¿Qué cambiará con Joe Biden?

Intentará reactivar las relaciones trasatlánticas y abandonar el rechazo a los organismos multilaterales, y es crítico con el Brexit

Con el triunfo electoral de Biden, la política América First (América primero) de Trump va a ser sustituida por América otra vez. Biden ha prometido ser un presidente para todos los estadounidenses, restaurar el “alma de EE UU" y arreglar la discordia nacional de la que culpa a Trump y a su período gubernamental, caracterizado por el negacionismo y la irracionalidad.

La misma táctica política, con acciones específicas, empleada por Trump en 2016 ahora se le ha vuelto en su contra como una especie de bumerán. En 2016 ganó las elecciones siendo un outsider en la arena política, debido a que era un transgresor de las normas y sin miedo a decir aquello que no era políticamente correcto en cualquier tipo de contexto. En 2020, sin embargo, acaba de perder las elecciones por los mismos motivos expuestos. Es decir, por transgredir las normas básicas de comportamiento. Muchos de sus votantes le han dejado de votar por decir todo aquello que piensa de manera impulsiva. No hace falta echar demasiada leña a la hoguera para que prenda y se lleve todo por delante.

La estrategia de los demócratas ha consistido en convencer al electorado de que estas elecciones se trataban de un referéndum sobre Trump. Nunca plantearon la campaña electoral como dos adversarios de distinto signo político. Por ello, Joe Biden se ha presentado a la opinión pública con un mensaje que ha dado resultados electorales: “Yo no soy Trump”.

En este sentido, ha mantenido una estrategia de perfil centrista con el objeto de seducir a los republicanos moderados desengañados de las políticas de Trump por su desafiante agresividad y por aumentar las tensiones raciales. Es evidente que la inmigración es un tema con una gran influencia. Es una táctica ganadora, como así sucedió en Reino Unido con el Brexit y posteriormente en EE UU.

En ocasiones, como indica Robert Shiller, Nobel de economía (2013), en su libro Narrative Economics, las emociones humanas y las historias que nos cuentan pueden tener una gran incidencia en nuestro comportamiento habitual, por ello debemos prestar tanta atención a las historias como a las estadísticas.
Hay que tener en cuenta que los votantes republicanos se caracterizan por ser blancos mayoritariamente (57%), que representan el 73% del censo electoral, de rentas altas, poco urbano y más preocupados por la crisis económica que por el Covid-19.

Llegados a este punto hay que preguntarse: ¿qué cambiarán estás elecciones para los ciudadanos estadounidenses y del resto del mundo?

En principio y con el objeto de hacer frente a la crisis económica provocada por el Covid-19, la agenda interior va a tener prioridad sobre la exterior. Al menos en el corto plazo. En este sentido, Biden intentará unir al país, moderando el debate político; eliminar la discriminación racial para que todas las personas tengan los mismos derechos y reducir las desigualdades socioeconómicas. La historia económica demuestra que la desigualdad se dispara en las grandes crisis. Así, su intención es aumentar el nivel adquisitivo de los más desfavorecidos incrementando el salario mínimo a 15 dólares la hora de los 7,25 dólares actuales. Pretende devolver poder a los sindicatos, muy debilitados en los últimos años, para aumentar su nivel de negociación.

Para estimular la economía, su programa Build Back Better (Reconstruir mejor) prevé grandes inversiones públicas en infraestructuras para transformar la economía haciéndola más verde y digital (inversión de 1,7 billones de dólares en diez años).

En política fiscal propone aumentar los impuestos de aquellas personas con ganancias superiores a los 400.000 dólares anuales, y por debajo de dicha cifra no tendrán que pagar más. De este modo, el tramo máximo de imposición del impuesto sobre la renta pasará del 37% actual al 39,6%. Con relación al impuesto de sociedades, que Trump lo había bajado al 21%, la nueva administración de Biden lo incrementará al 28%.

Respecto al sistema de salud, pretende consolidar Obamacare (un seguro médico más accesible y asequible para todos), con una inversión de 750.000 millones durante diez años, pero no se plantea un seguro médico universal. Asimismo, propugna que las medidas para hacer frente al Covid-19 se basen en criterios científicos y no en estados de ánimo e intuiciones.

Por último, pretende ampliar las infraestructuras sociales. En concreto una mayor inversión en el sistema educativo para favorecer la gratuidad de las universidades (familias que ganen menos de 125.000 dólares). Asimismo, prohibirá o evitará que las escuelas autónomas privadas con fines de lucro reciban financiación federal.

En política exterior, EE UU no puede continuar rechazando las instituciones multilaterales como lo hizo Trump. Habrá que recordar que se retiró del acuerdo climático de París y de la OMS.

Por ello, Biden intentará cambiar el escenario internacional, reactivando las relaciones transatlánticas, muy degradadas actualmente, sobre todo con sus aliados tradicionales. Por eso manifiesta continuamente que su país debe regresar de nuevo al panorama internacional. Ello supone contemplar a la UE como un aliado histórico y no como un rival, lo que mejorará nuestras relaciones comerciales. Es importante resaltar que la Administración Trump impuso aranceles contra diversos productos agroalimentarios europeos (unos 7.000 millones de euros anuales), y que, en el caso de España, se elevan a más de 760 millones de euros.

Mención aparte merece el tema del Brexit. Biden, católico de orígenes irlandeses, siempre ha manifestado que el Brexit es un error histórico. Tiene un fuerte compromiso con la paz en Irlanda. Por eso espera que se modifique la Ley del Mercado Interior, que vulnera los compromisos adquiridos por Londres y pone en peligro la paz en Irlanda del Norte, lo que podría presumir un cambio en las expectativas para una salida ordenada de los británicos de la UE a finales de año.

Hace cuatro años las zonas industriales en decadencia, mayoritariamente blancas con baja cualificación laboral, les dieron la espalda a los demócratas debido a que las fábricas cerraban y perdían sus empleos como consecuencia de la globalización que permitía trasladarse a países con menores costes de mano de obra. Ello demuestra que no existe un mercado electoral único y no todos ellos funcionan con criterios ideológicos sino de supervivencia. Como indica Tony Blair en unas recientes declaraciones: la política progresista debe hacer aún mucho autoanálisis, ya que la solución pasa por construir una agenda de política económica que sepa sacar ventaja a cambios actuales como la revolución tecnológica.

Por último, es cierto que Biden ha obtenido un número histórico de votos, pero también Trump, y aunque sus resultados electorales demuestran su debilidad también reflejan su fuerza política con 72 millones de electores que no van a desaparecer. El trumpismo no es solo un estilo, es también una estrategia política que rechaza las ideologías y traspasa las fronteras de EE UU.

Vicente Castelló Roselló es profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local