La frontera del arte: cómo cumplir la ley

Cualquier bien artístico con más de 100 años necesita un permiso para salir de España. Cultura aprueba la mayoría de las autorizaciones, pero Jaime Botín no la obtuvo

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"Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista”. La cita es atribuida al reconocido pintor español Pablo Picasso. Tomarse algunas palabras de manera literal puede ser, en ocasiones, peligroso, al igual que puede serlo romper ciertas reglas. Precisamente, una de las obras del artista malagueño, Cabeza de Mujer Joven, es la protagonista de la batalla judicial más reciente en España relacionada con el mundo del arte. El expresidente de Bankinter Jaime Botín se enfrenta a una acusación de contrabando de la citada pieza, en un juicio que este viernes quedó visto para sentencia.

El cuadro ‘Cabeza Joven­ de Mujer’, incautado en el barco de Jaime Botín en Córcega.
El cuadro ‘Cabeza Joven­ de Mujer’, incautado en el barco de Jaime Botín en Córcega. Agencia Efe

La Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico, organismo dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte, encargado de valorar si una obra se puede sacar de España o no, declaró en diciembre de 2012, y de manera cautelar, que la pieza no puede salir del país. Desde ese momento quedó prohibida su salida de las fronteras españolas, a la espera de ser catalogado como Bien de Interés Cultural. Para justificar esta decisión la Junta alegó que “no existe una obra semejante en territorio español”.

A pesar de ello, en julio de 2015, Jaime Botín tenía la intención de que el cuadro viajara a Ginebra, escondido en la bodega de Adix, el velero de su propiedad, que en esta travesía solo llegó hasta el puerto de Calvi, en Córcega, lugar en el que la obra fue intervenida por las autoridades aduaneras francesas, ante la falta de autorización administrativa para su salida de España.

Las consecuencias legales de una acusación de contrabando no son baladíes. En este caso, la fiscalía ha solicitado una condena de cuatro años de prisión y una multa de 100 millones de euros para el acusado. Además, una sentencia en contra supondría para Botín la pérdida de la propiedad del Picasso valorado en 26 millones de euros, y actualmente está bajo custodia en un cuarto del Museo Reina Sofía de Madrid.

“Aquí no se trata de un problema de propiedad intelectual, se le acusa de sacar un bien del patrimonio español”, comienza explicando el abogado especializado en propiedad intelectual Ignacio Lázaro. “Si el bien tiene un valor superior a 50.000 euros constituye un delito de contrabando, la cuestión entonces está en discernir cuándo es un bien de patrimonio histórico español y cuándo se necesita la autorización para exportarlo”, aclara Lázaro.

Según detalla la abogada especialista en mercado del arte y patrimonio en Ramón y Cajal Abogados, Laura Sánchez Gaona, existen tres tipos de bienes protegidos por la ley española de Patrimonio Histórico, que requieren de un permiso especial si se pretenden sacar del territorio. El primero de ellos se refiere a aquellas personas que quieran mover fuera de España Bienes de Interés Cultural. El segundo afecta a obras que formen parte del Inventario General de Bienes y Derechos del Estado; y, por último, aquellas que tengan una antigüedad superior a los 100 años. Todas ellas están obligadas a pedir un permiso de exportabilidad ante la Junta de Calificación, independientemente del valor de la obra.

A partir de 50 años de antigüedad también se necesita autorización, pero ya entran en juego otras variables, como el valor, el tipo de obra o si va dirigida a un país miembro de la Unión Europea o a otro de fuera de ella. También, en función del criterio del país de destino de la obra, se aplican o no tasas a la exportación. Si el país es extracomunitario, el impuesto aumenta de forma progresiva hasta llegar al 30%, en el caso de que el valor de la obra supere los 600.000 euros.

Las licencias de traslado están en vigor durante un año y los peticionarios tienen la posibilidad de solicitar tres permisos diferentes: uno de salida permanente, otro de salida temporal, con posibilidad de venta, y el tercero, de exclusivamente salida temporal, el que emplean los museos cuando organizan exposiciones. Fuentes del Museo Thyssen-Bornemisza aseguran que el proceso, aunque laborioso, es sencillo, y refieren que nunca se ha rechazado una de sus solicitudes. Los datos proporcionados por el Ministerio de Cultura apuntan en esta dirección: en 2018, solo 78 peticiones fueron denegadas, frente a las 14.835 aceptadas por la Junta. El 84% de las solicitudes otorgaba un derecho de venta, mientras que el 16% restante solo de traslado. Si una petición es denegada, empiezan los problemas, añaden expertos del sector.

“Al pedir la solicitud de exportación se debe valorar el bien y si te la deniegan, el Estado tiene un derecho durante seis meses de pagar la valoración y quedarse con la obra de arte”, asevera el abogado especializado en derecho del arte Luciano Delgado. El también experto en este mismo campo Rafael Mateu enfatiza que el problema viene sobre todo porque el Estado no suele ejercer ese derecho y, a pesar de ello, mantiene el veto sobre la exportación, hasta que la comunidad autónoma pertinente estudie si la obra puede ser declarada Bien de Interés Cultural o no.

“Lo más duro de esta Ley es que el Estado pueda impedirte casi definitivamente que el bien salga de España, que no lo compre y no te dé una alternativa, entonces el propietario se encuentra en una situación muy dura”, afirma Mateu, quien destaca que en el mercado nacional de arte algunas obras no se venden. “Si hablamos de una pieza de precio alto no hay compradores por lo tanto si no se vende fuera no se vende en ningún sitio y entonces vuelve al salón del propietario, dónde no la ve nadie”, lamenta.

El fundador de la galería WeCollect, Enrique del Río, califica de “barbaridad” el funcionamiento actual del sistema. Y critica el hecho de que si no se pueden sacar a los grandes maestros fuera de nuestras fronteras, sus obras no se valoran de la misma forma. “Hay algunos que por supuesto que sí, como Velázquez o Goya, pero si estas obras salieran y batieran récords en las subastas, después de ellos, el interés iría hacia los artistas de sus escuelas”, opina.

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