Draghi y las responsabilidades del ‘policy-maker’

Son, según él, el conocimiento, el coraje para tomar decisiones difíciles y la humildad para adoptar medidas intermedias cuando es necesario

Muchos sabemos quién es Mario Draghi, de dónde viene, pero conviene recordarlo ahora para entender su pensamiento económico y prever las políticas que llevará a cabo el nuevo Gobierno italiano. Draghi obtuvo el doctorado en Economía por el MIT en 1977, trabajando con grandes economistas como Franco Modigliani, Robert Solow, Stanley Fischer y Jerry Hausman. A lo largo de los años, entre los múltiples cargos que ha desempeñado, destacan los de director general del Tesoro italiano, gobernador del Banco de Italia y presidente del BCE, además de haber formado parte del Comité Económico y Financiero Europeo y del Consejo de Estabilidad Financiera.

Amante de la teoría y de la política económicas, el nuevo primer ministro sabe que una teoría positiva no sirve si no desemboca en la teoría normativa. La teoría Draghi la conoce bien, ya que tuvo algunos de los mejores profesores en ese ámbito. Sus principales interlocutores en MIT, Modigliani y Solow, son ganadores del Nobel y se cuentan entre los más destacados economistas del siglo XX. A Modigliani se le conoce, por ejemplo, por los estudios sobre el ciclo vital del consumo y el teorema Modigliani-Miller. A Solow, por haber estudiado a fondo el impacto del progreso técnico sobre el crecimiento económico.
La pasión por la cultura y en particular por la economía a Draghi le venía de mucho antes. Es llamativo que, en su tesis doctoral, Teoría económica y aplicaciones, Draghi escribió de manera explícita que se sentía deudor de sus maestros de Roma por sus planteamientos de teoría y política económicas. Los maestros eran, con gran probabilidad, los jesuitas del Liceo Massimo y los profesores, como Federico Caffè, de la Universidad Sapienza. Por todo ello, podemos estar seguros de que Draghi pondrá mucha atención a la educación y al diálogo entre partes, tal como le enseñaron sus maestros jesuitas y, más tarde, los profesores liberales en EE UU.

Este origen cultural ha sido su brújula a lo largo de toda su vida profesional. La huella se refleja en una conferencia magistral que impartió en la Universidad Católica de Milán poco antes de que acabase su mandato en el BCE. Ese día, habló sobre las responsabilidades del policy-maker, que según su opinión son el conocimiento, el coraje y la humildad. Esas responsabilidades, que él hizo propias en el BCE, son las mismas que, previsiblemente, le guiarán en la conducción del Gobierno italiano.

Conocimiento como capacidad de verificación empírica de las hipótesis adoptadas con el único objetivo de satisfacer la voluntad de la ciudadanía. De hecho, y aquí notamos su internacionalidad, el mismo Draghi recuerda que las instituciones pensadas en Bretton Woods en 1944, el FMI y el Banco Mundial, no existirían sin los estudios llevados a cabo por el economista Ragnar Nurkse y por la experiencia de John M. Keynes. El conocimiento, para Draghi, implica analizar los costes y los beneficios de una política para determinar los ganadores y los perdedores, enfrentándose también con políticas no convencionales.

En el caso del BCE, los economistas lo recordarán, el banco de Fráncfort evaluó que los tipos negativos en grandes economías podían garantizar esa estabilidad de los precios que es el objetivo del BCE establecido constitucionalmente. Además, con la compra de títulos públicos por parte del BCE, Draghi autorizó la ayuda a la economía real, más que al sector público. Las dos políticas juntas permitieron un crecimiento del PIB y de la inflación en la Eurozona del 2,6% y del 1,3% respectivamente entre 2015 y 2018. Conocimiento significa también ponerse al día, para garantizar el progreso científico, ya que las teorías no lo explican todo. Esto Draghi lo tiene claro, ya que, según él, la autorregulación de los mercados financieros no se ha verificado tal como se solía pensar en los círculos académicos.

La segunda responsabilidad del policy-maker, según el exgobernador, es tener el coraje para enfrentarse con las decisiones difíciles y, aun así, dictadas por la evidencia. Fue así como, pese a los que se oponían, fueron creados el Mecanismo Europeo de Estabilidad, la Autoridad Bancaria Europea y el Fondo de Resolución Único. Pasar a la acción es necesario, según Draghi, siempre que esa acción sea en beneficio público y pese a que pueda dañar ciertos intereses constituidos. La suma ex post de los excedentes tiene que ser mayor siempre que la ex ante. Así, uno de los principales logros de las intervenciones de Draghi fue el aumento del empleo en la Eurozona en 11 millones de personas desde 2013. Actuar significa siempre hacerlo con el objetivo de conseguir los resultados esperados por la ciudadanía. Por ello, Draghi anunció las operaciones monetarias sin restricciones (OMT, por sus siglas en inglés). A pesar de la oposición a dichas políticas, que según algunos desembocaban en el ámbito fiscal y por tanto escapan a las competencias del BCE, el TJUE las autorizó. El anuncio de las OMT hizo caer notablemente el spread en los siguientes dos años, desde niveles muy elevados en países económicamente más débiles como los mediterráneos. De esta manera, se impidió que hubiese deflación y se garantizó la estabilidad de los precios. Fue en esa circunstancia de julio de 2012 cuando Draghi pronunció las famosas palabras "whatever it takes", lo que sea necesario, para salvar la Eurozona. Las OMT nunca vieron luz, pero su anuncio tuvo un impacto benéfico crucial para la Eurozona.

La tercera responsabilidad, según Draghi, es la humildad, sinónimo de actuación según el mandato que el policy-maker tiene que respetar. Y cuando una política es en favor y simultáneamente en contra del mandato, la vía intermedia siempre tiene que prevaler. En este sentido, le gusta recordar la financiación del BCE a Grecia en 2015. Esta ayuda nunca fue sin condiciones, ya que la financiación tenía que estar garantizada por colateral de calidad, pero era necesaria para garantizar la estabilidad de los precios. Humildad, finalmente, también quiere decir reconocer que el mix de políticas monetarias y fiscales siempre es necesario para alcanzar objetivos comunes.

Por tanto, liderada por Mario Draghi, Italia tendrá un papel activo y participativo en las instituciones internacionales, sobre todo en las europeas. La educación podría verse potenciada, y de hecho ya se habla de que el fin de este año académico se vea aplazado. El sector privado será una de las prerrogativas del Gobierno, que hará todo lo posible para corregir las imperfecciones de mercado.

La digitalización y el progreso técnico tendrán un papel clave en el fomento del crecimiento económico, a través del Ministerio para la Innovación Tecnológica y la Transición Digital. La política fiscal se llevará a cabo con el fin de estabilizar los precios, reduciendo los impuestos sobre el trabajo y desfavoreciendo la evasión fiscal. Además, es previsible mucha atención a la lucha contra el cambio climático, cuyos costes netos para la economía –en particular sobre el sector agrícola– han sido claramente demostrados por varios economistas, incluyendo a Martin Weitzman, muy valorado por Draghi.

Andrea Carrera es profesor de Economía Internacional en la Universidad Nebrija