El Brexit y los negocios con Reino Unido a partir de 2021

Con o sin acuerdo, seguirá siendo un destino atractivo para los negocios que quieran acceder a un mercado muy interesante

Cada día que pasa parece menos probable que se pueda alcanzar un acuerdo sobre las futuras relaciones entre Reino Unido y la UE, pese a los intentos del negociador europeo, Michel Barnier, de salvar los escollos; sean estos por la política pesquera, de menor importancia económica en el ámbito de la UE, aunque no en el caso de España, principal beneficiario del acceso a los caladeros del mar del Norte; sean por la competencia del TSJUE sobre los posibles aspectos relativos a la jurisdicción por conflictos del acuerdo, a la que no acceden los británicos y a la que no puede renunciar la UE; así como por la posible divergencia en la futura regulación de múltiples aspectos por parte de Reino Unido, que parece una barrera insalvable, porque lo considera como una competencia de su exclusividad, que le permitiría alcanzar mayores cuotas de competitividad una vez sea un estado tercero, aun con acuerdo, a todos los efectos.

Londres lleva meses, por no decir años, preparándose a través de un continuo bombardeo informativo a sus empresas y ciudadanos sobre los diversos aspectos en los que se verán beneficiados los ciudadanos británicos, sus exportaciones a la UE, así como sus importaciones desde ella. Sea por los permisos de residencia y trabajo, de los que ya se han concedido más 3,8 millones, de los poco más de 4 millones de ciudadanos de la UE que residen en Reino Unido, de los que se estima que España ha obtenido unos 250.000, siendo el cuarto país de la UE en número de permisos, después de Polonia, Rumania y Portugal. Entre estos cuatro países suman más de la mitad de los residentes.

Sea también por las reglas aduaneras que se aplicarán, que si no hay acuerdo, serán las reglas y aranceles propios de la Organización Mundial de Comercio (una media entorno al 10%), que cada sector deberá estudiar cómo le afectará, así como las reglas técnicas, sanitarias y de homologación que deberán cumplir los productos que entren en Reino Unido, barreras no arancelarias a los que deberemos ir acostumbrándonos de no haber un acuerdo comercial, aunque siempre se podrá negociar una vez sea un país tercero, como se ha hecho con otros de forma ordenada.

Reino Unido parece que podrá formar parte, en el futuro, como otros terceros, del programa de intercambio de estudiantes más importantes del mundo, Erasmus, y seguirá intercambiando información de seguridad, vía Interpol, sí no sigue en Europol, siendo un aliado como miembro de la OTAN. También seguirá siendo un importante destino de estudiantes europeos, aunque haya perdido el liderazgo como destino de estudios de los estudiantes de la UE frente a Alemania.

Por su parte, las entidades financieras británicas no contarán con licencia para operar en la UE, ya que en su caso deberán solicitarla y tener una sede en el bloque, y perderán el acceso a la negociación del euro. Las resoluciones judiciales dictadas por los juzgados y tribunales de la UE y Reino Unido no tendrán reconocimiento automático mutuo, lo que será un duro golpe para la competitividad de la City como lugar para residenciar contratos, ya que no estarán sujetos a las decisiones y control de las autoridades europeas de defensa de la competencia. Pero, por otro lado, Londres recuperará su política interna sobre emigración, que fue uno de los aspectos que llevó sin duda al Brexit; su propia política fiscal, y su derecho mercantil, tan importante en los negocios y otros muchos aspectos; pero quedará suspendida su participación en el espacio aéreo europeo, que regula aspectos muy relevantes para la navegación de aeronaves.

No se debe esperar una bajada generalizada de impuestos en Reino Unido para ganar competitividad, en el caso de que sus finanzas públicas, su déficit y su nivel de deuda, se lo permitan, ni es tampoco aconsejable para mantener su estado del bienestar, no tan amplio como el de otros países del norte de la UE, pero generoso.

Sin duda alguna, se intentará convertir Londres y en general Reino Unido en un importante destino para las inversiones, sedes de multinacionales, sociedades holdings; ya que continuará en vigor su red de convenios de doble imposición con el resto de países de la UE, e intentará seguir siendo el principal mercado de arte, de innovación tecnológica, y en concreto seguirá siendo una plaza con un fuerte atractivo para los mercados financieros y para la captación de fondos.

Sin duda, intentará ampliar sus acuerdos con la Commonwealth, que ya son muy amplios, bien porque su monarquía sigue siéndolo de algunos de dichos países (Canadá, Australia, Nueva Zelanda), o porque por medio del sistema legal y judicial común, la common law, se encuentran en funcionamiento dichos mecanismos, como el reconocimiento de titulaciones y otros.

Reino Unido será un país tercero en todos los sentidos, como lo es EE UU, Canadá, Australia, Corea del Sur, Japón u otros, con los que en algunos casos gozamos de acuerdos comerciales muy amplios, y seguirá siendo un gran país y un atractivo destino para los negocios que quieran acceder a un mercado muy interesante del mundo como es el británico.

Así mismo, Reino Unido seguirá intentado ampliar su red propia de acuerdos comerciales: llegar al nivel de la UE no le ocupará menos de una década o más, debiendo lidiar con la nueva administración de EE UU, que siempre es un aliado estratégico, pero Londres ya no será el “aliado estratégico en la UE” de los estadounidenses, que ahora pasará a ser Alemania, que ya lo era. Y si no alcanza un acuerdo con la UE, como tampoco lo tienen de momento con EE UU, China o Mercosur, en los próximos años tendrá que regirse por las reglas de la OMC con unos países que representan más del 70% del comercio mundial.

Por tanto, nos queda desearles un brillante futuro a nuestros amigos y aliados británicos, en su nueva aventura en solitario por el mundo, que no dejará de ser una voz cualificada más, por supuesto no como la de EE UU, UE, China o India en el mundo del siglo XXI, aunque su tenue voz se seguirá escuchando en defensa de los valores compartidos de democracia liberal, tan necesitados de apoyo en estos tiempos convulsos, sea por su diplomacia, su historia, su idioma, sus modas y otros muchos valores.

Por último, solo nos queda dar la bienvenida al Reino Unido al año 2021, recuperando su soñada libertad para adoptar sus propias decisiones, sin la manida burocracia de Bruselas, y sin su paraguas; esperando que esa decisión haya sido lo más sabia posible y no guiada por la demagogia, tan común en nuestros días.

Rubén García-Quismondo es socio director de Quabbala, Abogados y Economistas