Una oportunidad para el liderazgo europeo en 5G

Los recursos para la digitalización que la UE ha reservado en los fondos para la recuperación permitien retomar el desarrollo de esta tecnología

Una oportunidad para el liderazgo europeo en 5G

En los últimos meses, Europa ha sido el epicentro de la pandemia del Covid-19. La crisis sanitaria ha interrumpido el calendario previsto de las prioridades de la Unión, obligando a centrar los esfuerzos de las instituciones comunitarias y los Estados miembros en desarrollar cortafuegos al impacto de la pandemia. Las políticas de conectividad no han sido una excepción. Las actividades de los operadores y reguladores hubieron de centrarse en garantizar la conectividad de las personas y empresas. La sociedad y la economía han descubierto en un ejercicio de fuego real el valor de las infraestructuras digitales, pero ha sido a costa de paralizar, por unas semanas, la construcción del futuro alrededor de la tecnología 5G.

La primavera de 2020 reunía todos los ingredientes para convertirse en la piedra fundacional del despliegue de 5G en el viejo continente. Sin embargo, apenas la Comisión Europea había realizado el disparo de salida, situando el desarrollo de la quinta generación de telefonía móvil entre las prioridades de su estrategia Conformando el futuro digital de Europa, la carrera fue neutralizada. Si las condiciones del entorno no hubieran alterado las prioridades, todas las bandas de frecuencias necesarias para los servicios 5G estarían asignadas ya en buena parte de Europa y los medios de comunicación estarían rebosantes de sus anuncios comerciales.

La pausa que estamos viviendo en el desarrollo del 5G no debe ir más allá de una parada para tomar impulso. Entre las lecciones aprendidas de la crisis sanitaria de la Covid-19 debería estar la necesidad de continuar fomentando el despliegue de 5G en Europa. Para comenzar, basta ver los datos de tráfico en las redes durante el confinamiento para apreciar que el volumen de datos cursado sobre redes móviles no creció de igual modo que sobre redes fijas. Difícilmente ha sido la falta de demanda la causa de esta diferencia, sino las limitaciones de la capacidad de la interfaz radio de 4G. La tecnología 5G permitirá que tengamos en cualquier lugar la misma velocidad de acceso en nuestro móvil que con una conexión de banda ancha fija, y que potencialmente pueda estar disponible en áreas donde las infraestructuras físicas no llegan, por ejemplo en zonas rurales y escasamente pobladas.

Por otra parte, la migración de la vida social y económica a las redes durante la pandemia, también ha revelado la necesidad real de aplicaciones que requieren de baja latencia (tiempos de respuesta), que hasta ahora solo se percibían como un complemento agradable. Es el caso de la realidad virtual, cuya integración con las aplicaciones de videoconferencia las dotaría de una nueva dimensión de realismo, tan necesaria para hacerlas tan efectivas como las reuniones físicas. De igual modo, las restricciones de movilidad y el aislamiento por cuarentena de las personas afectadas ha mostrado el valor de la atención sanitaria remota, limitada en sus capacidades multimedia por los tiempos de respuesta de la red. El estándar 4G hace impensable implantar estos casos de uso sobre comunicaciones móviles. La extensión ubicua de estas aplicaciones se convierte en otra razón para impulsar el despliegue de 5G.

Si la alta capacidad de sus conexiones y la baja latencia no fueran por sí solas razones necesarias para promover el desarrollo de 5G, el nuevo paradigma de comunicaciones móviles trae consigo también un incremento de la densidad de dispositivos susceptibles de conectarse en un área determinada. La tecnología 5G será habilitadora del internet de las cosas, de escenarios de producción y servicios altamente automatizados que aumentan la distancia entre personas y reducen la posibilidad de propagación de futuras pandemias víricas.

Todo ello nos lleva a concluir que, a pesar del papel clave jugado por las redes en la crisis sanitaria, se han dejado entrever en las infraestructuras de conectividad carencias que justifican las inversiones en 5G en la Unión Europea. Los Estados miembros, sin embargo, han de atender emergencias económicas y sociales que limitan su capacidad de apoyo financiero a su despliegue. El impulso económico del 5G solo puede venir de una acción coordinada desde el ejecutivo europeo. La Comisión Europea ha hecho una lectura adecuada de la situación, proponiendo el Mecanismo de recuperación y resiliencia, que señala como motor de la reconstrucción de la Unión tras la pandemia la transición verde y digital de la que 5G es un habilitador necesario.

Consecuentemente, las facilidades tecnológicas de 5G permitirán incrementar las capacidades de respuesta de la Unión Europea ante futuras crisis sanitarias o de otro origen. Al mismo tiempo, el Mecanismo de recuperación y resiliencia propuesto por la Comisión Europea reserva recursos a la transformación digital de la Unión. Tenemos por tanto una rara combinación de elementos, una tormenta perfecta, para retomar el desarrollo de 5G en Europa. De un lado las razones estratégicas de medio-largo plazo, de otro posibles fuentes de financiación. Aunque pueda sonar tópico, la crisis se ha convertido en la oportunidad para hacer de Europa líder en 5G.

Emilio García García es Expresidente de ASTIC, Asociación Profesional de Cuerpos Superiores de Sistemas y Tecnologías de la Información de las Administraciones Públicas