Una estrategia eficaz y de futuro para la industria del motor

A las incertidumbres propias de la coyuntura, el sector suma una gran asignatura pendiente, la de su transformación tecnológica para fabricar automóviles eléctricos

La industria del motor ha sido uno de los sectores económicos más severamente golpeados por la pandemia de coronavirus. Tras un lustro encadenando cierres de ejercicio con cifras de ventas por encima del millón de unidades, el año 2020 se ha saldado con una caída de más del 32% en las ventas de turismos y todoterrenos, lo que devuelve a la industria a niveles de 2014, cuando la anterior crisis económica comenzaba a dar paso a los primeros signos de recuperación. Una medida del efecto que ha tenido la pandemia sobre la demanda de compra es la evolución del Plan Renove, que ha cerrado 2020 con un remanente de 200 millones de euros sin consumir.

Desde el sector, las perspectivas para el ejercicio que comienza no pueden ser optimistas, no solo por el clima de incertidumbre que sigue rodeando a la economía en general, sino por la concurrencia de factores adversos que afectan a esta industria en particular. La patronal Anfac augura que tampoco en 2021 se superará la cifra tranquilizadora del millón de unidades, puesto que, entre otras dificultades, el ejercicio comienza con una cuesta de enero que será especialmente empinada este año por la inoportuna subida del impuesto de matriculaciones y por la resaca del final del Plan Renove del año que se ha ido.

La salud del sector del automóvil constituye un indicador clásico del vigor de la economía española. En el ámbito doméstico, un mercado del automóvil activo evidencia la fortaleza de los fabricantes, pero sobre todo muestra la confianza de los consumidores, al arriesgarse a adoptar una de las decisiones de compra más trascendentes para una economía familiar. Las cifras de retroceso en las matriculaciones este año dibujan una preocupante, aunque lógica, desconfianza y colocan a la industria frente a un horizonte plagado de interrogantes. Las malas cifras revelan también la pérdida de fuelle en el ámbito internacional, donde, junto al sector agroalimentario, la industria automovilística ha ejercido de potente motor exportador.

A las incertidumbres propias de la coyuntura, el sector suma una gran asignatura pendiente, la de su transformación tecnológica para la fabricación de automóviles eléctricos, un mercado con un elevado potencial, pero en el que España necesita resolver cuestiones fundamentales, como la fabricación de baterías. La industria española precisa no solo de medidas de ayuda para afrontar la crisis actual, sino de una estrategia bien planificada que le permita afrontar un futuro que no puede dejarse al azar.