Las pandemias se llevan mal con la economía

Alemania y Reino Unido han compensado sus pérdidas de rentas con cerca del 90% frente al 55% de España, Francia e Italia

Las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia del Covid-19 han provocado en el año 2020 una caída de proporciones históricas del producto interior bruto (PIB) y del empleo en las economías mundial y en la Unión Europea (UE) con gravísimas consecuencias sociales y económicas.

Todos los países han sido afectados por las consecuencias de la pandemia, pero con intensidades diferentes. Así, se estima una pérdida para el conjunto de la UE del orden del -8 %, y, en países como Alemania y Francia, del -5 % y -8,3 % respectivamente.

España no ha sido ajena a todo ello y ha sufrido también un fuerte impacto económico. Así, el consumo de los hogares, uno de los motores del crecimiento económico, ha registrado un descenso del -8,4%, como consecuencia del cierre de comercios, la disminución del empleo sobre las rentas laborales y el aumento del ahorro por motivos de precaución (ahorros Covid). De este modo, el PIB experimentó una caída histórica del -11% (125 mil millones de bienes y servicios que han dejado de producirse), pero su amplitud es inferior a las previsiones más pesimistas.

El descenso de la actividad económica se ha traducido en un empeoramiento del mercado laboral pero ha sido amortiguado, al igual que en diversos países europeos, por medidas como los ERTE y el recurso al teletrabajo. El año de la pandemia ha provocado una disminución del empleo de 622.000 (-3,1%) personas y un aumento del paro de 527.000 (+16,5%) hasta alcanzar una tasa de paro del 16,3% (+2,3 puntos porcentuales con relación al mismo periodo del año anterior). Mientras en la zona euro el aumento del desempleo ha sido inferior (0,9) y en países como Alemania (1,3) y Francia (0,6).

Llegado a este punto hay que preguntarse: ¿por qué el impacto de la crisis provocada por la pandemia ha sido tan asimétrico?

Varios son los factores que explican la asimetría de las situaciones económicas frente a la pandemia. Entre ellos hay que destacar la intensidad de las medidas restrictivas a la movilidad, en las que España han sido uno de los confinamientos más duros y la estructura de los diferentes modelos sectoriales económicos.

Habría que añadir las medidas de apoyo económico para paliar la reducción de ingresos a los hogares y autónomos por parte de las distintas administraciones públicas. Así, Alemania y Reino Unido han compensado sus pérdidas de rentas con cerca del 90% frente al 55% de España, Francia e Italia. España es uno de los países que está sufriendo con mayor intensidad la contracción de su economía, con relación a países de su entorno, por su marcada dependencia económica del turismo (en torno al 12,5 % del PIB en condiciones normales, hoy cerca del 4 %), que contribuye a que la economía española se haya visto especialmente afectada. Casi dos de cada tres empleos perdidos en 2020 pertenecen al sector de hostelería.

Las actividades más directamente afectadas por el confinamiento son precisamente aquellas que tienen que ver con las limitaciones a la movilidad, como es el caso del turismo, ya que suponen una cuarta parte del PIB, según el Banco de España. En concreto la aportación del turismo al PIB es la más elevada entre los países de la OCDE lo que contrasta, con datos muy inferiores, en países como Francia (7,4%), Italia (6%), Alemania (4%) y Reino Unido (3,2%), según un informe de la OCDE (Tourism Trends and Policies 2020).

Otro factor importante, que es además una de nuestras asignaturas pendientes, se refiere a la elevada incidencia de la temporalidad del empleo –por no hablar de la precariedad– en nuestro país (24,6%), que se sitúa lejos de la media europea (14%). El elevado número de contratos temporales es un rasgo de la contratación en España (aproximadamente el 90% en 2020), que repercute en una mayor vulnerabilidad de las rentas de los hogares ante las consecuencias de la pandemia, ya que muchos trabajadores no pueden acogerse a las medidas de ayudas públicas.

La elevada dualidad entre trabajadores con contrato fijo y eventuales se ha traducido en una concentración en las pérdidas de puestos de trabajo (casi dos de cada tres empleos destruidos son temporales), que tienen su mayor exponente en las actividades turísticas, normalmente, intensivas en empleos temporales.

Hay que destacar la importancia de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), que han sido un salvavidas para amortiguar miles de empleos. A principios de la pandemia, se vieron afectados 3,4 millones de ocupados hasta llegar actualmente a 755.000 personas. Por lo tanto, la reducción de los ingresos de los hogares ha sido absorbida en parte por las finanzas públicas (35.000 millones de euros para ERTE y autónomos) ya que la pérdida de empleo se ha cebado con los trabajadores y familias vulnerables. El 90% de los empleos perdidos se ha concentrado en personas con bajo nivel de formación, según el Instituto Nacional de Estadística.

En las circunstancias actuales la recuperación de la economía está llena de incertidumbres. La esperanza para hacer frente a la pandemia es la vacuna. Las garantías para reducir la incertidumbre dependen de la administración de las vacunas. Realizar proyecciones de crecimiento para la economía española con el objeto de restablecer un retorno progresivo para la normalidad económica resulta un ejercicio muy arriesgado. Por todo ello, la evolución de la economía española y mundial va a depender muy directamente del proceso y la evolución de la pandemia.

Vicente Castelló es Profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local