La ofensiva de EEUU para proteger de la epidemia la economía

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, asegura que si no se toman medidas rápidas el paro puede llegar al 20%

La ofensiva de EEUU para proteger de la epidemia la economía

En The courage to act. A memoir of a crisis and its aftermath, Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal (FED) norteamericana explica las medidas valientes que el banco central estadounidense adoptó para que la Gran Recesión (2007-2009) no derivara en otra depresión (1929-1944). En la misma línea, los exsecretarios del Tesoro Hank Paulson y Tim Geithner, publicaron obras en que explicaban las medidas extraordinarias que adoptaron con las administraciones de Bush y Obama, respectivamente, para salvar la economía. Recientemente, los tres publicaron un libro juntos titulado Firefighting: bomberos que apagaron el fuego de la recesión.

En febrero, la economía norteamericana crecía al 2% (PIB) y el desempleo era 3,5%, mínimo histórico en medio siglo. En marzo, como consecuencia de coronavirus, economistas y gobierno estadounidense hablan de posible recesión en el segundo trimestre del año. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, dice que, si no se toman medidas rápidamente, la tasa de paro alcanzará el 20%.

El 70% del PIB estadounidense proviene del consumo de los hogares. Pero, en Nueva York, bares y restaurantes están cerrados; las ventas retail y moda, en febrero, se desplomaron; el índice de confianza y sentimiento económicos de pymes de la Universidad de Michigan de marzo, marca el nivel más bajo en siete años. Los fabricantes de coches (Ford, Fiat-Chrysler, Volkswagen, etc) paran la producción: no se venden coches. En Las Vegas, primero, han cerrado los hoteles de las cadenas Wynn y MGM. El resto del sector ha seguido el ejemplo y The Strip, en Vegas, donde el tráfico es un atasco las 24 horas del día, es una calle. El turismo se ha parado, con hoteles cerrados en todo el país. Las aerolíneas, por la caída del 90% del tráfico aéreo, dicen que quebrarán en tres meses. La meca del cine, Hollywood, se ha parado: primero, la población dejó de ir a las salas de cine; después, los estudios pospusieron el lanzamiento de películas y, hoy, con muchos actores y actrices infectados por coronavirus, la producción de nuevas películas se ha congelado, lo cual afecta a cientos de miles de trabajadores de Los Ángeles (ciudad de 42 millones de habitantes).

El impacto económico del parón económico se cobraría 5 millones de parados y evaporaría 1,4 billones de dólares del PIB. el 23 de marzo, los mercados de valores estadounidenses (y los de todo el mundo) bajaban, con el DJIA por debajo de los 20.000 puntos (-32% respecto a su máximo, en febrero). Petróleo, materias primas, commodities (excepto las naranjas, que tienen vitamina C; no es broma) también caen.

Ante este panorama, las pymes (90% del tejido empresarial americano) tienen un problema de liquidez inmediato y no pueden pagar a sus trabajadores, lo cual deriva en despidos, porque no hay ingresos. A las grandes empresas les sucede otro tanto. El primero en reaccionar ha sido Jerome Powell, presidente de la Fed, que bajó los tipos al 0%-0,25%, “como quería Trump”, aunque en el momento oportuno: si la Fed no hubiera resistido a las presiones de Trump de bajar más los tipos en 2017-2019, hoy se hubiera quedado sin artillería pesada para responder a esta crisis. La Fed, además, va a comprar bonos del tesoro e hipotecarios por importe de 700.000 millones de dólares. Ante la gravedad de la situación, Powell anunció ayer más medidas: una importante expansión de los programas de préstamos que están diseñados para mantener el funcionamiento de los mercados de crédito, ampliando su tipología para incluir ciertos tipos de deuda corporativa y municipal.

La Fed dijo que las compras que aprobó hace una semana “son esencialmente ilimitadas”, y afirmó que compraría 375.000 millones en bonos del Tesoro y 250.000 millones en valores hipotecarios la semana del 23-30 de marzo. También, comprará valores comerciales respaldados por hipotecas emitidos por entidades apoyadas por el gobierno, principalmente deuda en edificios de apartamentos. Habrá más medidas, según avance la crisis.

Trump también actúa. En febrero de 2009, recién jurado su cargo de presidente, Barack Obama consiguió la aprobación legislativa del llamado Recovery Act: 787 billones de dólares que salvaron bancos, aseguradoras, automovilísticas y, con ello millones de empleos. El 10% de ese paquete de ayuda económica se destinó a la digitalización de la economía y, por eso, tras 11 años de ininterrumpido crecimiento económico y creación de empleo, millones de estadounidenses pueden trabajar desde casa.

Trump quiere aprobar un paquete mayor: 1.600 billones de dólares para evitar que la economía caiga en recesión. Unos 500 billones, en dos fases, se destinarán a enviar cheques de 3.000 dólares a cada hogar, medida adoptada por George Bush en 2002 debido a la recesión posterior a los atentados del 11-S de 2001. Otros 500 billones irán destinados a ayudar a las pymes que, de otra manera estarían abocadas al cierre y sostienen el 66% del empleo total estadounidense. Unos 75 billones irán a las aerolíneas y 150 billones a la industria turística para evitar la quiebra. El 22 y 23 de marzo, el paquete de estímulo no fue aprobado en el Senado: los demócratas quieren introducir medidas propias para proteger a los trabajadores, además de a las empresas. Ayer las Bolsas subían el 7% porque demócratas y republicanos negociaban aprobar el paquete de estímulos de Trump. Al escribir estas líneas el acuerdo parecía cercano.

Norteamérica, por su capacidad de generar riqueza, puede endeudarse de nuevo y, en diez años, volver a recuperarse. Y Trump, por imitar a su predecesor, bien podría llamar al paquete de estímulo 'Obama 2.0'

Jorge Díaz Cardieles es Socio Director Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Hillary vs Trump’; ‘Trump, año uno’; ‘Trump, año de trueno y complacencia’