Hersill, los pulmones de los enfermos de Covid en las UCI

La empresa madrileña multiplicó por 10 la fabricación de ventiladores, hasta 100 al día, ante la creciente demanda

Respiradores
Montaje del respirador Vitae 40, utilizado en los pacientes de Covid, en la planta de fabricación de Hersill, en Móstoles (Madrid).

Esta pequeña empresa familiar con sede en Móstoles, modesta y poco conocida fuera de su entorno, pero pionera en tecnología médica, con 47 años de trayectoria a sus espaldas, saltó a la fama en pleno pico de la pandemia del coronavirus. Su línea de negocio más joven, la de ventiladores, desarrollada en los últimos 20 años para atender las afecciones respiratorias, atrajo el interés del Gobierno central y de las comunidades autónomas –también de la prensa tras la visita que recibió del presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, a principios de abril– ante la escasez de respiradores.

Este aparato, convertido en uno de los protagonistas de la epidemia, es vital para ayudar a respirar a los enfermos de Covid, ya que el pulmón no puede hacerlo por sí solo. Así, en Hersill, la fabricación de dichos equipos, que llevaban poco en el mercado, se multiplicó entonces por 10, al pasar de 10 a 100 unidades diarias.

Pasado el pico, desarrolla un nuevo aparato respiratorio y busca potenciar el mercado de EE UU y China

“En la segunda quincena de marzo, nada más declararse el estado de alarma, suministramos 100 de una tacada al Sermas [Servicio Madrileño de Salud] de la Comunidad de Madrid”, cuenta Óscar Martínez Jordán, director gerente de la compañía, y la segunda generación al mando junto a su primo Benjamín Herranz Jordán (presidente) y su hermano Carlos Martínez Jordán, director de I+D.

Y a principios de abril, la firma –con 70 empleados, pero que tuvo que contratar a 20 profesionales más para atender el excepcional repunte de demanda (10 permanecen aún en plantilla)– comenzó la fabricación de los 5.100 que estipulaba el contrato firmado con el Ministerio de Sanidad a través del Ingesa (Instituto Nacional de Gestión Sanitaria), y que contó con la colaboración de la empresa de defensa Escribano para poder escalar la producción. Una alianza estratégica promovida por el Ministerio de Industria. El pedido se ha entregado ya por completo, a razón de 600 unidades a la semana. "Incluso, más alguna semana", dice.

El respirador portátil Vitae 40 para UCI móvil (ambulancias, helicópteros y uso intrahospitalario), utilizado en los pacientes de Covid.
El respirador portátil Vitae 40 para UCI móvil (ambulancias, helicópteros y uso intrahospitalario), utilizado en los pacientes de Covid.

“Fue un desafío muy gordo, muy grande; tuvimos que hacerlo en muy poco tiempo y con la escasez tremenda que hubo en aquellos días de componentes electrónicos y electroválvulas. Costó muchísimo encontrarlos”, reflexiona desde la calma. En este caso, se abastecieron de EE UU, Suiza y Taiwán.

Martínez Jordán aclara, sin embargo, que sus dispositivos no son precisamente para cuidados intensivos. “Son de transporte [traslado de pacientes por tierra o aire], no de UCI, pero por las prestaciones y los modos de ventilación que tienen, se vio que podían ser útiles para los pacientes de Covid”. Reino Unido y EE UU recurrieron también a este tipo de tecnología porque no ocupa espacio y se sostiene en una mano, apunta.

Fue un desafío muy gordo, muy grande; tuvimos que fabricar los respiradores en muy poco tiempo y en medio de una escasez tremenda de componentes

Óscar M. Jordán, director gerente de la compañía familiar

No fue lo único que se disparó en esta firma dedicada desde 1973 a la fabricación de equipos médicos para las áreas de oxigenoterapia, vacío-aspiración (extracción de líquidos en quirófanos e ingresos hospitalarios), emergencia, anestesia y ventilación; las tres primeras, “su negocio más tradicional, consolidado y maduro”. La producción de caudalímetros de oxigenoterapia pasó de las 15.000-20.000 unidades anuales a más de 51.000.

“Fuimos el principal suministrador del hospital de Ifema y de todos los centros que nos lo pidieron. Los pedidos en esos meses fueron tremendos para poder dar oxígeno a los pacientes”, rememora. La de aspiradores (de mucosidad) llegó hasta 16.000, cuando lo normal eran 8.000 al año, y la de resucitadores manuales, a 4.300 unidades frente a las 1.000 anuales.

Dos operarios prueban el respirador Vitae 40.
Dos operarios prueban el respirador Vitae 40.

