Una crisis más dura y una recuperación más incierta

Parece evidente que preservar el tejido empresarial con préstamos, avales, suspensiones temporales de empleo y otras medidas es prioritario, así como combatir la pobreza

La actualización de las previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó ayer cargada de negros presagios para la economía mundial. No es en realidad ninguna sorpresa, sino la constatación del devastador efecto económico de una crisis sanitaria histórica: la pandemia del coronavirus provocará una contracción nunca vista de la economía mundial, con retrocesos en todas las regiones del planeta. Y, lo que es peor, la incertidumbre sobre la recuperación crece, no solo porque los daños sobre el tejido empresarial y social son mayores de lo anticipado y la posibilidad de estrangulamientos financieros se acentúa, sino también por el riesgo de rebrotes, la falta de sincronización en la evolución de la pandemia y los cambios estructurales en los comportamientos económicos. El distanciamiento social, el retroceso en la movilidad y el comercio internacional, los costes añadidos por las medidas de prevención y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro están entre los factores que pueden lastrar la recuperación global.

El FMI prevé ahora una caída del producto interior bruto del 4,9% para el conjunto de la economía mundial. El retroceso más brusco corresponderá a las economías avanzadas (un 8%) y dentro de ellas se verán especialmente afectadas España, Italia, Francia, las tres con descensos de más del 12%, y Reino Unido. Son países donde la pandemia ha golpeado con fuerza y que han estado sometidos a confinamientos severos, pero además son economías muy dependientes de actividades especialmente afectadas por esta crisis, como el turismo. Brasil, México y Estados Unidos, los tres mercados con más inversiones españolas fuera de Europa, también se verán duramente afectados, con retrocesos entre el 8% y el 10,5%, de modo que ni siquiera la diversificación regional permitirá a las empresas en esta ocasión minimizar el impacto de la crisis.

No hay precedentes de una situación como la actual y los economistas no tienen claro qué efecto tendrán las medidas adoptadas por las autoridades. Mientras los bancos centrales evitan estrangulamientos financieros y suministran liquidez, sí parece evidente que preservar el tejido empresarial con préstamos, avales, suspensiones temporales de empleo y otras medidas es prioritario. Ha de tenerse cuidado en no retirarlas de golpe. Al tiempo es necesario aplicar programas para prevenir y combatir la pobreza extrema. Las previsiones del FMI muestran que la crisis es más global que nunca. Es hora por ello de apostar por el multilateralismo y la cooperación y no por el nacionalismo y el proteccionismo.