Satélites: los vigilantes silenciosos del planeta

El monitoreo de datos ofrece un mapa del cambio climático

Satélites
Reparación de un satélite en el Centro Europeo de la Ciencia y la Tecnología. El aparato será usado para medir la temperatura del planeta durante los próximos 20 años, su misión principal.

Más de 5.000 satélites permanecen en la órbita de la Tierra, aunque de ellos, solo unos 1.900 están operativos. ¿El resto? Se ha convertido en basura espacial. Los que están en funcionamiento observan casi cualquier cosa que pasa en el planeta y se utilizan en todo tipo de aplicaciones, ya sean civiles o militares. Uno de los primeros fines de los satélites fue “precisamente observar la Tierra y su clima”, recuerda Carlo Buontempo, director del servicio de monitorización del cambio climático de Copernicus, “cuando los astronautas llegaron a la Luna y tomaron la primera foto de la Tierra desde fuera del planeta en 1969”.

Desde entonces ha llovido mucho y el clima de la Tierra no es el mismo. Los casquetes polares se derriten, los océanos se calientan y los fenómenos meteorológicos no dejan de sucederse e influir no solo en el tiempo atmosférico sino en la agricultura. “Hoy la información que nos proporcionan los satélites nos permiten trazar un mapa bastante exacto de lo que son las variables esenciales sobre el clima del planeta y son una herramienta fundamental para observar los cambios y poder actuar; nos permite saber dónde se producen esas modificaciones, cuándo, cómo y cuánto”, explica Buontempo.

Observan todo lo que pasa en la Tierra y ayudan a prevenir riesgos

Copernicus es el programa estrella de observación de la Tierra de la Unión Europea que opera a través de seis servicios temáticos: atmósfera, mares, tierra, cambio climático, seguridad y emergencias.

La Comisión Europea coordina y gestiona este programa, que se implementa en colaboración con los Estados miembros, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat), el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), las agencias de la UE y Mercator Océan, entre otros.

Copernicus opera en atmósfera, calentamiento global, seguridad y emergencias

La información que aportan los satélites es clave, “no solo para verificar el cambio climático, sino también para prevenir riesgos y, en la medida de lo posible, minimizarlos en muchas áreas, como agricultura, transporte o construcción de infraestructuras”, señala Julio Gallegos, profesor de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Europea.

Los datos proporcionados por los satélites han permitido a Grecia, por ejemplo, aplicar un programa de agricultura inteligente que le permite reducir el consumo de agua y mejorar la producción, añade. Desde el espacio también se puede monitorizar la concentración de polen, información que resulta muy útil para controlar las alergias.

La información ayuda a mejorar la agricultura y construcción eficiente

La ESA acaba de firmar tres contratos con Thales y Airbus España para lanzar tres satélites Copernicus, cada uno de los cuales afrontará un problema medioambiental: gestión sostenible de la agricultura, la seguridad alimentaria y la vigilancia del hielo polar en apoyo a la Política Integrada de la UE para el Ártico. Además, el servicio de vigilancia atmosférica de Copernicus ha colaborado con la Agencia Europea de Medio Ambiente en un informe sobre la calidad del aire en Europa.

“Los avances tecnológicos nos permiten disponer de instrumentos cada vez más capaces y precisos con los que medir las múltiples variables que influyen en el sistema climático. Un ejemplo en este sentido es la misión CO2M del programa Copernicus, que medirá la presencia de CO2 y de NO2 en la atmósfera de forma simultánea, convirtiéndose en la primera misión capaz de detectar y distinguir el dióxido de carbono atmosférico derivado de actividades antrópicas”, precisa Oriol Casas Thió, portavoz de Thales Alenia Space España.

Una de las claves en el estudio del cambio climático es “disponer de series de datos fiables y consistentes a lo largo de periodos de tiempo muy prolongados, durante varias décadas”, añade. Por ejemplo, gracias a las mediciones de los satélites sabemos con precisión que el nivel del mar ha aumentado casi 9 centímetros desde 1993, año en el que se comenzaron a realizar mediciones mediante radares altímetros a bordo de satélites.

Una carrera a varias bandas

Tiros. Los satélites de observación por televisión e infrarrojos Tiros fueron los primeros lanzados con fines meteorológicos por la NASA a principios de los sesenta. En los últimos 30 años, estos aparatos se han vuelto indispensables para las políticas climáticas.

EE UU y Europa. Lideran las misiones espaciales en el estudio del clima y del medio ­ambiente, aunque la cooperación internacional es frecuente también con otras potencias como Rusia o China.

España. Ocupa un lugar destacado en estas misiones, aportando tecnologías clave, liderando el desarrollo de instrumentos e incluso misiones completas.

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