El discurso de un presidente que ya se ve en su segundo mandato

Las palabras de Trump, que hoy afronta su ‘impeachment’, recordaron a Ronald Reagan por el optimismo y las alusiones a los éxitos económicos

El discurso de un presidente que ya se ve en su segundo mandato

Donald Trump dio ayer su tercer discurso sobre el Estado de la Unión, exactamente un día antes de que el Senado deba decidir si continúa con el impeachment. El presidente no citó el impeachment; el suyo fue un discurso de reelección. La encuesta de Gallup previa a su intervención le otorgaba su mejor índice de aprobación (+49%) en tres años de presidencia. El 50% afirma no estar de acuerdo con su gestión, pero el 67% aprueba su gestión económica.

La intervención del presidente, que citó a Dios muchas veces a lo largo de su discurso, tuvo cierto sabor a Reagan, porque transmitió optimismo. Como con Reagan, la economía ha crecido (una media del 2% del PIB) y se ha reducido la tasa de paro hasta su nivel más bajo en 50 años: el 3,5%. Mujeres, negros, hispanos y asiáticos tienen hoy más empleo que nunca. Los salarios han aumentado (+16%) en tres años. Las Bolsas se han revalorizado (+60%) desde 2017.

Fue un discurso extenso, durante el cual Trump tuvo que hablar rápido y con tono serio para poder incluir tantos datos como expuso. Además, su intervención abarcó casi todos los temas posibles, apelando tanto al electorado conservador como al centrista. La economía, el empleo y los salarios, cuya evolución ha sido positiva, fueron objeto de extensa explicación en forma de logros. Aunque criticó la política económica anterior, es obvio que al hablar de “la expansión económica más larga de América” necesariamente incluye los ocho años de Obama y los tres de su propio mandato. Obama puso los fundamentos y Trump ha construido sobre ellos.

Sanidad, inmigración, seguridad nacional, Oriente Medio, etc, fueron temas que tuvieron cabida en el discurso del presidente, explicados desde su perspectiva que es opuesta a la demócrata. En año electoral, Trump no habló apenas de 2019, sino del balance positivo de su presidencia. En esto, Trump fue Trump: la primera persona (yo) encabezó todas las frases que elogiaban sus logros. Aquí no hay paralelismos con Reagan, que prefería discursos con ideas inspiradoras para motivar al votante. Trump habló como el CEO de una multinacional que presenta resultados ante sus accionistas. Fue un informe de gestión.

El presidente actuó como un showman y, ante cada logro (somo si fuera Oprah Winfrey) introducía una sorpresa: un militar que –tras mucho tiempo sin ver a su familia por estar destinado en Oriente Medio–, estaba entre el público y reencuentra a los suyos. La niña brillante en el colegio que se había quedado sin beca y se entera en el Congreso de que puede continuar sus estudios; el periodista conservador con cáncer que recibe la medalla presidencial...

Trump dijo que su presidencia había sido “la de los blue-collar workers”. Antes desaparecían miles de fábricas; ahora se crean; antes las empresas se iban a mercados emergentes para fabricar; ahora vuelven a América. La bajada de impuestos de 2017 benefició “al 50% de la parte baja del intervalo”, es decir, a las rentas menores, por reducir un 60% su factura fiscal.

También dejó claro que que no va a permitir que el socialismo controlara América. Según Trump, los demócratas quieren educación y sanidad universal públicas acabando con los seguros médicos privados que cubren a 180 millones de ciudadanos. También está en peligro la libertad religiosa, dijo, por la imposición demócrata, que también quiere acabar con el derecho a tener armas. Los demócratas respaldan el aborto en la etapa final del embarazo. El presidente prometió libertad religiosa, derecho a las armas, libertad de elección en educación y en sanidad y acabar con los abortos durante la recta final del embarazo.

El cumplimiento de las promesas electorales de 2016 se llevó buena parte del discurso: control de la inmigración no deseada (“delincuentes, violadores, asesinos y vendedores de droga”, enumeró Trump), frente a la fuerte reducción de dicha inmigración “desde mayo pasado a hoy” gracias a los mayores controles policiales en la frontera sur y la parte ya construida del muro. También el haber acabado con NAFTA y sustituirlo por USMCA, un acuerdo comercial que mejora –a favor de EE UU–las relaciones comerciales con México y Canadá y que ha tenido la bendición de los sindicatos mayoritarios.

El presidente se refirió también al reforzamiento de las fuerzas armadas: más presupuesto (el equivalente a dos veces el PIB español), la creación de la Fuerza Espacial, sexta rama de las FFAA; la distribución de los costes de defensa entre los aliados, sean los miembros de la OTAN o Japón y Corea del Norte, que han pagado 400 billones de dólares (antes no pagaban nada) para que EEUU garantice su seguridad. En política exterior, aludió a la justificación del ataque contra el general iraní y a una mano tendida a Irán para recibir ayuda económica si renuncia a su programa nuclear; a la retirada de tropas en Oriente Medio; al haber acabado con ISIS y su líder y su propuesta de paz para Oriente Medio.

De acuerdo o no con Donald Trump, lo cierto es que apeló a sus votantes (hoy, un bloque unido en torno al partido republicano, que sigue al presidente) y los a norteamericanos que piensen que los demócratas, con mayoría de candidatos en cabeza, de ideas de izquierdas (frente al centrismo de Clinton y Obama), traicionan el ADN americano.

Trump acabó como al principio: “Make América great again”, confiado en que el Senado parará hoy el impeachment. Mientras, en Iowa, con el 71% de los votos escrutados, los demócratas no saben quién ha ganado –encabezan Buttigieg y Sanders– y, pasando página, se van a New Hampshire.

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Hillary vs Trump’, ‘Trump año uno’ y ‘Trump, año de trueno y complacencia’