El falso dilema entre la salud y la economía

Elegir solo la salud garantiza que aumente la pobreza, pero desatenderla por completo no asegura evitar una recesión

La economía de la zona euro volvió a entrar en recesión al registrar una reducción del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,6 %, en el primer trimestre de 2021, según la oficina estadística Eurostat. Las fuertes restricciones sanitarias relacionadas con el Covid-19, continúan afectando a la actividad y tienen un costo económico, debido a que muchas actividades económicas como el consumo y el trabajo requieren interacciones personales.

Todos los países han sido afectados por las consecuencias de la pandemia, pero con intensidades diferentes. La economía francesa (0,4 %) creció en los primeros tres meses de este año, frente a Alemania (-1,7 %) e Italia (-0, 4%), que presentan datos negativos.

España no ha sido ajena a todo ello y ha sufrido también un retroceso en su PIB (-0,5%). Así el consumo de los hogares, uno de los motores del crecimiento económico, ha disminuido (-1 %), como consecuencia del cierre de comercios, la disminución del empleo sobre las rentas laborales y el aumento del ahorro por motivos de precaución (ahorros Covid). Además, la inversión también ha disminuido (-2,2 %).

El descenso de la actividad económica está produciendo un empeoramiento en el mercado laboral. En el primer trimestre de 2021 se ha producido una disminución del empleo de 137.500 personas, respecto al trimestre anterior (-0,71 %), según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

Sin embargo, los resultados del empleo por Comunidades han sido muy asimétricos: mientras el mayor aumento se registra en Madrid (40.400) los mayores descensos más pronunciados se observan en Comunitat Valenciana (-40.200), Andalucía (-30.800) y Canarias (-27.400).

Pero la realidad es otra si observamos un espacio temporal más amplio como es el anual. Un trimestre es una foto fija mientras que un año es un video. De este modo, los datos reflejan situaciones bien distintas. Madrid destruye empleo (-1,24 %) y se sitúa prácticamente en la mitad de la tabla entre todas las autonomías. Por otra parte, si se analizan los datos de desempleo en términos interanuales, se observa que aumenta el paro en Madrid con 56.800 personas (15,2 %) y se sitúa en el pódium del ranking superando la media española. Así mismo, respecto al paro registrado lidera el aumento anual entre todas las autonomías, con más de 33.000 personas en el mes de abril, según datos del Servicio Público de Empleo.

Si queremos ser rigurosos, para analizar con mayor precisión el mercado laboral, tendríamos que tener en cuenta el impacto del PIB y empleo turístico en comunidades autónomas y España. Así, se constata que la media de España es 12,4 % del PIB y 12,9 % del empleo turístico, respectivamente. Respecto a las autonomías, las más expuestas a la caída del turismo son Baleares, que se sitúa en primer lugar (45 % y 32 %), seguida de Canarias (35 % y 40 %) y Comunidad Valenciana (15,5 % y 16 %). Madrid, por el contrario y a la vista de sus porcentajes (7 % y 6,5 % respectivamente) depende menos del turismo, por lo que un cierre de la actividad le afecta en menor medida, según Alianza para la Excelencia Turística (Exceltur).

Por ello, es muy difícil evaluar o interpretar una gestión de una autonomía y realizar un análisis comparado, si no se conoce perfectamente su estructura económica sectorial y su dependencia a la actividad turística. No podemos comparar Hamburgo, que es eminentemente industrial, con Venecia, que es primordialmente turística.

Aplicar medidas sanitarias laxas con el fin de tener más actividad que las demás autonomías no es suficiente cuando una economía depende del funcionamiento de las demás. Ello, no sirve para garantizar un funcionamiento normalizado. Todos somos dependientes de los demás. Si está globalizado el mundo, cómo no van a estar interconectadas las autonomías.

En este sentido, recientemente observamos que algunos expertos manifiestan: “Nuestras vidas valen más que el dinero”, mientras otros dicen, “se avecina el fin de la economía y de nuestra sociedad”. Ello nos conduce a un dilema entre salud y economía.

Una epidemia es un shock para la sociedad. Elegir solo la salud es garantía para que aumente la pobreza. Mientras desatender la salud por completo, sin tomar ninguna medida sanitaria, no es garantía de evitar una recesión. Cuando las tasas de contagio aumentan, muchas personas deciden no salir de sus domicilios por temor a posibles contagios, lo que conduce a consumir menos servicios, sobre todo aquellos que requieren una relación presencial. Es decir, la actividad económica cae incluso en ausencia de medidas de contención. La economía la hacen las personas y no al revés. Es muy difícil de predecir el costo de una pandemia, tanto en términos económicos como humanitarios. Es más fácil explicar lo pasado que el futuro.

Por lo tanto, no nos encontramos ante un dilema habitual de la economía. Aquí no se trata de elegir entre una cosa y la contraria. Tendremos ambas pase lo que pase. Llegados a este punto tendremos que preguntarnos: ¿podemos tener menos enfermedades, menos muertes y menos recesión?

Por último, la evolución de la economía depende de la trayectoria de la pandemia. En este contexto, es difícil hablar de un equilibrio entre el PIB o la vida. Podemos perder en todos los frentes. No habrá recuperación económica para nadie mientras haya pandemia.

Vicente Castelló es Profesor Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local