Respuestas multilaterales a dolencias globales

Las potencias deben consensuar políticas monetarias, comerciales, de fiscalidad digital y de contención del coronavirus

Respuestas multilaterales
a dolencias globales

El crecimiento sincronizado de las economías desarrolladas, emergentes y en vías de desarrollo no se logró hasta 2016. El promedio anual de expansión de la economía internacional del 3,6% en 2017-2019 fue sustancial, pero no espectacular. Las guerras comerciales desatadas por Donald Trump desde 2017 han perjudicado a empresas, trabajadores y agricultores de todos los países involucrados.

Aunque EEUU ha ratificado los renegociados acuerdos con Corea y el USMCA y pactado una tregua con China, la incertidumbre provocada ha mermado el ánimo de los inversores. En la última década se ha ralentizado el crecimiento de China, que en 2010 fue del 10% y en 2019 del 6,1%, la tasa más baja en 29 años. Incluso antes del perjuicio inflingido por las guerras comerciales y el coronavirus, el liderazgo de China no había logrado una transición del patrón de crecimiento basado en las exportaciones de manufacturas y la inversión pública a otro cuyos pilares también sean un mayor consumo interno y la producción y exportación de bienes y servicios de sectores como la robótica y la inteligencia artificial.

La población china envejece y una parte de la fabricación de bienes con menor valor añadido se ha trasladado a países con salarios inferiores como Vietnam, Bangladés, Camboya e Indonesia. Nike fue pionero en establecer plantas en China. Pero en 2014 Nike ya contaba con 65 centros de producción y 312.667 empleados en Vietnam. Por todo ello, Trump consiguió concesiones sustanciales de un gobierno chino preocupado por la fuerte desaceleración económica y la revuelta en Hong Kong. El acuerdo de comercio preliminar entre EEUU y China compromete a Pekín a comprar 200.000 millones de dólares de productos agrícolas, energéticos y manufacturas, a abrir su sector financiero a la competencia, no devaluar artificialmente el yuan y proteger la propiedad intelectual. A cambio EEUU redujo los aranceles sobre 120.000 millones de dolares de exportaciones chinas, pero los mantiene entre 15% y 25% sobre 360.000 millones de exportaciones para forzar a Pekín a abandonar sus subvenciones a empresas de alta tecnología.

No se sellará ningún acuerdo adicional antes de noviembre. Pero el liderazgo chino difícilmente encontrará un inquilino más comprensivo en la Casa Blanca después de las elecciones presidenciales. Es improbable que un candidato moderado como el ex vicepresidente Joe Biden, el ex alcalde Pete Buttigieg o la senadora Amy Klobuchar consiga la nominación del partido Demócrata. Donald Trump seguramente derrotará al senador Bernie Sanders, un ex socialista convertido en socialdemócrata. Después de ganar en los primeros tres estados, Sanders dispone de la financiación, organización y apoyo incondicional de su base. Unicamente Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York y octava mayor fortuna de EEUU, cuenta con fondos necesarios para competir con Sanders.

Desde 2019, EEUU ha actuado como locomotora de la economía internacional a medida que la mayoría de las grandes potencias emergentes (China, India, Brasil, México, Turquía, Argentina) han perdido fuelle y Alemania e Italia sufrían reducciones trimestrales de su PIB. La reforma fiscal aprobada en EEUU a finales de 2017 disminuyó la tributación sobre personas y empresas y alentó la repatriación de capital a EEUU. El desempleo ha descendido a su cota más baja en medio siglo (3,6%), la inflación está contenida y los salarios ascienden a un ritmo anual del 3%. En 2019 la Reserva Federal recortó la tasa de fondos federales en tres ocasiones, situándola en 1,5%-1,75%.

El actual ciclo expansivo en EEUU supera los diez años, pero se observan indicios de agotamiento. Los bajos tipos de interés y la amnistía fiscal han propiciado que muchas empresas lleven a cabo compras de sus acciones. Los índices bursátiles han batido récords gracias al comportamiento de las empresas tecnológicas. La capitalización bursátil de las FAAMG (Facebook, Apple, Amazon, Microsoft y Google) supone el 17% del total de las 500 empresas que cotizan en el S&P. Los beneficios por acción de las empresas del S&P se incrementaron un 2% en el último trimestre de 2019 aupados por un aumento del de las Faamg del 18%. Dichas cotizaciones son insostenibles a medio plazo. La capitalización bursátil de Apple (1,27 billones) es equivalente al PIB de Indonesia. EEUU ha amenazado con imponer aranceles a cualquier país que aplique una tasa digital de manera unilateral porque 15 de las primeras 25 multinacionales tecnológicas por capitalizacion bursátil son americanas. La OCDE debe lograr un acuerdo que permitia la tributación de servicios digitales antes de finales de año.

Mientras, la epidemia del coronavirus ha costado la vida a 2.770 personas y contagiado a 81.294. Es esperanzador que 30.359 personas se han recuperado y el ritmo de nuevas infecciones parece ralentizarse. Las cuarentenas son imprescindibles porque el 96% de los casos están aún en China. Sin embargo, el coronavirus avanza más rápidamente que la capacidad de las multinacionales de reajustar sus cadenas de producción. Las comparaciones con el brote de SARS de 2003 son inválidas porque China ahora genera el 16% del PIB mundial y es el segundo mayor importador.

Los inversores esperan que la Reserva Federal recorte su tasa de fondos federales en medio punto en los próximos meses. Pero la Fed no quiere disminuirlos demasiado porque si llega la recesión debería recurrir a tipos negativos. El Banco Central de China proporcionará liquidez por valor de 21.700 millones de dólares a las empresas más afectadas por el coronavirus. Se prevé que el PIB de China crecerá a un ritmo anual del 4% el primer trimestre.

La mayoría de problemas que pesan sobre la economía internacional son de cariz global. Las potencias deben consensuar políticas monetarias, comerciales, de fiscalidad digital y de contención del coronavirus en el seno del FMI, OMC, OCDE y OMS. Hay que poner fin a las guerras comerciales, renunciar a devaluaciones artificiales y pactar una tributación digital a nivel internacional.

Alexandre Muns es analista de economía internacional y profesor de EAE Business School