La fotovoltaica y el triunfo de la revolución industrial en España

Los más de 25.000 millones para invertir en el sector no deben servir solo para fortalecer a los fabricantes, sino para hacer de España un ‘hub’ internacional

La fotovoltaica y el triunfo de la revolución industrial en España

En 1975 se publicaba un libro que iba a tener una importante repercusión en la forma de ver la historia económica del siglo XIX, El fracaso de la Revolución Industrial en España. En él, su autor, Jordi Nadal, analizaba las causas del porqué, a diferencia de otros países, el ferrocarril no produjo un proceso de industrialización similar al que se había producido en otros países del continente europeo.

En este momento estamos en una posible coyuntura similar en nuestro país. En el momento actual parece al alcance de la mano conseguir los objetivos de producción de energía eléctrica con energías renovables que establece el PNIEC. Esto significa que en el año 2030 vamos a tener una energía eléctrica limpia y barata. Objetivo no despreciable, pero conformarnos con él sería repetir el error del siglo XIX, conseguir tener ferrocarril sin tener desarrollo industrial.

Los más de 25.000 millones de euros que se espera se inviertan solo en energía fotovoltaica deben servir no solo para fortalecer a los fabricantes españoles, sino para convertir a España en un auténtico hub fotovoltaico internacional.

Tenemos un buen punto de partida. En contra de la creencia generalizada de que la tecnología fotovoltaica es una tecnología china, tenemos en nuestro país empresas líderes a nivel mundial. La confusión proviene de identificar a nuestro sector exclusivamente con los paneles. Es cierto que la mayor parte de los paneles se produce en el continente asiático. Sin embargo, los paneles significan solo el 35%, y bajando, del LCOE de una planta (coste total de construir y operar una instalación generadora de energía a lo largo de toda su vida útil, Levelized Cost Energy en inglés).

En el resto de los componentes la situación es muy diferente. Contamos con dos de los diez mayores fabricantes mundiales de inversores y cinco de los diez mayores fabricantes de seguidores solares. Empresas que han demostrado su competitividad internacional sobreviviendo durante la pasada década exclusivamente con la exportación.

Además, somos líderes en ingenierías y las conocidas como epecistas, las empresas que realizan proyectos en mano, por encargo, relacionados con ingeniería, adquisiciones o construcción. Todas las estructuras se fabrican en España y se exporta parte de la producción. Tenemos unos buenos mimbres para afrontar el reto.

Pero eso no quiere decir que el reto sea simple. En primer lugar, lo que se necesita es estabilidad y previsibilidad regulatoria. Un mercado de picos y valles, como ha sido el español hasta ahora, es nefasto para la consolidación de un sector industrial. Unido a una racionalización de los procesos administrativos. En este sentido, el borrador que se ha publicado de orden ministerial de subastas fijando un programa a cinco años es un importante paso adelante.

Pero hay que hacer más. En contra de la idea generalmente extendida de que la competitividad de las empresas asiáticas se basa en la competitividad del precio de la mano de obra, olvidándose de que hoy en día, particularmente en nuestro sector, las fábricas están ampliamente robotizadas y el peso del componente salarial en el coste final es muy bajo. La verdad es una mezcla de diferentes componentes, desde una planificación que asegura la demanda a las empresas, a la existencia de una amplia cadena de suministro, el acceso a las tecnologías digitales más avanzadas y en particular el alto porcentaje de su facturación que dedican a la I+D. Todo ello complementado en algunas ocasiones con apoyos fiscales directos o indirectos.

Las acciones para conseguir nuestro objetivo deben vertebrarse en torno a tres ejes: innovación, formación y fortalecimiento empresarial.

La innovación es la clave, condición necesaria pero no suficiente para la competitividad. El Estado debe jugar un papel impulsor de la misma tanto a través de sus centros de I+D y de sus programas de apoyo a las iniciativas privadas. Para ello es importante dotarles de medios y eliminar las barreras administrativas que los anquilosan.

La formación es clave para contar con los profesionales adecuados que den respuesta al desafío. Es urgente la adaptación de los currículums académicos, tanto a nivel universitario como de formación profesional, que siguen teniendo como base el conocimiento de tecnologías sin futuro mientras que las tecnologías renovables se suelen relegar para cursos de especialización. Formación que no debe de olvidar la integración de la mujer en nuestro sector, al estar infrarrepresentada en el momento actual.

El fortalecimiento empresarial es clave para la sostenibilidad de nuestras empresas. Para sobrevivir en un mundo globalizado necesitan ganar tamaño y musculo financiero, para ello es necesario favorecer la generación de alianzas y clústeres. En la batalla de la competitividad, la digitalización juega un papel importante, por lo que hay que permitir que las empresas puedan tener acceso a la mejor tecnología 5G disponible. Tenemos que acabar con el ciclo de generar empresas tecnológicas que terminan en manos de competidores extranjeros.

Keynes instó a los políticos a no pensar solo en el gasto contracíclico sino también a pensar en grande. Hagámoslo entre todos y que dentro de unas décadas algún historiador pueda escribir un libro sobre el éxito de la revolución industrial en España.

José Donoso es Director general de Unef