Catedrático de Economía y director de Economics for Energy

Xavier Labandeira: “España es uno de los países más vulnerables al cambio climático”

Labandeira, economista experto en energía, sostiene que gravar el combustible y aprovechar los fondos europeos deben ser dos armas con las que afrontar el calentamiento global

Xavier Labandeira.
Xavier Labandeira.

"Lo primero que tenemos que hacer es equiparar la fiscalidad del diésel y la de la gasolina y después subir ambos grupos de impuestos”. Así opina Xavier Labandeira (Vigo, 1967), catedrático de Economía de la Universidad de Vigo y director de Economics for Energy, quien habló recientemente sobre las implicaciones económicas del cambio climático en CaixaForum Madrid, donde dijo que el sector privado y el público deben ir de la mano en esta cuestión.

¿Cuáles son las principales implicaciones del cambio climático en la economía?

El cambio climático tiene sus impactos físicos, sus impactos sobre los medios naturales y esto, lógicamente, tiene unas implicaciones socioeconómicas. El cambio climático es un fallo de mercado: tenemos unos problemas de eficiencia importantes que corregir, pero también hay unos problemas muy serios de equidad. Hace poco un artículo hablaba sobre que el 1% de la población tiene responsabilidad sobre el 50% de las emisiones de la aviación. Los causantes del cambio climático son, en buena medida, los que más tienen o los que se pueden adaptar mejor a los impactos del cambio climático, de manera que hay una parte muy relevante que tiene que ver con la equidad.

¿Hasta qué punto podemos hablar de una dicotomía entre bienes­tar y medioambiente?

Es un debate falso, en cierta medida. En el sentido de que muchas veces abogamos por mayor bienestar económico a costa de dañar el medio ambiente y el medio ambiente, en sí mismo, es una garantía de bienestar.

Usted suele definir el cambio climático como un fallo de mercado... ¿Lo es?

Es la externalidad perfecta: global, intergeneracional y, además, inmensa, brutal. Tiene una magnitud muy grande porque los impactos del cambio climático son muy elevados. Una externalidad no deja de ser un fallo de mercado y tenemos que corregirlo. ¿Y cómo lo corregimos? Fundamentalmente, con políticas públicas.

¿Qué puede hacer el ser humano hoy en día por paliar los efectos del cambio climático?

Fundamentalmente, con políticas públicas: podemos crear regulaciones que exijan el uso de determinadas tecnologías o que limiten las emisiones. Podemos introducir impuestos sobre el carbono, mercados de comercio de emisiones. También el sector empresarial puede jugar un papel importante. El cambio de nuestro stock de vehículos, de sistemas de producción eléctrico… Lo vamos a necesitar para transitar hacia el año 2050, que es el horizonte que tenemos, por ejemplo, en la Unión Europea y en otros países para descarbonizarnos.

¿Es el nuevo presidente de la Casa Blanca un gran apoyo para estas tesis?

Él (John Biden) manifiesta que los Estados Unidos van a volver a los acuerdos de París. También dice que va a poner esto dentro de sus prioridades. Es positivo. Pero no va a ser fácil tampoco que haya un cambio radical de la noche al día porque Estados Unidos es un país muy complejo, donde hay poderes distintos, donde, incluso con Trump, había muchos estados que están haciendo política climática muy intensa.

¿Cuál es el rol de China en esta cuestión?

China en algún momento fue vista como un problema por ser responsable de gran parte de las emisiones en las últimas décadas. Esto hacía que otros países que veían que su competitividad podía caer ante países que no tenían regulaciones climáticas potentes, como China. Eso ha cambiado bastante. Hoy sí que está jugando un papel mucho más proactivo. Es mucho más favorable a actuaciones globales en este ámbito por interés propio. De hecho, las noticias que tenemos recientes es que apuesta por una descarbonización de su economía también a mediados del siglo. China pasa de ser problema a solución.

¿Qué intereses tienen los negacionistas del cambio climático?

Hay sectores que van a desaparecer, otros que van a surgir, hay una era de combustibles fósiles que va a desaparecer y, lógicamente, detrás de todo ello, hay personas, hay muchos medios económicos, hay mucho en juego. Parte de ese negacionismo se explica por esos intereses de actividades que van a desaparecer.

¿Cómo está España posicionada para afrontar esta situación? ¿Es relevante que el Gobierno cuente con un Ministerio para la Transición Ecológica?

España es uno de los países más vulnerables al cambio climático. En casi ningún indicador de impacto estamos bien. Lo lógico es que este asunto nos preocupe más y que actuemos más. Históricamente, se ha hecho en España menos de lo deseable. Pero sí que se ha producido un cambio en los últimos años que tiene que ver también con un cambio de Gobierno con una mayor prominencia de estos asuntos en la estructura de Gobierno, con un nuevo Ministerio. España también ha cambiado su posición internacional sobre este asunto. Dentro de la Unión Europea, por ejemplo, ya es de los países que más está actuando.

¿Qué fiscalidad debe tener el diésel?

Su nivel de tributación debería ser muy superior al que tenemos. Hoy, en España, el diésel está, aproximadamente, 25 puntos por debajo de la media de la Unión Europea. Es mucha diferencia. Incluso en países que están muy por encima de nosotros es muy probable que la fiscalidad del diésel no recoja todos los daños.

Actualmente atravesamos una crisis económica sin precedentes. ¿En qué medida puede esto torpedear medidas favorables para el medioambiente?

Esa es la tentación. En un momento en el que estamos en una emergencia socioeconómica, lo más fácil puede ser desregular un poco la cuestión ambiental para salir adelante como podamos. Sería un error.

¿Qué proyectos tiene que abordar España con las ayudas europeas por la crisis del Covid?

Tenemos que priorizar muy bien. Deben ser proyectos que realmente tengan futuro y efecto arrastre. No es el momento de apoyar tecnologías, por ejemplo, renovables, que ya son maduras, Hemos de buscar sectores donde tengamos verdaderamente futuro, como renovar el transporte público o rehabilitar la vivienda para que gane eficiencia energética.

 

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