“Hoy no estamos al ritmo de aquellos días, pero tampoco hemos vuelto a los números habituales. Sigue habiendo una demanda grande fuera de España, en Latinoamérica [Perú, por ejemplo] y el sur de Asia. Estamos produciendo a un 130%-140% más del ritmo normal, y así vamos a continuar, si no hay nuevas oleadas serias que lo vuelvan a trastocar todo, el verano y hasta finales de septiembre-octubre”, augura.

Frascos humedecedores conectados a un caudalímetro de oxígeno para la oxigenoterapia del paciente.
Frascos humedecedores conectados a un caudalímetro de oxígeno para la oxigenoterapia del paciente.

Hersill, presente en unos 100 países a través de distribuidores (Europa, África del Norte, Oriente Medio y sudeste asiático) desarrolla un nuevo producto a propósito del virus: un respirador para la unidad de cuidados intensivos críticos. Una idea que la empresa sopesaba desde hace unos años y que esperan lanzar, ahora animados por Sanidad, en 2021, pero con la previsión de tener un primer prototipo a finales de este ejercicio.

La compañía fundada por Benjamín Herranz (ya fallecido), tío de Martínez Jordán, facturó 8 millones en 2019 y quiere potenciar también el mercado de EE UU y China. Debido a la pandemia, prevén cerrar 2020 con unos ingresos superiores a los 20 millones. “Ha sido un año muy excepcional”, insiste.

Más capacidad tecnológica e independencia industrial

Los hermanos Óscar y Carlos Martínez Jordán, directivos de la empresa.
Los hermanos Óscar y Carlos Martínez Jordán, directivos de la empresa.

Una vez superado lo peor de la crisis del coronavirus, Óscar Martínez Jordán, director gerente de Hersill, hace autocrítica. “Necesitamos más capacidad tecnológica en el sector de la tecnología médica porque estamos por debajo de lo que debería ser para un país como España. Tenemos graves carencias en fabricación y de independencia industrial. Esto se puso de manifiesto de una manera muy dramática en el pico de la pandemia”, reconoce.

Martínez Jordán critica que España se haya quedado atrás respecto de los países más desarrollados en esta área y que son una potencia mundial, como EE UU y Alemania; incluso China, India y Taiwán, lamenta, se han ido por delante, aunque no están al mismo nivel en calidad. También sucede que la mayoría de empresas del sector español son pequeñas o medianas, frente a los gigantes globales (Siemens, General Electric, Philips), y cuando salen al mercado compiten con ellos. “Trabajamos con lotes pequeños, hablamos de cientos de unidades o, a lo sumo, de pocos miles, entre 2.000 y 5.000 unidades por lote”, explica.

A esto se suma el retraso en su desarrollo –“recuerdo que en 1997, en la feria anual de tecnología médica de Düsseldorf, en Alemania, participamos como expositores apenas 10 empresas españolas, hoy somos 70 u 80”– y la preferencia por los productos extranjeros en vez de los locales, añade. “Lo tenemos muy complicado para desarrollarnos aquí. Es un cúmulo de cosas, no solo más inversión en I+D y apoyo financiero, también cuenta la valoración y uso del producto por parte de los médicos. Por eso, muchas veces, nos desarrollamos más fuera”, sostiene. De hecho, Hersill, intensiva en I+D, exporta el 70% de su producción.

Datos y curiosidades

Sede de Hersill, en Móstoles (Madrid).
Sede de Hersill, en Móstoles (Madrid).

Productos. Hasta 2019, el 80% de los ingresos de Hersill provenía de sus tres líneas de productos clásicos (oxigenoterapia, aspiración y emergencia), mientras que el 20% restante procedía de las más recientes (anestesia y ventilación), y que tienen mayor potencial en el futuro, según Óscar Martínez Jordán, director gerente de la compañía.

Otros negocios. El monto de la facturación incluye también los ingresos de Sanuba Medical Technologies, una división creada para la fabricación a terceros, el negocio marquista, y que supone el 10% de la facturación total. “No podemos revelar nombres por confidencialidad, pero trabajamos para empresas en Alemania, Reino Unido y EE UU”, concede.

Cambios. La innovación tecnológica ha revolucionado mucho este sector respecto a los inicios de la empresa en los setenta, observa Martínez. “Ahora desarrollamos productos con base electrónica”. Y aunque se han automatizado algunos procesos, como la confección de piezas metálicas y plásticas, la fabricación es intensiva en mano de obra: el ensamblaje y las pruebas de calidad siguen siendo manuales.

Clientes. Trabajan para la sanidad pública, en concreto los hospitales de las comunidades autónomas. En Madrid, La Paz, el Gregorio Marañón y el Clínico San Carlos, por ejemplo. Y también para los centros privados.

Vocación. El presidente de la empresa, Benjamín Herranz Jordán, es pediatra y compagina su actividad empresarial con el ejercicio médico. Su padre, el fundador, no lo era, pero creó la empresa tras trabajar en el sector.

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