Hacia un empleo de calidad del siglo XXI

Hace falta cambiar el qué se produce y el cómo para dejar atrás la lacra del insostenible paro estructural

Hacia un empleo de calidad del siglo XXI
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El shock sanitario que ha atacado al mundo este año ha puesto en evidencia la vulnerabilidad social a la que nos enfrentamos. En primer lugar, ha matado a miles de ciudadanos, y este problema no desaparecerá completamente hasta la existencia de una vacuna. En segundo lugar, el distanciamiento social y el confinamiento de toda la población en sus hogares parece ser la única solución para parar su expansión, pero sin duda, el colapso económico que provoca no tiene precedentes.

En España, en los 10 días que siguieron a la declaración del estado de alarma se perdieron 900.000 puestos de trabajo y se suspendió el empleo de más de tres millones de personas por medio de los ERTE, bien fueran parciales o totales. Las medidas inmediatas para paliar el colapso económico han sido, sobre el papel, similares en toda Europa: ayudar a las empresas para evitar su cierre, y ayudar a los trabajadores, hayan sido despedidos o suspendidos, a limitar sus pérdidas. Estas medidas son muy costosas, pero absolutamente necesarias. Sin ellas, el inmediato quebranto económico, laboral y social hubiera sido infinitamente mayor. A partir de ahora, lo importante es conseguir controlar la expansión del patógeno para hacer posible una gradual reactivación económica y con ella la del empleo.

Y esta recuperación del empleo es particularmente pertinente en nuestro país, tanto en cantidad como en calidad. La globalización y los avances tecnológicos están polarizando nuestras sociedades y aumentando no solo la desigualdad de rentas sino también la de oportunidades. Las desigualdades y la precariedad en muchos empleos han alcanzado tal dimensión que la redistribución pública no es suficiente, por ambiciosa que se plantee. Se necesita una transformación estructural, cambiando el qué se produce y el cómo se produce para dejar atrás la lacra del insostenible desempleo estructural que no hemos sido capaces de superar.

En otro momento, esta afirmación hubiera sonado a utopía, pero en estos momentos cambiar el qué se produce y el cómo se produce puede ser precisamente la ventana de oportunidad que nuestro país necesita para esa transformación tan necesaria. El qué se produce debe venir vertebrado por el diseño de una hoja de ruta hacia una Europa y una España verdes. No podemos seguir contaminando el planeta, y la transición hacia una movilidad sostenible, hacia un consumo energético limpio, la remodelación de nuestras viviendas y oficinas, una industria más circular e innovadora, … exige la producción de nuevos bienes y servicios que traerán consigo nuevos empleos. Además, los avances tecnológicos provocan que el viento sople a favor pues nos ofrecen herramientas transversales muy eficientes para que estos cambios tengan lugar en todos los sectores de nuestra economía, y no solo en ocupaciones y sectores que se nutren de alta cualificación. Debemos aprovechar fortalezas como el turismo o el sector agroalimentario, y transformarlas por medio del aprovechamiento de los avances digitales y siempre alineando la producción con los objetivos de una España sostenible medioambientalmente.

Si somos capaces de definir el qué, el siguiente paso es cómo realizar esta transformación. Y para ello también estamos ante una ventana de oportunidad, pues si bien todavía existen incertidumbres, lo que sí está claro es que el EU Green Deal pone a disposición de la economía española un marco aprovechable para acometer estas transformaciones. Lo hicimos en los ochenta y deberíamos de ser capaces de hacerlo ahora.

El Plan Plurianual 21-27 y otros mecanismos como el Fondo de Reestructuración para el empleo van a permitir financiar proyectos bien estructurados, con hojas de ruta precisas y con impacto en la sostenibilidad y el cambio climático. Pero estos proyectos requieren de liderazgos claros, de gobernanzas bien diseñadas, que aúnen la colaboración pública/privada, integren a las asociaciones sectoriales, y, por supuesto, a las comunidades autónomas. Solo así seremos capaces de ofrecer proyectos ambiciosos que nos permitan hacer realidad la transformación de la actividad económica que sin duda arrastrará la transformación del empleo.

Para cerrar este círculo virtuoso, el capital humano juega un papel nuclear. No es posible abordar esta transformación sin profesionales preparados y motivados para el cambio. Un nuevo contrato social que integre una estrategia de mejora en la calidad del empleo se hace cada vez más imprescindible. La reducción de las desigualdades entraña cambios predistributivos y no solo redistributivos que impidan la existencia tan generalizada de una precariedad laboral creciente.

Es imprescindible internalizar que la inversión en el capital humano, mediante la formación y la adaptación continua, así como el acceso a las nuevas tecnologías, es la manifestación más evidente de la innovación en la empresa. En este sentido, el plan nacional de reciclaje y formación en habilidades digitales para el empleo que defendemos es una oportunidad única. Este plan debe ser parte de una estrategia que aglutine a todos los agentes, incluida la administración, que, con su digitalización y modernización, debería contribuir a ser el espejo de una sociedad más productiva, flexible y abierta al cambio.

Venimos trabajando en la definición y puesta en marcha de una serie de misiones y proyectos tractores que contribuyan al objetivo de creación de empleo de calidad. Una mayor digitalización del sector salud ayudaría a unos profesionales que se han demostrado claves para la sostenibilidad de la sociedad del bienestar; el sector turístico, uno de nuestros pilares, tiene la oportunidad de redefinirse para aumentar su calidad; el sector agroalimentario necesita incorporar más tecnología para el uso eficiente de recursos escasos; la movilidad sostenible es transversal a muchos sectores de actividad y puede contribuir de manera relevante a la reducción de emisiones. Estos proyectos no son excluyentes, sino todo lo contrario. Son un ejemplo de la oportunidad de transformación de los sectores tradicionales de nuestra economía para adaptarla a los cambios que se venían observando, que el Covid-19 ha acelerado y que necesitan hoy una respuesta mucho más contundente y coordinada.

Grupo de Reflexión de Ametic