones más grandes de EE UU sean retail y distribución: Walmart y Amazon.

Del liderazgo económico norteamericano se espera que, en Europa, aumente la actividad manufacturera, algo que beneficiará, especialmente, a Francia, Alemania e Italia. Tras la temporada turística, se prevé que la actividad repunte en Europa y que el PIB alcance el 4,25% este año. Los fondos de la Unión Europea deberían impulsar la inversión empresarial y el consumo privado, también en España. China seguirá creciendo en 2021 (8,5% en PIB), gracias a la producción industrial y las exportaciones.

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Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías