El malogrado legado económico de Trump

La pandemia y los conflictos políticos han enturbiado una gestión con la que EEUU creó 20 millones de puestos de trabajo y alcanzó el pleno empleo

Epasado martes fue el último día de Donald Trump-presidente. Al margen de asaltos al Capitolio y segundo impeachment, la situación económica que deja el ya expresidente tiene mayor calado que los titulares sensacionalistas. Escándalos, guerras, y, por encima de todo, la herencia económica de un presidente es su legado y por ello será recordado en la historia. Trump protagonizó tres años de crecimiento económico y creación de empleo, hasta febrero de 2020, con una tasa de paro del 3,5% (pleno empleo). la irrupción del Covid-19, en marzo, cambió todo. Aunque 2017, 2018 y 2019 fueron económicamente buenos para EEUU, lo que pasará a la historia será 2020, el año que empeoró sustancialmente todo.

¿Qué se recuerda de los presidentes previos a Trump? Roosevelt se asocia con el New Deal, programa económico para abandonar la Gran Depresión (1929-1946); obviamente, Roosevelt pasó a la historia por la victoria de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, más que su sucesor, Truman, recordado por lanzar bombas nucleares en Japón y por la guerra de Corea (1950-1953). Respecto a Ike, Eisenhower, héroe de la Segunda Guerra Mundial que liberó Europa del nazismo, su presidencia se considera “la-aburrida-época de la normalidad”: crecimiento económico, trabajo, consumo, creación de centros comerciales y, de trasfondo, la Guerra Fría. Eisenhower no acometió guerras y presidió un país en expansión económica: su recuerdo está asociado a su enigmático último discurso en el que advirtió “del poder del complejo militar norteamericano”. El significado de sus palabras fue entendido tras el asesinato de su sucesor, Kennedy, JFK, cuando retiraba (6.000) asesores de Vietnam.

Económicamente, la presidencia de Kennedy fue excelente. América era Camelot, glamour, Marilyn, Elvis y la promesa de “llevar un hombre a la luna antes que acabe la década”. La presidencia de Kennedy –con trasfondo de prosperidad– estuvo salpicada de sucesos militares en el contexto de la Guerra Fría, que le enemistaron con la cúpula militar, la CIA y el FBI de Edgar Hoover: la fallida invasión de Cuba, con el desastre de Bahía de Cochinos, el Muro de Berlín; la crisis de los misiles de Cuba y, en última instancia, su asesinato, en noviembre de 1963. Estos acontecimientos recuerdan a Kennedy más que el crecimiento económico. Nixon protagonizó una presidencia llena de escándalos que culminaron con su dimisión para evitar el impeachment (Watergate). En economía, su presidencia fue el comienzo de la stagflación: poco crecimiento y fuerte inflación, que continuaron con Ford y Carter.

El crecimiento económico y el empleo volvieron con Reagan, cuyo primer mandato estuvo inspirado por su lema Let’s make America great again y, el segundo, por It’s morning in America again, por la buena marcha de la economía y el recuperado optimismo. Le sucedió George Bush Sr. quien –aunque ganó la Guerra del Golfo y gestionó bien el derrumbe de la URSS– perdió las elecciones frente a Bill Clinton en 1992, por no comprender lo que más importa a los americanos: “It’s the economy, stupid!”.

Clinton es recordado por escándalos y el intento de impeachment (Mónica Lewinsky). Pero ha pasado a la historia por recuperar el crecimiento económico y empleo, la computación (Tercera Revolución Industrial), las TIC, el ordenador conectado a internet y el aumento de productividad y competitividad empresariales gracias a las tecnologías de la información. Su sucesor, Bush Jr. pudo haber seguido esa estela económicamente exitosa, pero el 11S y las guerras en Oriente Medio cambiaron el curso de su presidencia: por esas guerras ha pasado a la historia.

Obama hizo historia por sí mismo (2008-2016) e impulsó la recuperación económica tras la Gran Recesión (2007-2009) con creación de empleo y aumento del PIB desde junio de 2009.

Y llegó Trump, en noviembre de 2016. Sus bajadas de impuestos en 2017 estimularon el círculo virtuoso del consumo y la producción. La guerra comercial y tecnológica con China favorecieron intereses empresariales norteamericanos. La renegociación de acuerdos de libre comercio a favor de EEUU fue eficaz, pero alienó a los aliados.

Trump deja su presidencia marcada por la pandemia. Durante su mandato se crearon 20 millones de empleos (2017-2020), tantos como los 20 millones de desempleados que desencadenó el Covid-19. Turismo, automóviles, consumo… fueron afectados por el virus. Trump aprobó los paquetes de estímulo económico más potentes de la historia americana: dos billones de dólares en marzo (Care Act) que estimularon el consumo y crearon empleo siete meses seguidos. En diciembre de 2020, un paquete de ayuda de 900 billones de dólares. Sin estos estímulos, la economía norteamericana hubiera decrecido más del -4,3% de PIB estimado y la tasa de paro sería superior al 6,7%. El papel de las Big-Tech y su poderío con el mayor valor bursátil de la historia; récords históricos en los mercados de valores.

Las últimas percepciones permanecen: 2020 acabó con un trimestre de desempleo y caída en las ventas retail en Navidad, con desaparición de 5.000 tiendas de ropa, algunas centenarias como Brook Brothers y JC Penney, transformación de la distribución a favor del comercio electrónico, en detrimento del centro comercial y “la tienda física”.

Dicen que China sobre pasará a EEUU como potencia económica mundial porque creció en PIB un 2,3% y América decreció un 4,3%, en 2020. Aunque el legado económico de Trump se haya malogrado por la pandemia, el PIB de EEUU, hoy, es de 20.800.000 millones de dólares vs 15.400.000 millones de China. Y la renta per cápita americana es de 63.052 dólares, vs 10.000 de China.

Con Trump o con Biden, mucho le queda a China para alcanzar a EEUU.

Jorge Díaz Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Hillary vs Trump’; ‘Trump, año uno’; ‘Trump, año de trueno y complacencia’