La gestión pasiva busca hueco en las carteras más abultadas

Los ETF sostenibles, cada vez más demandados

Ha crecido el interés por los fondos cotizados de renta fija

ETF
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Las grandes entidades de banca privada aseguran que las estrategias de gestión pasiva forman parte de las carteras de sus clientes “como complemento”. Hablamos de instrumentos como fondos cotizados (ETF) o fondos indexados que replican índices y que en el volátil 2020 han visto aumentar su importancia y ampliar la gama de propuestas.

“Los ETC [variación de los ETF que replica el comportamiento de una materia prima] sobre el petróleo centraron gran parte del interés en los meses de marzo y abril de 2020. También los ETC de oro y ETF de índices conocidos, junto con los de ASG, son los que obtuvieron una mayor atención”, resume Antonio Royo-Villanova, especialista en productos de gestión pasiva en DWS, “aunque las mayores entradas las concentran los índices tradicionales, tipo S&P 500, MSCI USA, Dax, emergentes, etcétera”.

Según Tania Salvat, del área de ventas de BlackRock para España, además de la renta fija, “hemos visto una gran demanda por materias primas y ETF temáticos que permiten acceder a lo que denominamos megatendencias, una serie de fuerzas transformadoras de la sociedad en la que vivimos y que ofrecen exposición al crecimiento de largo plazo. En un año marcado por la crisis del Covid-19 ha habido mucha demanda por productos de tecnología y salud”.

Pero si algún tipo de estrategias pasivas ha explosionado este año estas son las vinculadas a los criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG). Nina Petrini, responsable de ETF e inversión pasiva de UBS AM en Iberia, valora especialmente el crecimiento de los flujos en esas estrategias. De hecho, “casi la mitad de las nuevas captaciones de 2020 en vehículos de renta variable son sostenibles. Es un segmento clave para los inversores”, asegura.

La oferta de temáticos para captar megatendencias ha aumentado

También Adrià Beso, responsable en España de WisdomTree, advierte de que, si bien la inversión ASG no es nueva, y ya era un tema candente antes del Covid-19, “2020 ha sido el año de consolidación impulsado por tres factores: fuerte impulso regulatorio, mejor desempeño relativo durante el periodo de crisis en comparación con estrategias no ASG y más demanda de los inversores respaldada por una mayor conciencia social”.

Para Juan San Pío, director comercial de Amundi ETF para Iberia y Latinoamérica, lo más llamativo en 2020 es la forma en que el mercado de ETF navegó por la crisis. “Los ETF demostraron su resiliencia y confirmaron su utilidad. En particular, los de renta fija lograron proporcionar un acceso continuo y una liquidez resiliente incluso en los segmentos del mercado en los que la reducción de la liquidez fue más aguda”.

Las cifras

666.700 millones de euros es el total de suscripciones de ETF a nivel global, una cifra récord según Amundi. La renta variable representó algo más de la mitad, con 358.200 millones, y la renta fija, 260.100 millones.

14% es el crecimiento de los ETF europeos en 2020. Según los datos de Morningstar, los activos bajo gestión ascendían a 1,053 billones de euros, frente a los 923.000 millones de finales de 2019.

2.357 millones de euros es el importe de los ETF negociados en la Bolsa española hasta noviembre de 2020, según BME, lo que supone un alza del 53,2% frente al mismo periodo de 2019.

El inversor europeo, y en especial el español, es históricamente muy conservador, por lo que efectivamente ha encontrado en los ETF de renta fija una alternativa para gestionar sus ahorros en momentos de mayor volatilidad. Sin embargo Mar Barrero, directora de análisis de Arquia Profim Banca, considera que este tipo de estrategias “en la mayoría de los casos utilizan derivados para replicar a los índices, por lo que pueden experimentar una mayor volatilidad y un mayor riesgo que un fondo de inversión de gestión activa”.

También es escéptico Philipp Vorndran, estratega de mercados de Flossbach von Storch, quien ve apropiados los ETF para inversores que actúen tácticamente y sean conscientes de los riesgos que implica: “Si espera que el mercado japonés se recupere con fuerza, un ETF que replica el Topix es, sin duda, un buen instrumento. Pero ¿qué inversor particular tiene una opinión tan clara? No muchos”.

Por su parte, Araceli de Frutos Casado, titular de una empresa de asesoramiento financiero y miembro de Aseafi, señala que, en el caso de los ETF, “la falta de diferimiento fiscal es un hándicap a la hora de recomendar este tipo de productos”, por lo que su presencia en una cartera particular es más limitada.

Ventajas

Rendimiento. Según resalta Unai Ansejo, cofundador y consejero delegado Indexa Capital, “frente a la gestión activa, está siendo otro año en el que, después de comisiones, los fondos indexados han obtenido más rentabilidad”. De acuerdo con los datos del estudio Spiva (S&P Index Versus Active), en la primera mitad del año el 67% de los fondos domésticos de gestión activa han tenido peor comportamiento que el índice representativo”.

Comisiones. Cada vez más inversores están reconociendo las bondades de añadir productos indexados a sus carteras, dice Giorgio Semenzato, CEO y cofundador de Finizens. “No solo por la performance, que también, sino por las comisiones ajustadas frente a altas comisiones no justificadas por la mediocridad general de los rendimientos de las alternativas tradicionales.

Fiscalidad. Jordi Mercader, CEO de ­inbestMe, cree que los inversores individuales en España aún desconocen las principales virtudes de los ETF, “entre las que destacaríamos sus bajos costes, transparencia y, más que nunca, su amplia oferta”, y cuando piensa en gestión indexada, “se decanta más en invertir a través del hermano del ETF, el fondo indexado, por su mejor tratamiento fiscal”, aunque asegura que en inbestMe aplican estrategias de optimización fiscal inteligente que logran un efecto similar en el diferimiento fiscal.

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