Una corrección detallada de las ineficiencias de los gastos fiscales

La mayoría de las figuras de beneficios fiscales no responden con eficiencia a aquello para lo que fueron creadas, y deberían revisarse en casi su totalidad

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) ha rendido cuentas de una de sus funciones capitales, cual es analizar la efectividad de las políticas públicas, y en concreto la de buena parte de los beneficios/gastos fiscales promovidos por la Ley de Presupuestos. Se trata, en este caso, de una revisión muy pertinente, dado que es en estos meses cuando debe cuadrarse un nuevo Presupuesto de ingresos y pagos públicos, en medio de la estrechez de los recursos y la demanda de protección por parte de colectivos crecientes de la sociedad. Amén de otros programas de gasto, disecciona Airef la pertinencia y desempeño real de partidas fiscales por valor de 35.000 millones de euros, una cifra que podría financiar este año, por ejemplo, las prestaciones por desempleo.

La conclusión general es que la mayoría de las figuras de beneficios fiscales no responden con eficiencia a aquello para lo que fueron creadas, y que deberían revisarse en casi su totalidad. Lógicamente, las partidas de beneficios fiscales tienen la curiosa virtud de permanecer de por vida en las cuentas una vez diseñadas, puesto que se convierten muchas veces en intereses creados en torno a los cuales se constituyen colectivos de presión para protegerlos. Su diseño inicial responde a una necesidad de estímulo de la actividad económica de determinados sectores o de subvención explícita a colectivos con dificultades; pero no es menos cierto que transmutan su condición coyuntural en estructural con absoluta naturalidad, y los Gobiernos se suceden sin hacer una revisión de un instrumento que bien puede ser una herramienta útil para el crecimiento como un saco sin fondo de gasto público ineficiente.

La mejor fórmula para hacer una revisión integral de tales capítulos, muchos de ellos de efectos nulos, discutibles o negativos, como admite Airef, es elaborar un presupuesto de base cero, donde cada capítulo de gasto arranca de nuevo y tiene que tener justificación obligada, y en el que después se buscan los recursos para financiarlo, procurando no incurrir en déficit. Como tal cosa se antoja complicada, sí conviene revisar cada una de las figuras del gasto fiscal (IVA reducido y superreducido en infinidad de productos y servicios, reducción por tributación conjunta, estimulo a los planes de pensiones, ayudas al alquiler, socimi, sicav, etc.) y eliminar aquello que genere más perjuicio presupuestario que beneficio económico. Eso sí: procurando que tal revisión no se convierta en una subida indiscriminada de impuestos que provoque el efecto contrario al buscado y dañe tanto la actividad económica como el saldo tributario en una situación de escasez como la que afrontan ahora las autoridades hacendísticas.