Los relatos dirigen los flujos del mercado

Más allá de los momentos puntuales de crash o gran auge, muchos de los movimientos en los mercados comienzan a ser estructurales

Los relatos dirigen los flujos del mercado

A la hora de tomar una decisión de inversión se suelen mirar diferentes aspectos. Por un lado, lo que se conoce como aspectos fundamentales. Esto consiste en analizar las diferentes ratios de una compañía, sector o mercado y ponerlas, a su vez, en contexto con las oportunidades y riesgos que presenta.

Otro aspecto que se debe considerar, aunque muchas veces se olvida, es el técnico. Este se refiere principalmente a los flujos de entrada o salida de dinero que está teniendo el tipo de activo en cuestión. Volviendo a la universidad, y a los principios de economía de Gregory Mankiw, los precios en un mercado se rigen por la ley de oferta y demanda, y esto no es una excepción en los mercados financieros.

Estos días estamos viviendo la evidencia empírica de esto. La propagación del coronavirus está provocando el pánico entre los inversores, que temen que una parálisis económica derive en una gran recesión. Esto les lleva a vender sus acciones para comprar activos seguros, como el bono estadounidense o el yen japonés, que se están apreciando con fuerza en este movimiento de caída. Además, vemos cómo los volúmenes en las bolsas han aumentado mucho y cómo hay altos flujos de salida de todos los activos de riesgo.

Pero más allá de los momentos puntuales de crash o de gran auge que se viven en los mercados financieros, hay muchos de estos flujos que comienzan a ser estructurales. Hoy en día vivimos inmersos en un mundo con multitud de relatos. Estos relatos generan una fuerte demanda por ciertos activos y, por lo tanto, vemos cómo los precios de estos suben.

Así, el relato de los tipos bajos genera una fuerte demanda por las compañías denominadas Growth o de crecimiento. A su vez, genera también una demanda importante por activos denominados income, cuya característica principal es la de flujos de caja estables y previsibles. Tradicionalmente, ese papel lo cumplía la deuda pública, pero con los niveles de tipos de interés tan bajos que hemos tenido estos últimos años, y parece que vamos a seguir teniendo, hemos visto una demanda creciente hacia bonos corporativos de alto rendimiento, deuda subordinada financiera o deuda emergente, ya que los rendimientos son altos. Estos activos han pasado a ser una parte estructural en muchas carteras de inversión.

El relato del ISR (inversión socialmente responsable) es otra temática que ha atraído mucho el interés de los inversores durante los últimos dos años. En este caso, se está generando una fuerte demanda por compañías con políticas de responsabilidad social corporativa fuertes. Las compañías que no cuiden estos aspectos, o las que pertenezcan a sectores conflictivos en términos de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo), pueden ver cómo el interés inversor se reduce drásticamente, lo que penalizaría su evolución futura.

Otro de los relatos que está acaparando mucho la atención de los inversores, y donde está habiendo un gran trasvase de flujos, es el debate entre gestión activa y gestión pasiva. Es una realidad que está siendo tremendamente difícil para los gestores activos generar alfa (retorno por encima del índice) en un entorno en el que la mayoría de los flujos van a parar a unas pocas compañías con un peso relevante en los índices. Su selección de compañías, en las que ven mucho valor, reciben una parte pequeña de estos flujos y, en muchos casos, son flujos de salida precisamente por el hecho de que otros gestores activos se ven obligados a vender debido a los reembolsos que están sufriendo, por lo que el círculo se retroalimenta.

Una característica de los mercados financieros actuales es que muchos de estos flujos ya no son ordenados por personas sino por máquinas. Estas máquinas, o algoritmos, siguen una serie de parámetros preestablecidos que no tienen en cuenta aspectos fundamentales, sino meros niveles de precios o métricas de riesgo (VaR, correlaciones etc.). Esto, ha provocado que en los últimos años se produzca una aceleración de los movimientos a la baja a los que les suele seguir un fuerte rebote, ya que se trata principalmente de un tema técnico puntual. Los inversores que estos últimos años han sido capaces de identificar esos momentos de sobrerreacción y han aumentado el riesgo en sus carteras se han aprovechado del posterior rebote que se suele producir.

Mi conclusión es que los flujos en los mercados financieros son como las corrientes en el mar. Son movimientos difíciles de detectar, pero que tienen más fuerza de la que muchas veces pensamos. Los lectores que veraneen en el norte sabrán a lo que me refiero. ¿Quién no ha entrado a bañarse a la altura de su toalla y ha salido a 200 metros de ella sin ser consciente de ello? Por ello, al igual que en el mar, tengan cuidado al remar contracorriente.

César Ozaeta es Gestor de fondos en Abante