Un buen líder sabe ganar, pero también sabe perder

Donald Trump es un perfil que cree que solo vale el éxito, y que no hay cabida para el fracaso

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Donald Trump, durante el cierre de campaña en Washington (Michigan). GETTY IMAGES

"Su éxito me inspira respeto por su capacidad y perseverancia. Se las arregló para hacerlo inspirando las esperanzas de tantos millones de estadounidenses que alguna vez habían creído erróneamente que tenían poco en juego o poca influencia en la elección de un presidente estadounidense. Es algo que admiro profundamente y lo felicito por haberlo logrado”. Así de elegante reconocía hace 12 años John McCain, el candidato republicano, la victoria de su contrincante, el demócrata Barack Obama. El mensaje es recuperado estos días por la esperpéntica reacción del todavía presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que, depués de casi una semana de recuento, ha sido derrotado en las urnas por Joe Biden.

Un triunfo que, sin embargo, no acaba de reconocer el todopoderoso Trump, quien ha anunciado que recurrirá al Tribunal Supremo para denunciar que las elecciones han sido un fraude. El mandatario pidió en diversas ocasiones que se paralizase el recuento y se ha autoproclamado presidente a través de su perfil de Twitter, canal que siempre ha utilizado para comunicarse con el planeta. En su última pataleta, la red social ha tenido que censurarle alguno de los mensajes lanzados en los últimos días por faltar a la verdad.

“Para encajar una derrota, lo primero que hay que hacer es asumir que el partido se ha acabado”, explica el director de EsadeGeo, Ángel Saz-Carranza, para quien hay que diferenciar la actitud de Trump de la del partido que representa. Los republicanos se dividen ahora en dos bandos, por un lado, los que han reconocido la derrota de su candidato, como es el caso del expresidente George W. Bush, quien ha felicitado a Biden y le ha ofrecido su ayuda, y los que, aunque no han apoyado las acusaciones de fraude de Trump, tampoco han reconocido oficialmente el resultado de los comicios. “Muchos de los representantes republicanos se volverán a presentar y muchos de sus futuros votantes son los que han elegido a Trump ahora, así que tampoco quieren ofenderles”, continúa el portavoz de Esade.

El partido Republicano debe elegir así entre preservar el valor de la institucionalidad y el sistema democrático estadounidenses o aceptar una deriva más radical de la agrupación, hacia el trumpismo. No es el caso del todavía presidente, quien, según Saz-Carranza, mantiene una actitud lógica de cara a sus planes de futuro. “Está pensando en el día de mañana y si quiere mantener cierta radicalidad, le vendrá muy bien no reconocer la derrota. Se comenta, por ejemplo, que podría montar su propia red de televisión”, ilustra el experto.

Para Félix Ortiz, coach y profesor de EAE Business School, el problema radica en asociar el cargo con la identidad personal. Algo que, comenta, realiza el 80% de los líderes. “Si fracaso, no soy nadie porque me valido a través de lo que consigo”, reconoce. Ante un fracaso, estas personas buscan culpables fuera porque no son capaces de admitir que no han triunfado. Es por esto que Trump busca desacreditar el proceso electoral, una manera de decir “yo no he perdido, los demás me han robado esto”. Esta actitud también impide aprender de los errores. “Si he tenido un fracaso, no soy necesariamente un fracasado, sino una persona que puede aprender. Eso solo lo ven las personas con una identidad suficientemente segura. Qué puedo mejorar y qué tengo que hacer distinto la próxima vez”, plantea el portavoz de EAE.

Porque tan importante como saber ganar es saber perder. Lo saben bien los deportistas. Y aquí pueden tener cabida las palabras de Rafael Nadal, cuando perdió una final de Wimbledon ante Roger Federer, y reconoció micrófono en mano para que todo el mundo se enterara: “Cuando juegas un partido de tenis, tienes que estar preparado para asumir las dos cosas. Ni ganar es tan fantástico, ni perder es tan traumatico”. Puede ser que Trump no escuchara las palabras del tenista español, porque si algo ha dejado claro es que no asume las derrotas.

“Su discurso es muy infantil, cuando dice mis votos son legales y los del contrario son ilegales. Cuando se toma esta actitud de falta de madurez, no hay cabida para el debate, y es difícil dialogar”, afirma el profesor de Economía de Deusto Business School Massimo Cermelli, quien cree que cuando se pierde se aprende a ser resiliente, “y lo que él está demostrando es que la baza principal de su discurso, la de América, primero, no es verdad, porque cuando no se encaja la derrota es porque se antepone él mismo a los intereses de su país”. El mandatario todavía está a tiempo de rectificar, asumir la derrota, pero sobre todo arroparse de personas que le den buenos consejos. “Parece que esto no va a suceder, porque él es muy polarizador, es un personaje que busca la ruptura, y eso repercute en la imagen del país”, añade Cermelli, que adelante el siguiente episodio: puede ser el primer presidente que no entregue las llaves de la Casa Blanca al nuevo inquilino.

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