Una buena práctica a imitar en la industria de los fondos de inversión

Algunas entidades han decidido adoptar mecanismos antidilución para blindar sus productos de inversión colectiva

La irrupción en las economías mundiales de la pandemia del Covid-19 y la elevada volatilidad que se ha apoderado de los mercados –en el caso del Ibex con un retroceso en el año del 30% –no ha reducido el músculo de los fondos de inversión en España, que han resistido la tormenta con una mínima caída, de poco más del 4%, en sus 270.000 millones de euros de patrimonio. Pese a ello, y ante la creciente inestabilidad que viven economías y mercados, algunas entidades, como CaixaBank AM, BBVA AM y Sabadell Urquijo Gestión, han decidido adoptar mecanismos antidilución para blindar sus productos de inversión colectiva. Se trata fundamentalmente de una fórmula denominada swing pricing, que consiste en trasladar los costes extra a los inversores que venden cuando hay caídas o que compran cuando hay alzas. El objetivo de la medida es neutralizar el efecto que esos movimientos provocan en el valor liquidativo de los fondos en perjuicio de los partícipes que mantienen su inversión a largo plazo.

La decisión de estas tres entidades de aplicar mecanismos de protección supone un refuerzo de las garantías y la seguridad de los inversores en un entorno de elevada incertidumbre. La propia CNMV, ante las sostenidas caídas de las Bolsas y la fuerte volatilidad en otros mercados, como el de renta fija, materias primas o divisas, ha insistido en la conveniencia de emplear herramientas como el swing pricing, además de permitir endurecer el régimen de preavisos en los reembolsos de más de 300.000 euros con diez días de antelación.

Desde el BCE se ha insitido también de forma reiterada, antes incluso del estallido de la crisis, de que uno de los puntos flacos del sistema financiero europeo está en el sector de los fondos de inversión por su elevado potencial de riesgo en un hipotético escenario de tensiones de liquidez. La política monetaria de bajos tipos de interés ha alimentado de forma exponencial el crecimiento de una industria que no está sometida a una supervisión tan exhaustiva como la de la banca. Tanto el BCE como otros organismos financieros, el caso del Fondo Monetario Internacional (FMI), han mostrado preocupación por una vulnerabilidad que no cuestiona la solvencia de esta industria en general, pero que advierte de los potenciales riesgos a que podría estar sometida en un escenario de estrés. Dado que de momento no existe una regulación específica o un mecanismo general de respaldo o garantía, la adopción de fórmulas de protección como el swing pricing por parte de las entidades constituye una buena práctica a imitar por el resto de la industria.