Argentina canta victoria demasiado pronto respecto a su deuda

Necesita un nuevo préstamo para pagar los 45.000 millones que debe al FMI

El presidente de Argentina, Alberto Fernandez (derecha), la vicepresidenta, Cristina Fernández (centro), y el ministro de Economía, Martín Guzmán (izquierda), este lunes en Buenos Aires.
El presidente de Argentina, Alberto Fernandez (derecha), la vicepresidenta, Cristina Fernández (centro), y el ministro de Economía, Martín Guzmán (izquierda), este lunes en Buenos Aires. REUTERS

Cerrar una reestructuración de deuda es causa de alivio, no de celebración. Argentina se jactó el lunes de que había recibido una aprobación casi unánime para la reestructuración de 65.000 millones de dólares de su deuda. Es un primer paso necesario, pero restablecer la estabilidad será mucho más difícil.

Acreedores de más del 93% del capital en circulación de los bonos aptos aceptaron el cambio. Y una cláusula que obliga a otros a participar si se cumplen ciertos umbrales de votación se activó en una categoría de bonos, llevando la participación total al 99%.

Pero eso llevó meses, e implicó más acritud de la necesaria. Si bien puede que el proceso haya sido más rápido que otros, gran parte de él se llevó a cabo públicamente e incluyó intentos de Argentina de jugar con las reglas de votación que no hicieron más que malgastar tiempo y aumentar el nivel de frustración entre los acreedores.

El FMI probablemente no tolerará ese comportamiento. Alberto Fernández necesita un nuevo préstamo para pagar los 45.000 millones que Buenos Aires debe al organismo. Kristalina Georgieva no puede prestar más a menos que Argentina acepte impuestos, gastos y reformas estructurales.

El FMI no puede exigir medidas draconianas de reducción del crecimiento en la escala de veces anteriores. Ya espera que la economía del país caiga un 10% este año, y su plan para 2018 fue una de las razones por las que Mauricio Macri no fue reelegido. Pero no puede ser demasiado indulgente. Y cualquier medida que exprima el presupuesto será políticamente impopular incluso después de que pase el Covid.

Arreglar la economía argentina a largo plazo será mucho más difícil que depurar el último desastre de deuda. La tasa de inflación del país todavía supera el 40%. Reducirla y garantizar que el déficit no se dispare será difícil sin obstaculizar el crecimiento.

Este equilibrio será aún más desafiante por los problemas de la economía mundial. El enorme auge de las materias primas que ayudó al anterior régimen peronista no va a reaparecer. Superar un obstáculo relativamente bajo no es motivo para cantar victoria.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías