Qué significa y qué no significa el triunfo holgado del Partido Popular

Habrá que esperar, porque España no es solo Madrid, pero hay ganadores y derrotados explícitos, y tendrá consecuencias

Los resultados electorales sacados de las urnas anoche para repartir los 136 escaños de la Asamblea de Madrid ofrecen una serie de enseñanzas que todo responsable político debería considerar si pretende ofrecer soluciones a los administrados. Los comicios se han celebrado en una especie de anormalidad política, social y económica: son fruto del efecto mariposa de una maniobra política sorpresiva a media legislatura sobre otra no menos sorpresiva; han cabalgado la mayor crisis sanitaria que se recuerda; y sobre todo en medio de una crisis económica y laboral muy complicada. La abultada victoria del PP de Isabel Díaz Ayuso, que precisará del respaldo de Vox para gobernar, tiene, por tanto, una lectura también política, sanitaria y económica.

Es la primera vez desde que la participación política está tan atomizada en Madrid y en España que se produce un reagrupamiento del voto, fulminando a uno de los partidos (Cs) que había protagonizado la rebelión contra el bipartidismo, y otorgando un porcentaje al partido más votado, en este caso el PP, que en condiciones normales le permitiría gobernar en solitario. Incluso Vox, partido emergente en la última consulta nacional, ha visto ahora cercenadas su expectativas por la derecha moderada. En la izquierda, por contra, persiste la división, pero empequeñeciendo la figura de Iglesias.

No es fácil elevar a categoría nacional lo que ha ocurrido en Madrid. Pero teniendo en cuenta que el Gobierno ha querido convertirlo en acontecimiento nacional diseñando desde Moncloa la campaña, y que la propia Ayuso no ha rehuido tal trama a la busca de todos los votos críticos con Sánchez, el resultado merece la atención de unos y la preocupación de otros, aunque sea arriesgado dar por hecho que hay un cambio en el ciclo electoral. Habrá que esperar, porque España no es solo Madrid, pero hay ganadores y derrotados explícitos, y el PSOE y sus líderes, todos sus líderes, son los grandes derrotados. La gestión de la pandemia ha influido en el sufragio de los madrileños y es la primera censura seria que el Gobierno de la nación recibe en esta materia, consecuencia en parte de las decisiones erráticas de Moncloa, que confrontaban con las de la Puerta del Sol.

Pero donde está el quid de la cuestión es en la forma de acoplar el combate del Covid con la actividad económica, donde Ayuso ha sido más arriesgada, flexible y combativa para mantener abiertos los negocios y minimizar los efectos sobre el empleo y las rentas de la gente, y cuya apuesta los datos de empleo confirman. La defensa de una economía abierta, flexible y de bajos impuestos practicada por el PP de Madrid ha calado en el votante, máxime cuando el Gobierno y el PSOE han planteado alzas impositivas, incluso en las figuras en las que Madrid tiene, por cesión constitucional, competencia reconocida.