DoorDash quiere entregar su OPV sin cancelaciones

El CEO, Tony Xu, pretende sacar a cotizar la plataforma de reparto de comida en plena crisis de salidas de tecnológicas

Tony Xu, CEO de DoorDash.
Tony Xu, CEO de DoorDash.

Son tiempos complicados para la economía, pero si algún sector puede salvarse de la quema es el de la comida a domicilio. La mayor plataforma intermediaria online del mundo, DoorDash, que tiene su mercado en Norteamérica básicamente, quiere salir a Bolsa, en un momento también complicado para las tecnológicas tras el fallido intento de WeWork. Su consejero delegado es Tony Xu (Nanjing, China, 35 años).

Da servicio a más de 4.000 localidades y ofrece una selección de 340.000 establecimientos en Estados Unidos y Canadá. La compañía tiene, según sus últimas rondas de financiación en mayo y noviembre, un valor de más de 13.000 millones de dólares y es el mayor servicio de entrega a terceros de EE UU, con un 38% de cuota de mercado, según los datos de Second Measure. Superó a Grubhub hace un año.

Nacido Xun Xu, cuando él tenía cuatro años su familia se mudó a Champaign (Illinois, Estados Unidos). Su padre había conseguido una plaza para estudiar Ingeniería en la Universidad de Illinois. Su madre tuvo que dejar su carrera de médica para trabajar en un restaurante, en el que Xun lavaba platos. De esa época le queda un estilo de vida austero: aguantó con su moto Honda Accord de 2001 hasta que esta le dejó tirado, hace poco.

Con solo cinco años, Xun decidió cambiarse legalmente de nombre a Tony –­por Tony Danza, protagonista de la serie ¿Quién es el jefe?– para facilitarle la pronunciación a sus compañeros y profesores. Cuando tenía 15, la familia se mudó a San José (California). Xu estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de California en Berkeley, especializado en biología matemática, en concreto en los efectos de la radioterapia en cánceres. Trabajó dos años en McKinsey como analista y otros dos en estrategia corporativa y en desarrollo de negocio de eBay y PayPal

En 2011 hizo un MBA en la Universidad Stanford (California), donde conoció a los otros tres cofundadores de DoorDash: Evan Moore, que ya no está en la firma, Andy Fang (jefe de tecnología) y Stanley Tang (jefe de producto). Tras una breve etapa de Xu en la firma de servicios financieros y pagos móviles Square, y otra en el capital privado Matrix Partners, en 2013 nació PaloAltoDelivery.com (reparto en Palo Alto), que empezó sirviendo a ocho restaurantes de la ciudad de Silicon Valley, pegada a Stanford. En los inicios, eran los propios fundadores los que llevaban los pedidos. Tras pasar por la incubadora Y Combinator, renombraron la compañía como DoorDash (carrera hasta darse en la puerta). Según un exempleado entrevistado por el Financial Times, como jefe Xu es “despiadado”, aunque no “irrespetuoso”.

Vida personal

Xu está casado desde hace siete años con Patty Bao, a la que conoció en la iglesia, y que es doctora en Interacción Humano-Máquina, especializada en aplicaciones multilingües y analítica visual, que ha trabajado como investigadora en Google hasta hace unos meses (en Maps y Android, principalmente). La pareja tiene una hija de dos años, Olivia.

De las tareas domésticas, la que menos le gusta es lavar la ropa: lo hace su mujer. A cambio, él lava los platos, que es lo que más odia ella. Cuando va a dormir, el CEO de DoorDash deja su teléfono móvil en una habitación aparte. Dice que duerme mejor, y se minimiza el riesgo de chequearlo si se despierta de noche. En su oficina no tiene escritorio, lo cual le permite pasar algo más desapercibido en las reuniones de trabajo.

Corre por las mañanas dos o tres veces entre diario, sábados y domingos. También lee, generalmente no ficción, y de temas no tecnológicos. En Linkedin, sigue a la presentadora televisiva Oprah Winfrey, a Satya Nadella, CEO de Microsoft, a Eric S. Yuan, jefe de Zoom Video (software para teleconferencias) y Reid Hoffman, cofundador de la propia Linkedin.

La empresa

Entre los inversores de DoorDash está Alfred Lin, de Sequoia Capital. Y en 2018 consiguió el apoyo de SoftBank –mecenas también de WeWork– en una ronda de financiación que le permitió llegar al estatus de unicornio, es decir, valer más de 1.000 millones de dólares, en 2018.

El año pasado se acusó a la compañía de incluir las propinas a los repartidores para completar el mínimo de ingresos garantizado, en lugar de considerarlas un extra, como ocurre ahora. Por lo demás, está sujeto a las mismas controversias que el resto del sector en cuanto a condiciones laborales de su personal, que trabaja como autónomos, falsos o verdaderos. Xu, que en una entrevista en 2017 afirmaba dedicar el 50% de su tiempo a reclutar gente, dice que obligarles a contratar, como se podría legislar en California, sería “desastroso” para la firma.

DoorDash está en pérdidas: 400 millones de dólares el año pasado. Aunque los números rojos no son raros en el sector, sus rivales le acusan de abusar de ellos. Grubhub suele tener ganancias, con la excepción del año pasado.

La firma registró su OPV, aún sin folleto ni número de títulos que se emitirán ni precio, el 27 de febrero, a la espera del visto bueno de la SEC. Los inversores tienen la mosca detrás de la oreja con las salidas a Bolsa de tecnológicas con pérdidas tras el caso WeWork. Airbnb podría posponer la suya. A su favor tiene que su crecimiento está disparado, en el 30%, pero su rival Grubhub se ha hundido desde septiembre de 2018. Reuters calcula que DoorDash no vale más de 8.000 millones, 5.000 menos que su valor teórico, y que para que la OPV salga adelante tendrá que ajustar mucho su precio.

Tony Xu tiene un reto complicado. No sería la primera OPV que no llega a buen puerto en los últimos años. El problema es quién pagaría el pedido.