Europa no puede dejar a su suerte a cada país frente al colapso económico

España, Italia, Portugal... deben hacer ver que solos no pueden

Los acontecimientos de salud pública y los de carácter económico demuestran cada día de un par de semanas a esta parte que esta crisis es tan global como la que se desató en 2008 con la ruptura de la burbuja financiera, y que para España tuvo consecuencias corregidas y aumentadas por su descomunal deuda y una actividad construida sobre la base arenosa de la promoción inmobiliaria. La profundidad del colapso actual puede ser tan grave como aquél, aunque si se hacen bien las cosas no debería tener una duración tan extrema. La pérdida de producción que vaticina la Comisión asusta, con caída del 2,5%, comparable con un avance del 1,2% estimado hace solo unas semanas. España siempre ha tenido una pequeña prima sobre la Unión, pero ahora se mostrará también en el derrumbe por el carácter terciario de la economía y la elevada dependencia del turismo y los viajes, cancelados sine die.

Europa, como España o Italia, han admitido que entrarán en recesión; pero sus líderes siguen atrapados en un discurso de daños asumibles, manejando cifras ridículamente modestas de ayudas a empresas y trabajadores, sin entender que se trata de un colapso, de una recesión mayúscula y global que hará un daño descomunal, como los mercados financieros están anticipando con descensos en las cotizaciones que no se vieron con tanta reiteración ni en 2008 y 2009. Alemania, con soluciones domésticas, ha puesto ya más dinero que el resto de Europa junta, en una señal que incorpora también la envergadura de la contracción.

Pero la iniciativa de Alemania (500.000 millones de liquidez gratis para empresas) revela la pasividad que han mostrado las autoridades comunitarias, tanto las políticas como las financieras, cuando más precisa es la unidad de criterio y el uso de todas las armas, incluso las que solo se pueden mentar. Si en la crisis de 2008 Europa reaccionó tarde, y a punto estuvo de costarle el fabuloso invento del euro, ahora le sigue costando tomar el liderazgo. El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, habla de un gran paquete de medidas, con un fondo de hasta 400.000 millones. A ver si es suficiente para dar la vuelta al ánimo de los mercados y las empresas; a ver si es verdad que hace olvidar los fuegos artificiales difusos, como los que la semana pasado tuvieron que rectificar en el BCE tras hablar Lagarde.

Europa no puede dejar a su suerte a cada uno de sus miembros, y menos a los más débiles, si no quiere abrir de nuevo la cacería de los mercados contra los países del sur, tal como el incremento de las primas de riesgo empieza a insinuar. Medidas monetarias y fiscales sin medida para salvar al tejido productivo europeo como si de una sola economía se tratase. España, Italia, Portugal... deben hacer ver que solos no pueden.